El despertar fue lento, una transición pesada desde un sueño profundo y reparador, uno de los pocos que había tenido en semanas. La luz de la mañana se filtraba por las cortinas, dibujando formas abstractas sobre la sábana desordenada. Extendí la mano hacia el lado derecho de la cama, buscando la calidez de su cuerpo, el rastro de su perfume a jazmín que anoche había impregnado hasta el último rincón de la habitación.
Mi mano solo encontró sábanas frías y deshechas.
Me incorporé sobre un codo, parpadeando para despejarme. La cama estaba vacía. La seda del camisón vino, rota y olvidada en un rincón, era la única prueba de que no había imaginado todo. Un gruñido de frustración escapó de mi garganta. Había esperado despertar y encontrarla allí, quizás con una sonrisa tímida o la mirada desafiante que tanto me fascinaba.
Me levanté, el cuerpo adolorido pero con una sensación de plenitud que hacía tiempo no experimentaba. Caminé hacia el baño, la puerta estaba abierta. Nada. Salí al pasillo, llamando su nombre en voz baja.
—¿Kajol?
El silencio de la casa me respondió. No había ni rastro de ella. Mi primera reacción fue de molestia, seguida rápidamente por una punzada de preocupación. Luego, la lógica me golpeó: ella era Kajol. Ingeniera meticulosa, con un divorcio encima y un millón de cosas por demostrar. Se había ido.
Me detuve frente al espejo del pasillo, pasándome una mano por el cabello revuelto. Me veía cansado, pero había un brillo en mis ojos que no había estado allí la noche anterior.
¿Arrepentimiento? La palabra ni siquiera cruzó mi mente. ¿Cómo podría arrepentirme de haber sostenido el universo en mis brazos? ¿De haber sentido cómo nuestras almas se incendiaban en una combustión perfecta? No, un caballero como yo no se arrepiente de amar con tanta intensidad, de proteger a la mujer que le da sentido a su existencia, incluso si ella se empeña en complicarlo todo. Ella me necesitaba, y yo había respondido. Eso era lo único que importaba.
Revisé mi teléfono. Un mensaje de ella, breve, frío, profesional: "Tenía que ir a la obra. Gracias por venir".
Una sonrisa irónica se dibujó en mi rostro. Gracias por venir. Tan Kajol.
Volví a entrar al dormitorio, sintiendo cómo la realidad comenzaba a presionarme de nuevo. El diseño de la nueva estructura de Amir, las reuniones, la vida que me esperaba fuera de este refugio de seda y pasión. Me vestí lentamente, saboreando los últimos minutos de nuestra tregua.
Salí de su casa sintiéndome renovado, pero con la mente ya trabajando a toda velocidad. El juego acababa de volverse mucho más complejo, y Pooja Bhatt —con su selfie calculada— había sido solo el catalizador. Ahora, el verdadero reto no era seducir a Kajol, sino sobrevivir a la intensidad de lo que habíamos desatado.
La ciudad de Bombay se movía a un ritmo frenético, ajena a la tormenta que se cocinaba en mi vida personal. Aparqué mi coche frente al imponente edificio de cristal y acero que albergaba SRKJ Constructora, sintiendo cómo la adrenalina de la noche anterior empezaba a mezclarse con una ligera tensión en la nuca.
Al cruzar las puertas automáticas, el aroma a café caro y el ajetreo propio de un imperio inmobiliario me envolvieron. Caminé hacia los ascensores privados, pero una voz chillona y llena de energía me detuvo.
—¡Querido! ¡Pero qué cara de "he estado pecando" traes hoy! —Karan Johar, mi socio y genio creativo del diseño de interiores, se acercó con un traje hecho a medida que probablemente costaba más que el auto de un ciudadano promedio. Su perfume inundó el vestíbulo—. Esas ojeras... ¿fueron productivas?
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El peso del silencio
FanfictionEn la vibrante ciudad de Mumbai, Kajol y Shahrukhcomparten un lazo que ha resistido las pruebas del tiempo y las complicaciones de la vida. Mejores amigos desde la adolescencia, su amistad evolucionó silenciosamente hacia un amor secreto que se ha m...
