Dudas

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Cahir x Oc

Una tradición celosamente observada por el clan de los Dyffryn consistía en que todos los hombres del mismo velaran en silencio, día y noche, el cuerpo de un pariente muerto, instalado en la armería de palacio. Las mujeres plañían, sufrían crisis histéricas y se desmayaban. Cuando volvían en sí, empezaban de nuevo los plañidos y los espasmos.

Entre la nobleza de Vicovaro, los espasmos y las lágrimas no estaban muy bien vistos ni siquiera entre las mujeres. Se consideraban una falta de tacto y un gran deshonor.

A sus diez años, el joven Cahir, hermano menor del difunto Aillil, muerto en Nazair y yacente en aquellos momentos en la armería de palacio.
No le permitieron sumarse al grupo de varones reunidos en torno al ataúd abierto, no le autorizaron a estar allí en silencio, en compañía de Gruffyd, su abuelo, Ceallach, su padre, Dheran, su hermano, y toda la multitud de tíos paternos, de tíos maternos y de primos. Como es comprensible, tampoco le dejaron llorar y desmayarse en compañía de su abuela, su madre, sus tres hermanas y toda la multitud mujeres familiares.

Junto con los demás parientes de corta edad, Cahir se dedicó a hacer chiquilladas y travesuras por las murallas. Y se dio de puñetazos con los que decían que los más valientes entre los valientes que estaban combatiendo en Nazair eran sus propios padres y sus hermanos mayores, en vez de Aillil aep Ceallach.

-¡Cahir! ¡Ven aquí, hijo mío!

En la galería le esperaba Mawr, la madre de Cahir, junto con su hermana, la tía Cinead var Anahid. La madre tenía la cara enrojecida e hinchada de tanto llorar, tanto que Cahir se asustó. Le impresionó que una mujer tan guapa como su madre pudiera llegar a parecer un monstruo por culpa del llanto. Hizo el firme propósito de no llorar nunca, nunca jamás.

-Recuerda, hijo mío -dijo Mawr entre sollozos, apretando a su hijo contra su pecho con tanta fuerza que le impedía respirar-. Recuerda este día. Nunca te olvides de quiénes le quitaron la vida a tu querido hermano Aillil. Fueron esos malditos norteños. Tus enemigos, hijo mío. No dejes de odiarlos. ¡Nunca dejes de odiar a esa maldita nación de asesinos!

-Siempre los odiaré, madre- le prometió Cahir, un tanto sorprendido.

En primer lugar, su hermano Aillil había caído en combate, con honor. Había sido la suya una muerte envidiable, digna de alabanza, en un guerrero. ¿Por qué, pues, derramar lágrimas por él? En segundo lugar, no era ningún secreto que la abuela Eviva, la madre de Mawr era una norteña. Más de una vez, cuando estaba enfadado, a su padre había dado por llamar a la abuela «loba del norte». Naturalmente, a sus espaldas.
Pero, bueno, si su madre se lo mandaba...

-Los pienso odiar- dijo con entusiasmo-. ¡Ya los odio! Y, cuando sea mayor y tenga una espada de verdad, ¡iré a la guerra y les cortaré la cabeza! ¡Ya lo verás, madre!

La madre respiró hondo y sufrió un espasmo. La tía Cinead la sujetó.
Cahir apretó los puños y tembló de odio. De odio a aquéllos que habían maltratado a su madre, haciendo que se pusiera tan fea.

Cahir recordaba tan claramente que le asustaba. Aun podía sentir la sensación de furia e impotencia que su alma sintió ese día cada vez que recordaba.
Y de esa manera se sentía que tuvo que abandonar la calidez de su cama e intentar no pensar en ello, pero era imposible cuando estaba a tu lado.

Era una terrible tortura tener tu imagen en su mente porque sabía el problema que le causaba. Provocabas dudas en su moral, patriotismo, fidelidad y promesa. Su cabeza se volvía un tormentoso mar de dudas sin responder que solo lo enfurecían.

A pesar de hacerlo sentir de aquella manera, él no parecía querer dejarte.
Creíste que solo te necesitaría una noche para satisfacer sus deseos carnales, como muchos otros lo habían hecho, porque a fin de cuentas, era tu trabajo. Sin embargo, Cahir regresó cada noche sin falta, tanto, que él llegó a acaparar todas tus noche molestando a tu empleadora. Aunque le convenía, puesto que el joven le entregaba una considerable cantidad de dinero.
Y tu tampoco te quejabas al respecto, él te excitaba tanto física como intelectualmente. En el tiempo que llevabas trabajando en aquel lugar, nunca había conocido a un hombre como él.

Lanza una moneda  [One-Shot's]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora