Después de ganar un concurso de canto, Bee decide utilizar su premio monetario para ir a Roma y descansar un poco de su nueva vida antes de meterse al estudio de grabación y lanzar su álbum debut.
En la sala de abordaje, ve a una chica hermosa; su c...
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Era la noche del sábado cuando Honey dijo que compraría los boletos, y casi la madrugada del domingo cuando confirmó que los había conseguido. He tenido mucho tiempo para intentar procesarlo —no solo esa compra, sino también su contexto, toda la maldita conversación anterior—, pero no he podido; ya es la mañana del lunes, y mientras bajo del taxi, aún no entiendo qué mierda pasó esa noche.
En serio, ¿me habrá estado coqueteando?
No suelo hacerme mucho esta pregunta; no solía hacerla cuando me han gustado otras chicas, porque después de que surgía la duda, asumía casi de inmediato que la respuesta era "no". Pero esas chicas no se portaban como lo hace esta. Lo máximo que hacían ellas era llamarme guapa o tocarme el pelo un poco más de lo que yo creía normal; cosas que, por más que me hubiera gustado que significaran algo, son normales entre amigas.
Esta es la primera vez que creo que realmente puedo interpretarlo de otra forma. Esta chica propuso la cita primero como parte de un libro romántico; luego como parte de nuestra vida real.
Tiene que significar algo.
Pero, sabiendo cómo son las cosas para mí, cómo termina todo siempre que tengo un crush con alguien, no significa nada; no le gusto en lo absoluto y no hay probabilidad de que eso cambie.
Pero... esta vez las cosas son tan diferentes...
Cambio de opinión todo el tiempo; ambas opciones me parecen igual de posibles, cualquiera podría ser la verdad. Así que la pregunta siempre regresa.
¿Esta visita al Coliseo Romano significa algo?
Tengo que dejar de pensar cuando el taxi frena bruscamente y mi frente impacta contra el asiento de adelante. Estoy casi segura de que algunas de mis neuronas acaban de morirse por el golpe.
—Mierda —murmuro mientras me despego del asiento, luego agachándome para revisar que no se me haya caído nada del bolso.
Pero no puedo poner atención ni al color de las cosas cuando Honey me toca el hombro, con muy poca fuerza y temblando; muy suavemente, como si pudiera romperme ante su tacto normal.
—¿Estás bien? —pregunta; me cuesta comprender las palabras, todavía asombrada de que me haya tocado. Me mira a los ojos por un segundo que siento infinito, y luego se voltea al conductor—. Si está lastimada, usted no va a recibir ni un centavo; ¿me entiende? —amenaza; no entiendo por qué la rudeza. Casi me dan ganas de tomarla de los hombros yo y tratar de tranquilizarla.
Me pone nerviosa, pero sí, lo intento. Le coloco ambas manos en los antebrazos y eso la fuerza a mirarme.
—Estoy bien —Sonrío, incluso cuando eso intensifica el dolor en mi frente, solo para que haya más probabilidades de que me crea—. Págale; estoy bien —La segunda vez que lo digo, incluso yo misma me creo.