Al anochecer...
La bodega se erguía en lo alto de un edificio industrial cerca del Puerto de Tilbury, un lugar apartado del caos de Londres, donde la discreción no era una opción, sino una norma. Sexto piso. Vista al mar. Desde aquí, el horizonte se extendía infinito, con las grúas mecánicas operando en un vaivén constante y los contenedores apilándose como piezas de un ajedrez financiero.
Este era mi espacio.
Un ventanal de vidrio cubría toda la pared frontal, permitiéndome ver la inmensidad del agua. No había cortinas. No había nada que ocultar. El resto del lugar mantenía la estética que siempre había preferido: ladrillos oscuros expuestos, iluminación tenue y mobiliario de cuero negro con detalles metálicos.
Cada pared estaba decorada con precisión. No era un almacén cualquiera. Era un santuario de control, diseñado para la dominación, donde cada objeto tenía un propósito definido. Las correas, los látigos, las esposas y las barras separadoras colgaban perfectamente organizadas, como una colección de herramientas en el taller de un artesano. No era desordenado ni grotesco. Era refinado, casi artístico.
Pero esta noche, el motivo de mi presencia aquí no tenía nada que ver con placer ni disciplina.
Era una noche de transformación.
A unos metros de la entrada, había una sala que había usado incontables veces, un espacio reservado para moldear identidades, para forjar nuevas versiones de la misma persona. El Proyecto Espectro siempre había funcionado con exactitud matemática, y la clave de su éxito radicaba en la desaparición de lo anterior.
Hoy, Susana Harper Collins debía convertirse en alguien más.
O al menos, eso era lo que siempre habíamos hecho.
Me detuve frente a la puerta de la sala donde se llevaba a cabo su transformación. El Proyecto Espectro siempre había sido meticuloso, una estrategia bien calculada que se repetía con la precisión de una ecuación resuelta mil veces. Antes de infiltrarse en una nueva empresa, Susana debía desaparecer, y en su lugar debía nacer otra mujer con otra historia, otro rostro, otro pasado inquebrantable.
Entré.
Susana estaba sentada frente al espejo iluminado, rodeada de pelucas y lentes de contacto de distintos colores. En la mesa, como un altar a la falsificación, descansaban los documentos legales: pasaportes, diplomas universitarios, cartas de recomendación de empresas internacionales. Cada detalle de su nueva identidad estaba listo para ser perfeccionado.
- Rubia platino –dije, sin rodeos, observándola por el reflejo del espejo–. Acompañado de ojos marrones. Lo suficientemente exótico para llamar la atención, pero lo bastante sofisticado para encajar en el entorno de Marquesina.
Ella no respondió.
Susana tomaba una peluca tras otra, colocándoselas con movimientos mecánicos. El rostro pálido, los labios fruncidos en una línea fina. Sus manos temblaban apenas, pero lo suficiente para que lo notara.
Ansiedad.
- ¿Te ocurre algo? –pregunté, más por costumbre que por verdadero interés.
Sus dedos se crisparon sobre una peluca castaña antes de soltarla de golpe. Me miró a través del espejo y vi la sombra de algo que rara vez dejaba ver: inestabilidad real, descontrol genuino.
- Esta vez quiero hacerlo diferente.
Incliné la cabeza, observándola con frialdad.
- Diferente en qué sentido.
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Adicción [+18]
RomanceEn un mundo donde el deseo se transforma en deuda, donde el placer castiga y el amor enferma, hay historias que no se eligen... se sufren. Una firma de moda de alta gama. Un imperio financiero donde el control vale más que el afecto. Una ciudad de a...
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