ヅ E N E M I S I Ó N
◡̈ ;; ❛ 𝗠𝗶𝗻𝗵𝗼 𝘆 𝗝𝗶𝘀𝘂𝗻𝗴, 𝘂𝗻𝗮 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝘂𝗹𝗮𝗿 𝗽𝗮𝗿𝗲𝗷𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝘀𝗮𝗱𝗼𝘀: 𝘂𝗻 𝗵𝗶́𝗯𝗿𝗶𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗴𝗮𝘁𝗼 𝘆 𝘂𝗻 𝗵𝘂𝗺𝗮𝗻𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝗼𝗯𝗿𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗹𝗼𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲𝘀𝘁𝗶𝗻𝗼, 𝗹𝗼𝗴𝗿𝗮�...
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— ¡Quinientos wones en pañales!, ¡cien wones en un maldito biberón más la fórmula!, ¡doscientos wones en una puta cuna!
Han exclamó alterado, mientras Minho solo mantenía su cabeza recostada en sus manos, con sus brazos apoyados en la mesa.
— ¡No podemos pagar todo eso, es absurdo! — el menor aventó bruscamente los papeles a la mesa.
— Pero... — el mayor llevó su mano sobre la contraria — es nuestro bebé, amor.
—Entonces reemplacemos los pañales por toallas, la leche se la damos en una botella y que duerma en nuestra cama — el híbrido sonrió — ¡además, los primeros seis meses se va a amamantar!
Minho rio a carcajadas ante las palabras de su esposo.
— Amor no podemos reemplazar los pañales por toallas. No va a poder tomar en botella, además le puede hacer daño. — el más alto suspiró — Y, si duerme en nuestra cama, va a quedar hecho papilla.
El más bajo sonrió con ternura y Jisung asintió lentamente.
— Entonces que se amamante hasta que pueda comer comida normal — Minho negó.
— Amor, no voy a poder amamantarlo por todo ese tiempo — Lee rio fuertemente, mientras su esposo solo bajaba la cabeza y la recostaba en la mesa.
— Bebé, no podemos, es mucho — en ese momento el de cabellos turquesa hizo un puchero.
— No es mucho, solo es... — él rio nervioso — o-ochocientos wones.
— Además de la ropa, los juguetes y todo eso — el mayor infló sus mejillas y miró hacia abajo — que nos da un total de cuatro mil wones aproximadamente.
El más bajo asintió lentamente y suspiró, mientras se paraba de la mesa e iba hacia su marido, llevando su zurda al cabello castaño del menor y acariciando muy suavemente.
— Es nuestro bebé, amor — el más alto exhaló lentamente — debemos cuidarlo mucho y quererlo.
— Lo sé, corazón, pero es difícil — Han palmeó su regazo, haciendo que Minho se sentara allí y le rodeara el cuello con su brazo derecho — es mucho dinero y va a costar.
— Ya entiendo... — Lee bajó su cabeza, apenado, con un puchero — no lo quieres.
— No digas eso, cielo — el castaño llevó su brazo derecho a su mejilla, acariciando con su pulgar delicadamente — yo lo amo demasiado, con toda mi alma — él acarició el vientre del mayor, dando mimos a su hijo allí adentro — solo digo que nos va a costar un poquito.
El más bajo sonrió plenamente y aplaudió, dejando que su esposo dejara besos en sus mejillas.
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