POV Narrador
Esto no debería pasar.
Todo menos esto.
Aizawa y los niños estaban acorralados. Éstos últimos no hacían más que llorar en silencio.
Pueden llevarse lo que quieran, pero no les hagan daño. - los hombres se acercaron con una sonrisa burlona.
Solo vinimos por los niños, aprenden rápido y serían buenos soldados. - habló el de alas blancas. - A no ser de que tengas un... mejor intercambio. - volvieron a mirarlo de arriba para abajo.
Eres solo un gato. - jaló sus cabellos para atraerlo a ellos y él trataba de soltarse. - Fácil entre los dos te entrenamos. - rieron.
Les lanzó una mirada y antes de que puedan decir o hacer algo, usando sus colmillos, mordió con mucha fuerza su antebrazo, haciendo que lo soltara. - ¡Maldita sea! - se quejó y vio la marca rojiza. Unas cuantas gotas de sangre cayeron.
Niños, girense y tapen sus oídos. No se muevan hasta que les diga. - aprovechó para hablarles ya que estaban concentrados en la herida. Le hicieron caso y miraron al muro.
Tendremos que ser estrictos contigo gatito. - ambos tenían armas de madera y se pusieron en posición para atacar. Aizawa tomó dos adornos de piedra que habían en el suelo he hizo lo mismo.
Empezó una pelea de forma agresiva. El azabache se encontraba en un enfrentamiento con uno y detrás tenía al otra a la defensiva.
Recibía golpes y cortes en la espalda y rostro. Él no se quedaba atrás. Con los adornos les dio varios golpes, llegando a romperles la nariz y dislocarles el hombro. También daba patadas en sus estómagos, dándose tiempo de descanso cuando se alejaban.
Prácticamente era algo injusto un dos contra uno, pero las mentes simples de éstas águilas hacían que fuera todo más fácil, puesto que, solo atacaban por atacar y no tenían la misma inteligencia de Shouta, quien agarraba puntos débiles. Lo único que se le hizo un problema fue, tener los daños de la explosión previa en su cuerpo, creando así una desventaja.
Listo. - uno jaló su cola, lo puso contra la pared y apretó su mano en su garganta. Le faltaba el aire y trataba de soltarse como podía.
Con las pocas fuerzas que le quedaban lo empujó con sus piernas y cayó de rodillas mientras tosía.
Si que eres duro de matar. - el que estaba en pie caminó hacia la pared. - A ver si así te pones más flexible. - levantó a Jirou y parecía que se iba a desmayar del miedo. No dejaba de gritar para que la suelte.
J-Jirou.. - tosió mirando la escena.
En la mano del hombre se veía como una sombra extraña. Estaba usando la magia prohibida.
La sombra envolvió a Jirou y la elevó hasta el techo de la casa.
Si la dejo caer, ¿Tú crees que rebote? - preguntó mirando a su compañero, quien ya se había levantado.
No podía pensar con claridad, la cabeza le daba vueltas. En pocos segundos estaba viendo algo opaco y cuando levantó la cabeza las águilas fueron tomadas por sorpresa.
Uno de los adornos había sido lanzado a la cabeza de uno de ellos, dejándolo inconsciente.
¡¿Qué mierda?! - levantó su otra mano, ignorando el dolor de su hombro, activando la misma magia en su dirección, pero antes de que pudiera hacer algo Shouta se le lanzó encima y lo atacó con otro adorno. Lo último que vio el ave fueron los ojos rojos del felino.
Ahora ambos estaban tendidos en el suelo.
¡Shouta! - gritó la niña de pelo corto que ahora estaba cayendo de las alturas.
El azabache saltó lo más alto que pudo y la atrapó en el aire.
Te tengo. - murmuró mientras se aferraba a él. - Ya pueden girarse. - le habló a los otros, bajó a Jirou y no dudaron en abrazarse con miedo.
No salieron aún porque no querían arriesgarse de más.
Aizawa se quedó un momento con el resto en una esquina y escucharon un sonido que venía de la puerta.
A todos se les erizó la piel y el mayor se mantuvo alerta.
No se alejen. - se levantó como pudo, agarrando las armas de los inconscientes y caminó con prudencia. La puerta se abrió y pudo respirar tranquilo de nuevo. Era Hizashi.
¡Shou! - corrió hacia él y el más bajo se aferró a su novio por el cansancio.
El rubio no sabía que decir. Ver a su amado así de lastimado lo llenaba de rabia. - Hay tanto caos que me demoré. Lo siento mucho, pude haber hecho algo. - primero vio sus manos con moretones, la gran marca en su cuello y después su rostro. - Por el Dios tu ojo. - Aizawa lo abrió y no le sorprendía no ver por ese lado. Estaba lleno de sangre y ya no tenía arreglo.
Hizashi rompió una tela del sofá y le limpió un poco el rostro.
Pudo haber sido peor. - mostró una débil sonrisa y se lo llevó a donde estaba antes para que se sentara. - Tenemos que encontrar una forma de salir de la villa y rápido. - miró a los dos matones.
Hay que esperar un poco más. - dio esta idea puesto que el felino casi no se podía levantar.
Hizashi no soltaba su mano por nada del mundo.
A lo lejos escucharon unas voces y el más alto levantó la mirada para ver de quienes se trataban.
¡Chicos! - sus tres amigos entraron a la casa y corrieron hacia ellos. Aizawa quiso levantarse, pero los dolores en la espalda eran insoportables así que se quedó quieto.
¿Están bien...? - Nemuri se acercó y cuando vio la escena se puso en frente de Shouta. - D-Déjame ayudarte... - vio los golpes y se puso demasiado nerviosa.
Nem, tranquila. Necesitarían más que esto para matarme. - rió levemente para quitar algo de tensión. - ¿Puedes hacer algo?
No soy doctora, por ende no puedo hacer desaparecer todas las heridas. - lo revisó. - Solo puedo quitarte el dolor para que puedas moverte con facilidad. Dura solo un día, pero es más que suficiente. Después te llevaremos con un profesional. - asintió y Nemuri activó su magia. En sus manos se veían lo contrario a sombras, eran como brillos morados.
Puso ambas manos en su cabeza, se concentró cerrando los ojos y recitó algunas palabras. - Con esto ya deberías moverte. - lo soltó y Aizawa pudo levantarse. Se sentía como antes del enfrentamiento, a pesar de su apariencia.
¿Cuál es el plan? - preguntó Emi mirando al resto.
Su objetivo es llevarse a los niños. - murmuró el azabache. - Solo debemos sacarlos de la villa como podamos.
Ambas salidas estaban algo cubiertas cuando entré. - dijo Oboro. - Necesitamos una vía alterna.
Podríamos ir por los callejones. Así fue como evite las peleas. - agregó Hizashi y todos aceptaron esa idea.
Primero vieron a sus alrededores y rodearon la casa escoltando a los niños entre ellos.
Se quedaron en un extremo del callejón porque en frente había una pelea de los soldados del mar y las águilas.
¿Ahora? - Emi se giró y se miraron entre si. - A este paso nunca llegaremos.
Alguien puede quedarse acá con ellos y que los otros ayuden a despejar el camino. - respondió Aizawa y era la mejor idea que tenían así que la aplicaron.
Emi se quedó con todos en el callejón y los otros cuatro jóvenes salieron.
¡Shirakumo! - uno de los soldados se percató de sus presencias. El recién mencionado se giró y alcanzó un arco, varias flechas y un martillo. - Tu padre les manda esto. Espero que con les sea más fácil. - le dio el arco a Hizashi y el el martillo a Aizawa.
¿Vas a estar bien princesa? - la miró y en sus brazos aparecieron dos círculos.
Primera clase de magia: defensa, ¿Ustedes estarán bien? - todos sonrieron.
Perfectamente. - hablaron al mismo tiempo.
