—¿Y qué te parece? —Gauri me sonrió con esa audacia que le caracterizaba. Me acababa de presentar un proyecto impecable; tenía grandes ideas y me encantaba su enfoque vanguardista. Sonreí en aprobación, sintiendo una mezcla de alivio profesional y algo parecido a la esperanza.
—Lo sabía, te dije que puedo leer la mente de los clientes —dijo ella, saboreando el triunfo.
—Bueno, soy un cliente muy exigente y me has convencido, así que te creo. Contratada —respondí, estrechando su mano. Contratada. Sentí que estaba cerrando un círculo, intentando construir un futuro donde Kajol no fuera el único eje.
—Lo sabía, gracias —se sentó, con una confianza renovada—. Por cierto, la fiesta de Saif es mañana en la noche. ¿Iremos, verdad?
—Claro, paso por ti a las ocho —confirmé, aunque una parte de mí se sintió extraña al asumir ese compromiso. Ella se levantó y dejó un beso suave en mi mejilla antes de irse.
Me quedé solo en la oficina, el silencio de la tarde invadiendo el espacio. Mi teléfono vibró sobre el escritorio.
Kajol: ¿Podemos vernos?
El corazón me dio un vuelco. Esa mezcla de adrenalina y temor volvió a recorrer mi espina dorsal.
Khan: ¿Problemas?
Kajol: No, es solo que...
Escribiendo...
Kajol escribía y borraba. Vi el indicador de "escribiendo" aparecer y desaparecer, y esa espera me hizo sentir ansioso. ¿Qué pasaba por su cabeza? ¿Me odiaba por haberle ocultado la verdad sobre Ajay durante tanto tiempo? ¿Me necesitaba para sostenerla ahora que el mundo se le venía abajo?
Kajol: Me siento sola.
Suspiré profundamente, cerrando los ojos un segundo. Esa frase... era una grieta en su armadura, una admisión de vulnerabilidad que rara vez me mostraba. Imaginé su oficina, impecable pero fría, ella sentada allí, luciendo ese rojizo intenso en su cabello y sintiéndose devastada.
Khan: ¿Dónde estás? Voy para allá.
No lo pensé. No me importó el trabajo pendiente ni la culpa por Gauri. La necesidad de acudir a ella era más fuerte que mi propia lógica. Me levanté en busca de mi chaqueta, sintiendo que, sin importar cuánto intentara alejarme, seguía siendo su refugio incondicional.
Terminamos en el café de siempre. El aroma a grano tostado y vainilla solía reconfortarme, pero hoy se sentía pesado, cargado de la nostalgia de mil conversaciones compartidas. Había pasado por ella a su casa, encontrándola en un estado que me partió el corazón: la mirada perdida en la nada, el cabello revuelto y esa fragilidad que odiaba ver en ella. Pedimos dos cafés y un croissant que ninguno de los dos tocó realmente; el apetito era lo último que teníamos.
—Me siento muy extraña, Shahrukh —dijo, rompiendo el silencio, con la voz apenas en un susurro, mirando su taza como si allí residiera el destino de su matrimonio.
—¿Por? —pregunté, aunque sabía la respuesta. Necesitaba que ella lo verbalizara, que soltara esa carga para poder ayudarla a cargarla.
—El divorcio. Todo esto... se siente tan definitivo.
—Bueno, es un sentimiento raro, la separación —intenté sonar lógico, analítico, como ella solía hacerlo—. Nunca sabes qué esperar... Pero, tal vez sea algo que puedes tomar positivamente. Una oportunidad de reinvención.
Mientras intentaba animarla a liberarse, una parte de mí se sentía culpable. Me torturaba pensar que ella buscaba en ese divorcio una señal de Ajay, no una nueva vida conmigo. Llevaba años convenciéndome de que ella solo me veía como su refugio, su amigo incondicional, y que nunca habría nada más.
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El peso del silencio
Fiksi PenggemarEn la vibrante ciudad de Mumbai, Kajol y Shahrukhcomparten un lazo que ha resistido las pruebas del tiempo y las complicaciones de la vida. Mejores amigos desde la adolescencia, su amistad evolucionó silenciosamente hacia un amor secreto que se ha m...
