Capítulo 9

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-¿Pero qué haces? –volví a mis sentidos apartándome bruscamente de Noah. Él me quedo viendo incrédulo de lo que acababa de hacer. -¿Cuál es tu miserable problema? –Yo sí que estaba enojada. De acuerdo, era obvio que una situación como esta se podría presentar pero no. No voy a ser una fácil. Él sólo se alejó de mí y se apoyó en el mesón de la cocina, estaba a punto de abrir la boca cuando mi teléfono suena. Gracias a Dios. Vi mi celular. Tía Amy. Mierda. Le levante mi dedo índice a Noah en señal de que guarde silencio.

-¿Hola? –dije algo tímida

-¿Dónde estás? ¿Se alargó tu turno? –sonaba demasiada preocupada e instantáneamente me sentí culpable.

-Algo así. Por favor, no me esperes despierta.

-¿Cómo? No, yo te espero.

-Tía. –Supliqué –es una emergencia. No me esperes despierta porque no llegaré a dormir. –Escuché un grito ahogado de mi tía. Vi por un momento a Noah y note cómo alzaba ambas cejas y se tocaba los labios con los dedos de la mano derecha. No, no, no. No me refiero que dormiré con él.

-¿Estás loca? Dime dónde estás. –Le hice una seña con el dedo a Noah para que se le quitara la idea de la cabeza. Él sólo levanto ambos hombros y las manos como en señal de rendición. Idiota, pensé.

-Dormiré donde Andrea, ya la conoces. –Toda mi familia la conoce. Noté cómo Noah me dejó de prestar atención y fue a la cocina por un vaso de agua.

-¿Ella es la emergencia? –Noté que se relajó.

-Sí –mentí.

-Está bien, a penas te despiertes mañana, me llamas. –Típico de mi tía, cualquiera diría de “mis padres” pero los míos son más ausentes.

-Claro, te quiero. –colgué. De repente sabía que debía llamar a Andrea para que si mi tía le llama diga que estoy ahí. Si estaré ahí pero después de toda la bendita reunión. Llamé a su celular y después de unos cinco minutos, Andrea ya se sabía el plan y me iba a respaldar con la condición de que en serio llegue a su casa máximo hasta las tres de la mañana o sino hace un escándalo por secuestro. Si, ella es la loca contagiosa.

Después de dejar todo planeado, me fijé que Noah me miraba fijamente como evaluando cada uno de mis movimientos.

-¿Qué? –dije al ver que me miraba frunciendo el ceño.

-Esa espalda muestra demasiado. –Llevé una mano hasta mi espalda, descubierta gracias al vestido.

-¿Y? –me encogí de hombros.

-Vas como mi cita.

-Acompañante. –aclaré con un poco de rubor en las mejillas

-Invitada. –finalizó nuestra pequeña discusión. –Debo advertirte que un montón de hombres estarán atrás tuyo por esa espalda. -¿Celos? Reí para mis adentros.

-¿Eso que noto son celos? –pregunté divertida.

-No. Sólo es que si te invité es para que pases conmigo y no con un montón de aficionados.

-Eres raro.

-¿Por? –Lo dejé algo perplejo.

-¿Sabes? Voy cuatro a seis. –Sonreí.

-Es verdad me ha dejado algo pensativo con su acusación. –caminó hacia mí pero se detuvo a una distancia prudente. –Pero si recuerdo te hice sonrojar dos veces desde que entraste por mi puerta así que vamos: Ocho a cuatro. –Me sonrió –Cualquiera diría que su kryptonita es el cortejo.

Olvídame, por favorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora