Capítulo 17

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Esta historia nos lleva a los tiempos de los dragones, cuando las criaturas mágicas no se escondían de los humanos si no que convivían con ellos. Al menos hasta la llegada de la gran profecía. Aquel día los regentes de los dos clanes de dragones, los wingdrock y wingdvipul escucharon las palabras que los enemistaría para siempre: dos serían los que elevarían como dioses a un clan y harían caer al otro en el olvido.
Así rezaba la voz del universo y así habría de cumplirse.
El regente del segundo clan rió, sin darle importancia, sin embargo no fue así la reacción de su acompañante.
Al día siguiente la paz que reinaba entre los dragones se desmoronó como un castillo de naipes y aquello afectó a las vidas de todos los demás seres del planeta

*****

Desde su nacimiento, Roshanee y Taara fueron inseparables al menos hasta aquel momento de su adolescencia.
El joven de cabello moreno y ardientes ojos dorados observó fijamente un instante como su hermana se refugiaba en los brazos del regente de los wingdrock, Andhera, pidiéndole que no volviera a atacarle. ¿Y que pasaba con la raja que Roshanee tenía en la mejilla?

_Roshanee, por favor. Ven. No tenemos porqué huir. Estaremos a salvo.

Taara le extendió la mano, suplicante pero el muchacho le devolvió una mueca de desprecio antes de elevarse en el aire con un hechizo que le otorgó alas el tiempo suficiente para alejarse unos metros de ellos. Esquivó a los soldados que peleaban en tierra , envainando su espada y se perdió entre los árboles.

No fue hasta seis años más tarde cuando los mellizos volvieron a encontrarse.

*****

_Cada día estás más preciosa, Taara.

_Gracias, señora. Y recuerde, la infusión antes de ir a dormir.

_Claro, cariño. Me acordaré, me acordaré.

La mujer salió de la pequeña herboristeria y la joven se acomodó el cabello negro antes de volverse hacia las estanterías llenas de frascos de hierbas y flores. No oyó sus pasos, ni la puerta, nada.

_Hola, Taara.

El bote que sostenía se le resbaló de la mano y se estrelló contra el suelo, esparciendo los polvos de su interior por el suelo.

_Roshanee.

Ver de nuevo el rostro de su hermano le aceleró el corazón. Sus ojos dorados recayeron en la cicatriz de su mejilla y la pequeña en su ceja, resultado de la hoja de Andhera y el momento de la separación volvió a su memoria. Salió de detrás del mostrador y se acercó con lentitud.

_No te acerques más. Quédate ahí.- ordenó el joven con firmeza.

Ella asintió, quedándose quieta frente a él. Sus rasgos, al igual que su expresión, se habían endurecido, ahora le sacaba por lo menos cinco centímetros de alto y su cuerpo estaba perfectamente musculado. Llevaba el pelo más largo, recogido en una trenza y una de las orejas perforadas, adornada con una piedra de color azulado que brillaba intensamente cada vez que le daba el sol.

_Veo que te va bien,Taara. Estás guapa.

_Tu también.

El silencio volvió a hacerse en la estancia hasta que ella oyó unos ligeros ruidos. Al volverse, vio como el frasco que se le había caído comenzaba a recomponerse y regresaba a su lugar con todo el contenido. ¿Roshanee había hecho aquello sin ni siquiera dirigirle una mirada? Era muy poderoso.

_¿Cómo lo has...? ¡Es impresionante!

_¿Tu has practicado? ¿O es que les das miedo?

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