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El pasatiempo favorito de Athena, era ser la fan número uno de su hijo sin importar lo que hiciera. Por eso esa mañana, el atractivo principal de su atuendo era un jersey del equipo de fútbol en el que jugaba Oliver, en la espalda tenía su número y su apellido. Llevaba vaqueros de mezclilla y zapatillas deportivas, una sorpresa para todo aquel que la conocía, ya que era muy común verla en conjuntos formales o semi formales gracias a su trabajo.
—Mamá, no hace falta que la uses — dijo Oliver, observándola desde el marco de la puerta de su habitación.
La castaña se dio media vuelta para mirar a su hijo. Estaba listo, cambiado y con la maleta de entrenamiento colgada del hombro.
—¿Cómo que no? ¿Entonces como sabrán a quien voy a apoyar? — tomó su bolso de la cama, una sudadera de las tantas que le había robado a Chris y luego la mano de su hijo para por fin salir.
—¿Estás bien, cariño? — preguntó Isabelle una vez que abordaron la camioneta y pudo ver la carita preocupada de su nieto a través del espejo retrovisor.
Oliver dejó escapar un suspiró apenas audible.
—Sí, es que... el equipo contra el que jugamos hoy, nos ganó 3 juegos la temporada pasada.
—Cielo, pero han entrenado muy duro para eso — Athena le dedicó una breve mirada también, antes de volver la atención al camino — Tranquilo, estoy segura de que están muy bien preparados.