Kajol

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La reunión con los Bachchan fue todo un éxito. Para Shahrukh, obviamente.

Su proyecto fue aprobado. Lo supe porque mi jefe, Aamir, salió pateando la puerta de la sala de juntas con una furia contenida que hacía vibrar las paredes, y casi le tira el folio de planos a su equipo de diseño al pasar. Le envié un mensaje de felicitación inmediato, sabiendo perfectamente que le iba a doler.

Kajol: Aamir tiene cara de culo, ¡felicidades! :)))

Khan: Yo también estoy de malas. Vamos a trabajar juntos.

Kajol: Ay no... qué tristeza... esto va a ser un infierno.

¡NO, NO, NO! Cuando esos dos genios se juntan es horrible. Aamir me odia porque soy la mejor amiga de su peor enemigo arquitectónico, y Shahrukh me encuentra molesta —o más bien, se pone insufrible— porque trabajo para Aamir. Estoy atrapada en medio de sus peleas de egos, explotada por mi jefe y sin mi mejor amigo para desahogarme.

Khan: No es una tristeza, es una reverenda estupidez. Mi trabajo era mucho mejor, más completo.

Kajol: Lo sé, eres el mejor.

Mentira. Bueno, no del todo. Vi el trabajo de Aamir y su equipo; era económicamente menos costoso y más pragmático que el de Shahrukh. Ambos son brillantes, pero juntos son una bomba de tiempo. Aamir es un genio evaluando costos, arma trabajos de bajo presupuesto justos y necesarios; sus diseños no son sobrepensados ni muy elaborados, pero cumplen con el objetivo financiero y estructural. Shahrukh es Miguel Ángel; quiere construir una Capilla Sixtina en cada trabajo, sin importar el presupuesto. Todo lo que hace es arte, una belleza arquitectónica, pero son demasiado costosos. Ninguno cede.

Khan: Estoy frustrado. Mi equipo se esforzó mucho por ese hotel. Era nuestro.

Kajol: Lo sé, cariño, lo siento. Aamir y Amitabh no saben lo que hacen...

Adula su ego, está herido, es como un niño pequeño al que le quitaron un juguete. Dale amor hasta que se tranquilice, o no hará lo que quiero: acompañarme a la cita con mis amigas y salvarme del bullying social.

Khan: Verdad. Tengo que ir contigo esta noche, ¿no?

Kajol: Si no quieres ir, está bien. Lo entenderé. ¿Quieres que vaya a verte y te compre un helado?

Khan: No me estoy muriendo, Kajol. Si voy, pasa por mí a las ocho, no tengo ganas de usar mi auto y lidiar con el tráfico.

Kajol: Oki. Y tranquilízate. Ya has pasado por esto. Trata de llevar la fiesta en paz. Aamir es un cabeza de bola, pero es igual de perfeccionista que tú. Intenta mirar su punto también, cariño.

Dile una verdad incómoda, agrega "cariño" o algo de afecto, así parece que no le quieres decir que deje de hacer un maldito berrinche de una vez.

Khan: (Fuera de línea)

—Claro, ignórame. ¡Bruto! —murmuré para mí misma, cerrando el chat.

—¡Kajol! —escuché la voz de Aamir llamándome desde su oficina y levanté la cabeza del teléfono con fingida inocencia—. Ya debes estar contenta, ¿no? Tu amiguito y yo tenemos que trabajar juntos en el hotel de los Bachchan.

En realidad, no. ¿Qué hice ahora?

—¿Cómo así? El nuestro era muy bueno, Aamir... —Mismo juego, aprendido en el manual de supervivencia corporativa.

—¡Lo sé! ¡Pero tú, no hiciste nada para asegurar que ganáramos!

—¿Yo? ¡Yo hice lo que me pediste! Revisé las estructuras, todo estaba bien. No soy maga.

El peso del silencioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora