26 | Cosas de niños

1K 142 23
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Te lo juro que quiero matarlo, Scott — suspiró Chris, exhalado el aire con fuerza en tanto rasgaba una sevilleta con tanto odio y rencor que el rubio frente a él no pudo evitar mirarlo con terror y al pobre pedazo de papel entre sus manos con fin...

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—Te lo juro que quiero matarlo, Scott — suspiró Chris, exhalado el aire con fuerza en tanto rasgaba una sevilleta con tanto odio y rencor que el rubio frente a él no pudo evitar mirarlo con terror y al pobre pedazo de papel entre sus manos con fingido pesar.

Scott escuchó durante 20 minutos lo que en resumidas cuentas fue una recolección de los hechos más importantes de la vida de Athena y como una persona que la conocía desde hace mucho tiempo y la quería como si fuese su propia hermana, él mismo sintió en su interior una rabia potencialmente peligrosa.

Sabía que el ex de Athena era un idiota pero jamás imaginó que llegase a tanto, que hubiese sido capaz de lastimarla en tantas formas y tantos niveles y aún así después de tanto tiempo aún mantuviese el dedo sobre el renglón, buscando ganarla nuevamente o terminar de hundirla.

—¿Y ella cómo está?

El rubio se pasó las manos por la cara. Se notaba realmente cansado.

Athena y Oliver llevaban tres días durmiendo en su casa y teniéndolos tan cerca, era imposible que no notara hasta el más mínimo detalle de la vida de ambos.

—¿Cómo va a ser? — Chris dejó el desastre que había hecho y apoyó el codo sobre el mesón de granito, al tiempo que se llevaba la mano a la boca en un gesto más preocupado que pensativo — No durmió bien, se despertó gritando en medio de la madrugada. Davies la acecha hasta en sus sueños.

—Y no es para menos, con todo lo que le hizo Connor me sorprende que no haya desarrollado cierta... aversión a las relaciones. O peor, a los hombres en general.

—No, pero seguro que si tiene muchas otras cosas que... — dejó la oración sin terminar cuando la pantalla de su móvil, que descansaba junto al de Scott también en el desayunador, se encendió.

Una serie de mensajes se desplegaron en la ventana principal y con solo ver el nombre en la parte posterior de la barra de notificaciones, Chris lo tomó. Comenzó a leer atentamente, con el ceño fruncido y el semblante cargado de desconcierto.

—¿Quién es?

—Athena — respondió sin apartar los ojos de la pantalla — Esta mañana decidió contactar a una psicóloga, quiere comenzar a tomar terapia, así que programamos una cita para hoy. Se supone que pasaría por ella a las cuatro en punto pero acaba de cancelarme.

Scars (Chris Evans)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora