¿Acaso dije que iba a ir a una fiesta con él? Espera, dijo reunión, entonces es algo formal. Mierda, no tengo nada que ponerme. Tal vez si es que…. Cogí mi teléfono y marqué rápidamente a la única persona capaz de ayudarme en una situación como ésta. Sonó tres veces hasta que por fin contestaron.
-¿Me harías un pequeñísimo favor? –le supliqué a Andrea. Andrea es mi mejor amiga, nos conocemos desde hace tantos años que entre nosotras no hay un límite de confianza.
-Morirías sin mí, ¿lo sabías? –Era verdad aunque me cueste admitirlo. Soy una persona que no le gusta depender de otra. -¿Por qué no has respondido mis mensajes?
-Yo sé que me extrañas y todo –me reí –Pero en serio necesito ese favor, de urgencia.
-Cuéntamelo. –Al ser mi mejor amiga, sé que no le iba a bastar un simple “préstame un vestido”. Le tuve que contar todo lo de Noah, cómo lo conocí y esas cosas hasta llegar a la famosa reunión que es en… tres horas. –Entonces, me dices que un muchacho, guapo por cierto, quiere que vayas a un lugar porque quiere…Por fin hay algo interesante en tu vida.
-Supongo –dije con cierto recelo. Mi vida es tranquila y ya, no necesito de aventuras.
-¿Entonces qué esperas para venir a mi casa? Te queda como a 15 minutos del hotel.
-¿Si me ayudas? –se me salió una enorme sonrisa.
-Claro, soy tu mejor amiga, me toca. –Y, al conocerla tan bien, sabía que ella había guiñado el ojo.
-Gracias, serás bendecida y esas cosas.
-Lo sé, pero muévete. –y colgó. Cuando por fin deje de estar agradecida de tener una amiga tan leal, me di cuenta que seguía afuera del apartamento de Noah por lo que rápidamente fui hasta el ascensor con el carrito. Marqué el piso uno para dejar el carrito. Salí algo apresurada ya que sabía que tendría que moverme si quiero ir algo presentable. Al dejar el carrito, me topé con una de las gerentes del hotel, Miriam creo que se llama.
-¿Y? ¿Qué tal el trabajo? –Recordé que deje limpio únicamente la sala y el comedor y bueno, el dormitorio pero eso fue Noah.
-Bien, todo en orden. –mentí. Espero que nunca se den cuenta.
-Maravilloso, ya puedes retirarte.
-Gracias.
-Para la próxima, trata de tomar menos tiempo, ¿sí? Normalmente una mucama debe de estar por cuarto solo treinta minutos y tú te has tomado dos horas. No siempre vas a tener turno de un solo habitación. –bajé la cabeza.
-Lo sé, mi error.
-Que no se repita. –y ¿Miriam? Se fue por lo que rápidamente baje hasta donde se encontraba mi camioneta y en unos quince minutos, tal como dijo Andrea, llegué a su casa. Me parqueé en su parqueadero ya que no tenía carro y de una, con mi llave que me dio en caso de que algún violador/ladrón entre a su caso, abrí la puerta y fui hasta su cuarto dejando a un lado la maravillosa decoración de su casa. Todo en tonos azules con blanco mostrando bastante clase, por así decirlo. Al llegar a su cuarto me encontré con una Andrea sacando vestidos de su armario y poniéndolos en su cama y debajo de cada vestido ponía diferentes zapatos que combinan.
-Me gusta este, pero sé que a ti no. –Tenía razón, era un verde sin tiras y con muchos abultados en la parte baja. Wacala. A ella le quedaría bien ya que haría juego con sus ojos verdes y con su marrón cabello.
-¿Por qué no este? –Señalé a uno negro que, seguramente, me llegaría sólo hasta más arriba de la rodilla. –No, no puede ser. El evento es formal.
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Olvídame, por favor
Teen FictionNoah, un muchacho de 22 años, cuenta con una vida cómun para cualquier muchacho de su edad, chicas, fiestas y todo siempre con la compañia de su mejor amigo, Joseph. Pero todo esto cambia al conocer a Isabella accidentalmente en una casa abandonada...