17 | No es justo

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Athena jamás se había detenido a dimensionar lo mucho que había cambiado su vida en el último año, hasta que se encontró fuera del Colegio de Oliver y lo vio salir de la mano de Chris, con una sonrisa enorme plasmada en la cara

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Athena jamás se había detenido a dimensionar lo mucho que había cambiado su vida en el último año, hasta que se encontró fuera del Colegio de Oliver y lo vio salir de la mano de Chris, con una sonrisa enorme plasmada en la cara. 

Para ser honesta, no estuvo tranquila ni un solo minuto después de que ambos se marcharon de su casa. A veces los padres de familia llegaban a ser peor de imprudentes y rudos que los hijos y Chris era como el nuevo juguete que todos querían utilizar. Como el chico popular del instituto del que todos querían obtener algo. Lo cuál era preocupante, si tomaban en cuenta que la mayor parte del día, su novio estuvo a merced de esas personas en un entorno que para él era desconocido. 

No obstante, a juzgar por la sonrisa sincera y la actitud tan cómoda y familiar de Chris para despedirse de algunos otros padres, las cosas habían salido mejor de como se las imaginó. 

—Ya veo que os fue bastante bien ahí dentro — dijo sonriente, cuando ambos llegaron a su sitio. 

—Fue... bastante diferente de como imaginé que sería — comentó el rubio, mirando hacia abajo al pequeño ojiverde que aún no soltaba su mano. Compartieron deliberadamente una sonrisa cómplice — Pero divertido, definitivamente me la pasé bien ¿a que sí, campeón? 

Sorprendentemente, lo único que hizo Oliver fue asentir. Igual de entusiasta pero sin decir ni una palabra.

Athena se sintió el mal tercio, querían mantener los acontecimientos y experiencias de aquel día para ellos y eso estaba bien. El problema era ella, que se había acostumbrado a ser un todo en la vida de su hijo. ¿Le alegraba que ahora Oli tuviese a otra persona con la cuál compartir momentos? Claro que sí, pero le tomaría algo de tiempo adaptarse al nuevo modo y nada de trabajo, considerando que Chris lo hacía todo muy fácil.

Era como una brisa de aire refrescante, tenerlo en su vida.

—Mamá, le conté a Chris que tenemos una tradición para este día.

La castaña arqueó una ceja, al tiempo que cruzaba los brazos sobre el pecho.

—¿Oh, en serio?

Chris asintió y tal cual niño, comenzó a mecerse en su lugar de atrás hacia adelante.

—Ahora queremos ir por helado — dijo el actor con un tono y sonrisa inocente que logró arrancarle una risa divertida e incrédula a partes iguales a la abogada.

Tal parece que ahora debía ocuparse de dos niños mimados.

—Vale, vamos por helado — cedió y lo próximo que sucedió no se lo vio venir.

Chris alzó a Oliver y lo colocó sobre sus hombros, como si pesara menos que una pluma. Luego avanzó a su altura y tomó su mano para entrelazarla con la suya.

Estaban en medio de la acera, aún salían personas de la Escuela y otras más caminaban en la calle como cualquier Lunes. Prácticamente estaban expuestos, como nunca antes lo habían estado, como pareja y también con Oliver presente.

Scars (Chris Evans)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora