Su expresión era un mosaico de emociones que jamás había visto en él. Había dolor, sí, pero también una especie de alivio aterrador, un triunfo oscuro y un miedo paralizante. Me quedé helada, procesando su rostro mientras el mundo a mi alrededor parecía perder su eje. Mis propias palabras, esas que había guardado bajo llave durante décadas, seguían flotando en el aire asfixiante de la oficina.
¿Qué acabo de hacer?
Me levanté, necesitando desesperadamente cerrar la brecha física que nos separaba, la brecha que él mismo había cavado con sus mentiras. Sus ojos, profundos y oscuros, siguieron cada uno de mis movimientos con una intensidad que casi me quema, una intensidad que antes confundía con amistad y que ahora me resultaba obscena. Me paré frente a él y, sin pensarlo, aferré con fuerza los bordes de su chaqueta, sintiendo la textura de la tela bajo mis dedos temblorosos. Necesitaba tocarlo para creer que el hombre que amé era el mismo monstruo que me había destrozado.
Él se levantó de un salto, retrocediendo un paso, asustado por mi arremetida. Su cobardía me dio rabia.
—¿Querías escuchar eso? —siseé, con la voz quebrada por la rabia y la humillación—. ¿Era esto lo que querías de mí, Shahrukh? ¿Verme destrozada a tus pies?
—¿Estás jugando conmigo? —preguntó, con la voz ronca, negándose a creer lo que sus propios oídos habían escuchado, con una mirada de desesperación que casi me hace dudar—. Dime que no es cierto, Kajol.
—¡Sí! —murmuré entre dientes, la palabra salió cargada de veneno, una defensa patética ante la vulnerabilidad que acababa de mostrarle. Necesitaba gritarle que lo odiaba, aunque cada célula de mi cuerpo quisiera abrazarlo—. ¡Todo es un maldito juego para mí! Igual que lo fue para ti nuestro matrimonio.
Mis pensamientos chocaban en mi cabeza. Lo amaba. Lo amaba con cada respiración, y por eso mismo, el desprecio que sentía hacia él era tan profundo como el océano. Él había elegido proteger a Ajay, había elegido mentirme.
—No puedo creer que no me hayas dicho nada... —dije, sintiendo cómo la ira desplazaba al dolor, esa rabia analítica que me ayudaba a mantener el control cuando quería desmoronarme—. ¿Cuántas infidelidades supiste de Ajay y no me dijiste?
Él bajó la mirada, incapaz de sostener la mía, culpable y desesperado. Yo, desesperada por una respuesta que justificara mi odio, solté su chaqueta y caminé impaciente por la oficina, sintiéndome atrapada en mi propia piel, en mi propia vida de mentiras que él había ayudado a construir.
—¡¿Cuántas, Shahrukh?! ¡Dímelo!
—No lo sé... —respondió, con voz apagada, sintiéndose acorralado—. ¿Cuatro?
Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones. Me detuve en seco, mirándolo con horror.
—¡¿Cuatro?! ¡¿Por qué demonios no me dijiste nada?! ¡Eras mi mejor amigo, se suponía que me protegías!
—¡¿No te lo dije?! —gritó él también, perdiendo finalmente la compostura, la diplomacia hecha añicos—. ¡Te lo dije, Kajol, te lo dije claramente! ¡Y no hiciste nada porque estabas ciega! ¡Ciega! ¡Te negabas a ver la basura que tenías enfrente!
Sus palabras me golpearon con la fuerza de un puñetazo físico. Me quedé sin respiración.
—"¡Shahrukh, estás exagerando!" —continuó, imitando mi voz con amargura, sacando a relucir mis propias negaciones—. "No podría hacer eso, seguro te confundiste". "Él y yo hablamos de ella, está bien, solo son AMIGOS".
Sus gritos resonaban en mis oídos, mezclándose con el sonido de mi propio corazón rompiéndose en mil pedazos. Las lágrimas comenzaron a caer, calientes y traicioneras, desdibujando su rostro frente a mí. Me dolía que tuviera razón. Me dolía saber que yo también había sido cómplice de mi propia desgracia.
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El peso del silencio
FanfictionEn la vibrante ciudad de Mumbai, Kajol y Shahrukhcomparten un lazo que ha resistido las pruebas del tiempo y las complicaciones de la vida. Mejores amigos desde la adolescencia, su amistad evolucionó silenciosamente hacia un amor secreto que se ha m...
