Kajol

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Al ver a Shahrukh tan extraño, con esa palidez mortal y la mirada perdida, me dispuse a seguirlo. No fue al baño, los baños estaban en el segundo piso. Él bajó a la primera planta, y al verlo detenerse en seco entre la multitud, me di cuenta de lo que pasaba: Ajay estaba allí.

—No me toques... —siseé cuando él intentó acercarse a mí para retenerme, evadiéndolo por completo. Bajé las escaleras a zancadas, sintiendo cómo el corazón me golpeaba las costillas, y vi a Ajay. Hicimos contacto visual por un segundo. Ese segundo fue suficiente para destruir veinte años de mi vida.

—¡Kajol, espera! —se acercó, con esa voz de fingida inocencia que tantas veces me creí—. ¡Kajol, no es lo que piensas! ¡Te juro que solo estoy acompañando a Aamir! ¡Es un negocio! —gritó Ajay, tomándome del brazo con demasiada fuerza.

—No. Tú menos. Tú ni te aparezcas en la casa, Ajay. Ya no tienes casa —dije, con una voz que no reconocí, fría como el hielo.

Salimos entre forcejeos a la calle, bajo las luces de neón del estacionamiento. Yo solo quería mi auto para huir, para desaparecer, pero Ajay estaba haciendo difícil el que yo pudiera pasar.

—Te perdono todo, Ajay... menos esto. Esto no. No de nuevo —las lágrimas empezaron a quemarme los ojos, rabia pura mezclada con un dolor insoportable.

Miré a Shahrukh, que estaba a pocos metros, paralizado. Shahrukh, en un arranque de furia cobarde, empujó a Ajay obligándole a soltarme.

—¡Shahrukh, no! —grité, viendo cómo Khan se tensaba, a punto de saltarle a la yugular. Lo sostuve por la chaqueta, no por defender a Ajay, sino para evitar una tragedia.

—¡Tú no te metas, perdedor! —le gritó Ajay a Shahrukh, empujándolo de regreso. Khan tambaleó y me empujó un poco hacia atrás—. Me tienes cansado, Khan. Todo el tiempo detrás de mi mujer. ¿No te aburres de ser su perrito faldero?

Busqué las llaves de mi auto en mi bolso, temblando. Sabía que Shahrukh y Ajay iban a terminar peleándose a puño limpio, y era preferible salir de ahí antes de que alguien terminara muerto.

—¿Te gusta mi mujer o eres maricón como tu amigo Karan Johar? —lanzó Ajay, con una sonrisa cínica, refiriéndose al socio de Shahrukh.

El golpe de Shahrukh fue seco, rápido y brutal. Ajay cayó de espaldas al suelo, con la sangre empezando a brotarle de la nariz.

—¡Hijo de perra! —rugió Khan, avanzando hacia él.

—¡Basta! ¡No! —grité, viendo a Ajay levantarse como un animal herido, dispuesto a regresarle el golpe.

—¡A ver, sé hombre, pues! ¡Dile a tu amiguita lo que eres en realidad! —gritó Ajay, limpiándose la sangre, con una mirada loca—. ¡Dile que llevas veinte años esperando que te haga caso!

Shahrukh no dijo nada. Solo apretó la mandíbula con tanta fuerza que pensé que se rompería los dientes, conteniéndose para no terminar de matarlo allí mismo. Ajay me tomó del brazo otra vez y me giró violentamente para obligarme a ver a Shahrukh.

—Díselo, Khan. Dile cómo tú eres el que le compra los regalitos de aniversario, los de San Valentín y todas esas mariconadas que haces. Dile que no eres su amigo, dile que solo quieres meterla en tu cama, igual que yo a la rubia de ahí dentro.

Mi rostro se desencajó. Ya estaba llorando, pero las lágrimas se atoraron en mi garganta, secas y dolorosas. Shahrukh no quería mirarme, solo miraba a Ajay mientras apretaba los puños. Mi matrimonio nunca fue real. No me casé con un hombre, me casé con un monstruo.

—¡Mierda, deja de decir estupideces, Ajay! —gritó Shahrukh, por fin rompiendo el silencio.

—¡Kajol, cariño! —Ajay me giró de nuevo para verlo, ignorando el dolor de mi brazo—. Si de alguien es la culpa de que este matrimonio fracasara, es tuya. ¡Es de los dos! Yo no puedo vivir sabiendo que hay un hombre que te ama más que yo, y que tú lo necesitas más a él.

El peso del silencioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora