Shahrukh

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—Di algo —pedí, rompiendo el silencio sepulcral que reinaba en el coche.

Kajol manejaba con una rigidez antinatural, con los nudillos blancos de tanto apretar el volante, sin quejarse ni de los semáforos en rojo ni del tráfico pesado de Mumbai. Era aterrador verla así.

—Si es por lo que dijeron antes... —insistí, sintiendo cómo se me secaba la boca— les juro que no les creo ni una palabra. A esas locas les encanta inventar historias.

—Claro que no deberías creerles —respondió ella, con la voz plana, gélida, sin mirarme ni un segundo.

—Pues no lo hago. No te enojes, acabas de comer, te hará daño —intenté suavizar el tono, buscando conectar con ella, pero ella solo apretó más el volante, como si pudiera romperlo.

Bien. Si quería guerra de silencios, no la tendría conmigo. Me tomé la libertad de encender la radio, buscando una frecuencia que pusiera algo instrumental, suave, que no nos incomodara más. Kajol tamborileaba sus dedos de vez en cuando sobre el cuero del volante, un tic nervioso que conocía de memoria y que delataba su ansiedad.

—¿Saldrás con Gauri? —preguntó de repente, con un tono demasiado casual, demasiado ensayado, que contrastaba brutalmente con la tensión en sus hombros.

—Sí, eso creo. De hecho, ya tenía su número desde hace tiempo, nos juntamos unas cuantas veces, pero no sabía que estaba soltera hasta hoy.

—¿Es en serio? —Me miró por una fracción de segundo, con una molestia genuina, casi dolorosa, y me reí. Craso error. Ella no lo hizo—. ¿Te acostaste con ella sin saber si tenía pareja?

—Pero no tenía, ¿cuál es el problema? —me encogí de hombros, restándole importancia, aunque por dentro me quemaba un poco su reacción.

—Eres un... —Se contuvo, cerrando la boca con fuerza, y yo volví a mirar al frente, sintiéndome un poco imbécil—. No puedo creer que digas eso, Shahrukh.

—Ya me conoces, Kajol. No soy un santo. Y si te soy sincero, ella siempre me pareció atractiva. Antes no quería ir más allá porque no quería comprometerme, no estaba en mi mejor momento emocional, pero... creo que es hora de sentar cabeza de verdad.

—¿A qué te refieres con eso? —su voz tembló ligeramente.

—Te veo tan enamorada de Ajay, con esa vida perfecta que proyectas, que se me antojó casarme —ella bufó, indignada, ignorando la indirecta sobre Ajay—. Hablo en serio, pero no por tu matrimonio. Tal vez por el de otros... los Nene-Dixit, por ejemplo. Tienen un bonito matrimonio, equitativo.

—Gracias por lo que me toca —dijo con amargura, sintiéndose desplazada.

—Bueno, no pierdo nada conociendo a Gauri. Estoy seguro de que me hará bien. Las veces que estuvimos juntos ella fue...

—¡No me cuentes tus cosas! —casi gritó, perdiendo la compostura.

Solté una carcajada—. Iba a decir que fue muy graciosa. Hablamos un rato y me pareció muy interesante. No te enojes, Kajol. Voy a buscar una buena mujer para casarme y hacer todas las cosas que dices que son correctas. Estoy envejeciendo, quiero hacerlo con alguien que me ame sin condiciones.

—Entiendo... —murmuró. Su tono apagado me golpeó el pecho; no sonaba feliz con mi decisión, y eso, egoístamente, me dio un rayo de esperanza. Pero prefirió cambiar de tema abruptamente—. ¿Irás a la fiesta de Saif?

Negué. No estaba seguro. Las amigas de Kajol no son mis personas favoritas, y menos cuando me ven como un perrito faldero —o "Scooby Doo", como me llaman a mis espaldas— en lugar de como el hombre que soy.

El peso del silencioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora