Epílogo

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Epílogo dedicado a: FuriusX13 y a AngieGianellaFlixDio


Dos años y medio más tarde...

Ese día, en el aeropuerto, no regresamos.

Ambos fuimos valientes al correr tras el otro, pero también fuimos valientes al reconocer que ambos cometimos errores, él mío no ser sincero cuando se necesitaba, el de ella no escuchar mis explicaciones.

Pero apesar de todo, fuimos valientes por qué no huimos.

No corrimos cuando el amor amenazaba con extinguirse.

Sin embargo reconocimos y aceptamos que ambos teníamos que seguir con nuestras vidas y eso hicimos.

— ¿Y por qué tengo que comprarlo? — Comenté con cansancio.

Por qué amas. — responde atraves del teléfono. Ruedo los ojos y rió.

— Cuánta seguridad. — me burló. — pero si tú lo dices. Ahora estoy entrando en la joyería. — informó mis movimientos. Para que vea que si le hice caso. — ¿Oro o plata? — pregunto mientras me acerco a la vitrina, una señora  mayor me observa atenta.

Oro. Es más elegante. — se decide. Yo suelto una carcajada. — ¿Por qué te ríes Sebastián?

— ¿Desde cuando eres elegante? — me burló. Casi la puedo ver rodando los ojos y mirarme con odio. — Me da ese. — le digo a la señora que atiende el local.

¿Lo compraste?

— En eso estoy.  ¿Que quieres que lleve para comer?

— Son 2 Mil dólares. — dice la señora, apoyo el celular entre mi hombro y mi oreja, para sacar mi billetera.

Se me antojan unos tacos. — habla con emoción. Le entrego el dinero a la señora.

— ¿Me puede dar una de esas cajitas? — señaló la vitrina de atrás, ella se aparta y me deja elegir. — la rosa. — me lo entrega, junto con el collar.— ¿Solo tacos? — vuelo a la llamada.

Tomo el teléfono en mis manos, mientras tomo la bolsa con la joyería y me doy la vuelta dispuesto a salir.

— Gracias por su compra. Vuelva pronto. — escucho decir a la señora a mi espalda. Pero yo ya estoy en otro mundo.

Escucho la voz de la chica llamándome por el teléfono, pero la ignoro, por qué por la puerta del local de enfrente está saliendo ella.

Mi corazón late como loco dentro de mí pecho, una corriente eléctrica me invade cuando sus ojos topan con los míos y cuando me sonríe, siento paz. Aún no entiendo cómo me sigo sintiendo así, si ya han pasado los años, se supone que por lo menos me debería acostumbrar, pero no, el sentimiento es intenso, incluso más que la primera vez.

— ¡Hola, Sebas! — Me saluda y cuando llega a mí me abraza. Yo la mantengo junto a mí, su dulce aroma me invade.

— Hola, Martina. ¿Que haces aquí? — preguntó cuando nos separamos.

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