Khan

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La fiesta vibraba a mi alrededor, una mezcla ensordecedora de felicitaciones, champaña y la música que retumbaba en la terraza del ático. Me sentía en mi elemento, celebrando la alianza que había sellado con Kajol. Ella lucía espectacular, una mezcla de triunfo profesional y una furia contenida que la hacía irresistibles. Pero necesitaba un respiro. Necesitaba moverme.

Fue entonces cuando la vi cerca del buffet. Josune. La pequeña pasante pelirroja que Kajol había traído de la empresa de Amir. Pálida, pecosa, con esa mirada llena de admiración y timidez típica de alguien recién salido de la universidad. Kajol me había comentado más de una vez, con ese tono posesivo que me fascinaba, que la chica tenía un crush conmigo. Me parecía tierno, inofensivo.

—Kajol, dame un minuto —le dije al oído, rozando su mejilla con la mía, disfrutando de cómo se tensaba—. Voy a saludar a tu pequeña protegida.

Ella entrecerró los ojos, clavándome una mirada que podría derretir el acero, pero asintió secamente, fingiendo indiferencia mientras se giraba para atender a otro grupo de invitados.

Caminé hacia Josune. Cuando notó mi presencia, sus ojos se abrieron desmesuradamente y sus mejillas, ya rosadas por naturaleza, se encendieron intensamente.

—¡Señor Khan! —tartamudeó, casi tirando su copa—. Es... es un honor tenerlo aquí. Felicidades por la alianza con la ingeniera Kajol.

—Hola, Josune —dije con mi mejor sonrisa, esa que sabía que la dejaba sin aire—. Gracias. Kajol me ha hablado maravillas de tu trabajo. Dice que eres brillante. Espero que estés lista para trabajar el doble de duro ahora en SRKJ.

Ella soltó una risita nerviosa, acomodándose el cabello pelirrojo detrás de la oreja, una acción que ella consideraba coqueta y que a mí me resultaba entrañable por lo ingenua que era.

—Oh, lo haré, lo prometo. Estoy aprendiendo tanto de ella... es mi ídolo. Y... bueno, es un sueño trabajar cerca de... de usted también.

Me reí suavemente, sintiéndome halagado, aunque sabía que era una adoración platónica. Sin embargo, en ese preciso momento, una sensación de frío intenso me recorrió la columna vertebral. La conocía demasiado bien.

Sentí la mirada de Kajol en mi espalda.

Era una mirada física, punzante. Sabía exactamente lo que estaba pasando por su mente. Ella era una mujer de cuarenta años, poderosa, sofisticada, mi amante y ahora mi socia. Y ahí estaba yo, hablando con una chica que tenía la mitad de su edad, con una piel que no conocía las arrugas y una mirada llena de juventud inexperta.

La mayor inseguridad de Kajol, pensé con una mezcla de diversión y precaución. La edad.

Kajol podía derribar imperios financieros y diseñar puentes complejos, pero se sentía amenazada por una novata pecosa que apenas sabía usar el software de modelado. Me giré lentamente, encontrando a Kajol observándonos desde el otro lado de la terraza. No estaba celebrando. Estaba evaluando. Estaba midiendo la distancia entre Josune y yo, y su expresión era una mezcla de furia pura y una vulnerabilidad que me rompió el corazón y me excitó al mismo tiempo.

El juego de poder acababa de volverse mucho más interesante.

Josune, con una sensibilidad aguda para la atmósfera que la rodeaba, pareció sentir la intensidad de la mirada de Kajol atravesándola como un rayo láser. Se puso rígida, su sonrisa temblorosa se desvaneció instantáneamente y sus pecas parecieron resaltar aún más sobre su piel pálida por el susto. Con un balbuceo casi inaudible y una reverencia apresurada, dejó su copa sobre una mesa auxiliar y se escabulló entre la multitud con la velocidad de un conejo asustado, buscando refugio en la seguridad del anonimato del grupo.

El peso del silencioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora