La sala común de Gryffindor estaba más animada que nunca, llena de risas y murmullos de estudiantes que se preparaban para una noche de diversión, como solo ellos sabían hacerlo. Sin embargo, entre los susurros y la emoción de la semana que se avecinaba, un grupo de amigos estaba mucho más concentrado en una misión secreta que en cualquier otra cosa.
Harry, Ron y Hermione estaban sentados cerca del fuego, pero sus cabezas estaban más inclinadas hacia la mesa, donde Harry sostenía un pergamino con un plan detallado que había estado dando vueltas en su mente durante días. La idea había nacido en un momento de irritación por la actitud de Draco Malfoy, quien había estado fastidiando a Harry y a sus amigos de una manera aún más insoportable que de costumbre.
Lo que realmente molestaba a Harry, además de las constantes provocaciones de Malfoy, era su arrogancia. Y eso no lo iba a dejar pasar. Así que había ideado un plan, un plan perfecto para hacerle una broma a Malfoy, una que lo dejara sin palabras y, de alguna forma, lo hiciera pensar dos veces antes de seguir con su actitud.
Pero no podían hacerlo solos, por supuesto. Ron sabía que los gemelos serían la clave, aunque no podía evitar que la sola idea de pedirles ayuda lo hiciera sentirse incómodo. Fred y George siempre lo sacaban de quicio con sus bromas constantes, pero sobre todo con la forma en que se burlaban de él, sin nunca dejar de ser gracioso, pero a veces demasiado. A pesar de todo, en este momento necesitaban su astucia.
— ¡Fred, George! — exclamó Ron, levantándose de golpe y mirando alrededor de la sala. Los gemelos no estaban lejos; como siempre, estaban haciendo alguna travesura en un rincón. La picardía se reflejaba en sus ojos, y ambos parecían estar planeando algo para el almuerzo. — ¡Vengan aquí!
Los gemelos giraron al instante, y con una sonrisa traviesa, se acercaron a la mesa, sabiendo que si Ron los llamaba, algo grande debía estar por suceder.
— ¿Qué pasa, hermanito? — preguntó Fred, mientras George le daba un codazo y sonreía con una expresión que decía "ya lo sé".
— ¿Qué se les ofrece con los reyes de las bromas? — dijo George, adoptando una postura de gran importancia mientras lanzaba una mirada cómplice a Harry.
Ron frunció el ceño, claramente molesto por el tono juguetón de los gemelos. Ellos siempre lograban incomodarlo con sus bromas, como si Ron fuera el blanco predestinado para sus chistes pesados. A veces, se preguntaba si todo lo que hacían era una broma de mal gusto dirigida solo a él.
— Necesitamos vuestra ayuda para una pequeña revancha — dijo Harry, con un tono conspirador, ignorando la ligera incomodidad de Ron.
Fred y George intercambiaron una mirada cómplice, sabían que con Harry en la mezcla el asunto sería aún más interesante. Había algo en él, algo que los gemelos parecían proteger con especial cariño. A pesar de su naturaleza traviesa, la relación con Harry los hacía más astutos, más estratégicos.
— ¿Una venganza? — exclamó Fred, inclinándose hacia Harry con un brillo en los ojos.
— ¿Quién es el afortunado destinatario de nuestra brillante astucia? — lo siguió Jorge.
— Malfoy — respondió Ron, con una expresión que indicaba que la idea había sido suya, pero que claramente lo hacía sentir algo incómodo al compartirla.
Los gemelos intercambiaron una mirada astuta, entendiendo perfectamente a quién se referían. Draco Malfoy había sido una espina constante en sus costados, y ahora tenían la oportunidad de darle una lección. El solo pensamiento de hacerle una broma que lo dejara sin palabras los hacía sonreír.
— ¡Oh, esto va a ser bueno! — exclamó George, mientras Fred comenzaba a frotarse las manos, ya ideando el tipo de broma que más le gustaría hacer.
Ron resopló y se cruzó de brazos. Aunque se uniera a la idea, sabía que algo podría salir mal. Fred y George no solían medir las consecuencias de sus bromas, y a menudo, él era el que terminaba atrapado en medio de ellas.
— Pero ¿cómo vamos a hacerlo? — preguntó Harry, con la esperanza de que los gemelos tuvieran algo tan brillante como siempre.
— No te preocupes, Harry — dijo Fred, mostrando su típica sonrisa astuta, — A nosotros no se nos escapa nada.
— ¡Lo que necesitas es algo que lo haga sudar, pero sin saber de dónde viene! — añadió George, su tono condescendiente, pero lleno de una astucia que hizo que incluso Ron se sintiera incómodo.
Fred asintió con un brillo maquiavélico en los ojos.
— Un poquito de confusión nunca le hace mal a nadie — comentó Fred con un guiño. — Pero necesitamos que Malfoy se quede completamente despistado.
El plan estaba en marcha. Los gemelos, con sus recursos secretos, sabían cómo conseguir lo que necesitaban. Entre ellos, había algo especialmente prometedor: el Polvo de Confusión Total, un producto cuya magia confundía a su objetivo hasta límites incontrolables, dejándolos sin saber si estaban en su propio cuerpo o en otro lugar, a merced de la desorientación.
El primer paso era asegurarse de que Malfoy no pudiera sospechar nada. Usaron su habilidad para moverse sin ser vistos, esparciendo el polvo por todo el corredor donde Malfoy solía caminar. Cuando el momento llegara, Malfoy se vería atrapado en la trampa.
El día de la ejecución llegó rápidamente. Cuando Malfoy apareció por el corredor de Gryffindor, ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. La broma se activó en el momento justo. Malfoy se detuvo en seco en medio del pasillo, mirando a su alrededor, completamente desconcertado. Sus ojos se entrecerraron mientras intentaba orientarse, pero el mundo giraba a su alrededor. Sus pasos no coincidían con la dirección en la que quería ir. Se sentó, se levantó, tropezó, sin saber lo que sucedía.
Desde un rincón, Fred y George contenían las carcajadas, saboreando cada segundo del espectáculo.
— No sabrá si está en el séptimo piso o en el sótano — rió Fred, mientras George simplemente asentía, disfrutando de la desorientación de su víctima.
Pero lo que parecía ser un éxito inmediato, pronto dejó un sabor amargo. Malfoy, aunque confundido por la broma, no perdió su temperamento. A pesar de la humillación, lo único que creció en él fue la ira, la rabia. Su rostro se transformó, como si la broma no hubiera sido suficiente.
Después de unos minutos, Malfoy recuperó el control, pero su expresión cambió de sorpresa a furia. Se levantó, frunciendo el ceño, buscando cualquier pista, cualquier rastro de quién estaba detrás de su sufrimiento.
Malfoy no perdonaría tan fácilmente esta broma.
Aunque la broma fue efectiva, no cambió la actitud de Malfoy. De hecho, lo hizo más vengativo, más peligroso.
Pero Harry y sus amigos no se arrepintieron. La lección estaba clara: los Gryffindor no iban a tolerar más provocaciones sin consecuencias.
Con una sonrisa satisfecha, Ron, Hermione y Harry se retiraron a la sala común, sabiendo que, aunque no hubieran cambiado a Malfoy, al menos por un día, habían logrado darle una lección que no olvidaría. Aunque las consecuencias no se limitaron a un simple juego, la victoria estaba en el aire.
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¡Hola, hola! Otra vez yo :3 un pequeño capítulo que espero que les guste.
Una pequeña bromita no se hace mal a nadie y menos a Malfoy. No soy buena con las bromas, así que espero que esté a la altura de sus expectativas.
Los leo en comentarios.
Besos y abrazos.
Atte: su somnolienta autora.
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Luna Llena [HP]
WilkołakiLas callosas manos del hombre masajeaban sus adoloridos músculos después de pasar su primera noche como una criatura oscura. A pesar del miedo que sintió por el probable rechazo que sentirían sus amigos y la única familia que le quedaba, ahora podía...
![Luna Llena [HP]](https://img.wattpad.com/cover/247090459-64-k887041.jpg)