Cuentos de Miedo

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En realidad, cuando me senté en mi habitación e intenté concentrarme en la lectura del tercer acto de Macbeth, estaba atento a ver si oía el motor de mi pickup. Pensaba que podría escucharlo por encima del tamborilero de la lluvia, pero cuando aparté la cortina para mirar de nuevo, apareció allí de repente.

No esperaba el viernes con especial interés, sólo consistía en reasumir mi vida sin expectativas. Hubo unos pocos comentarios, por supuesto. Tom parecía tener un interés especial en comentar el tema pero, por fortuna, Taylor había mantenido el pico cerrado y nadie parecía saber nada de la participación de Louis. No obstante, Tom me formuló un montón de preguntas acerca de mi almuerzo en clase de Trigonometría me dijo:

—¿Qué quería ayer Louis Tomlinson?

—No lo sé —respondí con seriedad—. En realidad, no fue al grano.

—Parecías muy enfadado —comentó a ver si me sacaba algo.

—¿Sí? —mantuve el rostro inexpresivo

—Ya sabes, nunca antes lo había visto sentarse con nadie que no fuera su familia. Era extraño.

—Extraño en verdad —coincidí.

Parecía asombrado. Se alisó sus rizos oscuros con impaciencia. Supuse que esperaba escuchar cualquier cosa que le pareciera buena historia que contar.

Lo peor del viernes fue que, a pesar de saber que él no iba a estar presente, aún albergaba esperanzas. Cuando entré en la cafetería en compañía de Tom y Taylor, no pude evitar mirar a la mesa en la que Mina, Gemma y Niall se sentaban a hablar con las cabezas juntas. No pude contener la melancolía que me abrumó al comprender que no sabía cuánto tiempo tendría que esperar antes de volver a verlo.

En mi mesa de siempre no hacían más que hablar de los planes en el reporte del clima, que vaticinaban el sol para el sábado. Tenía que verlo para creerlo, pero hoy hacia más calor, casi doce grados. Pude ver que la excursión no fuera del todo espantosa.

Intercepté unas cuantas miradas poco amistosas por parte de Lauren durante el almuerzo, hecho que no comprendí hasta que salimos juntos del comedor. Estaba justo detrás de ella, a un solo paso de su pelo rubio, lacio y brillante, y no se dio cuenta, desde luego, cuando oí que le murmuraba a Taylor:

—No sé por qué Harry —sonrió con desprecio al pronunciar mi nombre —no sé sienta con los Tomlinson de ahora en adelante.

Hasta ese momento no me había percatado de la voz tan nasal y estridente que tenía, y me sorprendió la malicia que destilaba. En realidad, no la conocía muy bien; sin duda, no lo suficiente para que me detestara... o eso había pensado.

—Es mi amigo, se sienta con nosotros —le replicó en susurros Taylor, con mucha lealtad, pero también de forma un poquito posesiva. Me detuve para permitir que Tom y Ángela me adelantaran.
No quería oír nada más.

Durante la cena de aquella noche, Des parecía entusiasmado por mí viaje a La Push del día siguiente. Sospecho que se sentía culpable por dejarme solo en casa los fines de semana, pero había pasado demasiados años forjando sus hábitos como para romperlos ahora.
Conocía los nombres de todos los chicos que iban, por supuesto, y los de sus padres y, probablemente, también los de sus tatarabuelos.

Parecía aprobar la excursión. Me pregunté si aprobaría mi plan de ir en coche a Seattle con Louis Tomlinson. Tampoco se lo iba a decir.

—Papá —pregunté cómo por casualidad—, ¿conoces un lugar llamado Goat Rocks, o algo parecido? Creo que esta al sur del monte Rainier.

—Sí... ¿Por qué?

Me encogí de hombros.

—Algunos chicos me comentaron la posibilidad de acampar allí.

crepúsculo /l.sDonde viven las historias. Descúbrelo ahora