Después de ganar un concurso de canto, Bee decide utilizar su premio monetario para ir a Roma y descansar un poco de su nueva vida antes de meterse al estudio de grabación y lanzar su álbum debut.
En la sala de abordaje, ve a una chica hermosa; su c...
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El reloj digital del estéreo marca las cero horas. Mi cumpleaños termina mientras suena una canción desconocida a la que no presto atención porque sigo pensando en las manos sobre el volante; la forma tan gentil y delicada de acariciarme; la sensación del pequeño corte en la yema del dedo, un poco áspero contra mi piel.
Honey bosteza, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no cerrar los ojos en el proceso; en medio de la carretera, y especialmente con esta oscuridad, no sería nada bueno que no viera el camino.
—Habrá que desviarnos para encontrar dónde dormir.
Por primera vez en varias horas, dejo de mirar a la ventana y veo la pantalla de su celular, que ilumina suavemente el interior del vehículo con un frío pero relajante tono azul, similar a la luz de la luna. En letras azules que resaltan sobre el fondo negro, se lee que aún faltan dos horas para llegar a Venecia.
—Por favor; yo también tengo sueño.
—Lo sé; juro que hasta te escuché roncar hace un rato.
—Pero yo no ronco —miento. En realidad, incluso dormida, logré oír cómo roncaba.
—Ajá, ¿entonces quién sí? ¿El fantasma del asiento trasero?
—Claro.
Soltando una risita, deja de mirarme, detiene la van y pone las intermitentes; toma el teléfono, viéndolo más de cerca mientras cancela la ruta y escribe algo, probablemente buscando hoteles cercanos.
Casi de inmediato, se escucha la voz del GPS dando una nueva instrucción: Simplemente seguir recto, como si no fuera lo único que se puede hacer en este instante, con demasiado camino frente a nosotras, aparentemente interminable, sin opciones para girar o retornar.
—Unas millas después de la siguiente salida, hay un hotel pequeño; reza, manifiesta... lo que sea, para que no esté lleno. Me jodería muchísimo tener que volver a buscar.
Y sé que esa frase fue solo una broma, y no soy mucho de esperar o pedir cosas —especialmente porque dudo que siquiera haya alguien que me escuche y, más allá de eso, se interese en mis deseos—, pero hago todo lo posible por juntar la poca esperanza y las todavía más escasas buenas vibras que pueda haber en mi cuerpo... y visualizo, brevemente y sin muchos detalles, un futuro cercano en el que podemos descansar.
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