El zumbido incesante de notificaciones en mi teléfono no me dejó dormir. Apenas amanecía, y la luz azul de la pantalla me deslumbraba mientras sostenía el celular con mano temblorosa. Era el grupo. Por supuesto que era el grupo. Kareena, con esa mezcla de falsa preocupación y deleite por el drama, ya había compartido la imagen.
Allí estaba. Shahrukh. Mi Shahrukh, aunque nunca lo hubiera sido del todo, sonriendo junto a Pooja Bhatt en la discoteca Olimpo. La foto gritaba sofisticación, seducción, y una complicidad que me revolvió el estómago. Pooja, mi némesis desde la secundaria, luciendo impecable, su mano reposando demasiado cerca de su brazo.
—¿"Trabajaremos bastante bien juntos"? —leí el pie de foto, sintiendo cómo una llamarada de rabia pura subía por mi garganta.
La primera reacción fue física: una punzada aguda en el pecho, justo donde la noche anterior había sentido su respiración cuando me vendaron el pie. Luego, la negación.
No me importa. No me importa. Es solo una foto. Son amigos. Shahrukh es sociable, y Pooja... bueno, Pooja es una arpía que busca atención. Él solo estaba siendo amable.
Me levanté de la cama, caminando hacia el espejo del baño. La mujer que me devolvía la mirada parecía cansada, con rastros del maquillaje corrido de la noche anterior aún visibles, a pesar de que me había lavado la cara. Mis ojos, generalmente llenos de fuego, mostraban una inseguridad que odiaba.
Somos amigos. Solo amigos. Se divorcia una a los 39 años y pierde la cabeza, eso es todo. Es lógico que él busque distracción. Además, Gauri existe. Ella es su realidad. Yo soy... soy la amiga que necesita apoyo.
Intenté convencer a mi reflejo, pero mi mente traicionera me llevó de vuelta a la cocina de mi casa. Cerré los ojos y sentí sus manos en mi cintura, la rudeza desesperada de sus besos, la forma en que su respiración se aceleró cuando le pedí que me hiciera el amor. Se había entregado a mí con una intensidad que juraba que no podía ser fingida. ¿Cómo podía él estar con ella horas después de haber estado así conmigo?
—¡Idiota! —exclamé en voz alta, mi voz resonando en el baño vacío—. ¡Shahrukh, eres un idiota!
La rabia reemplazó a la negación. ¿Cómo se atrevía a dejar que esa mujer se le acercara así? ¿Cómo se atrevía a hacerme sentir celosa cuando yo claramente le había dicho que lo nuestro era un error? Me siento sucia, le había dicho. Y lo sentía. Pero ahora, verlo con Pooja, me hacía sentir algo peor: desechable.
Me arruiné el divorcio, arruiné mi reputación con Ajay, arruiné mi relación con Amir al salir corriendo de la obra, y él... él está tomando selfies con mi peor enemiga.
Sentí una necesidad imperiosa de reclamar lo que creía que era mío. No era solo el placer de la noche anterior, era la validación que Shahrukh siempre me había dado. Él era el único que me hacía sentir deseada cuando todo lo demás se caía a pedazos.
Tomé el teléfono de nuevo. Mis dedos, fríos y temblorosos, se deslizaron sobre la pantalla. No importaba que se lo hubiera dicho. No importaba que hubiera tratado de alejarlo. No importaba Pooja.
Escribí, borré, volví a escribir. La furia y la necesidad se mezclaron en una sola acción desesperada.
Kajol: Te necesito.
Al enviar el mensaje, sentí un vacío inmenso. Había cruzado la línea, una vez más, y esta vez, Pooja Bhatt estaba esperando al otro lado.
El teléfono cayó sobre la cama como si quemara, pero mis ojos permanecieron fijos en la pantalla, esperando la confirmación de lectura. Cada segundo se estiraba como una eternidad tortuosa. ¿Qué he hecho? La pregunta resonaba en el silencio de mi dormitorio, mezclándose con el zumbido del aire acondicionado. Me abracé las rodillas, sintiéndome pequeña y ridículamente vulnerable, una sensación que detestaba y que juraba haber dejado atrás al salir de la adolescencia.
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El peso del silencio
Fiksi PenggemarEn la vibrante ciudad de Mumbai, Kajol y Shahrukhcomparten un lazo que ha resistido las pruebas del tiempo y las complicaciones de la vida. Mejores amigos desde la adolescencia, su amistad evolucionó silenciosamente hacia un amor secreto que se ha m...
