Me quedé parado frente a ella, observando cómo sus ojos evitaban los míos, como si fueran esquivas a un juego incómodo. Mi corazón latía con fuerza, ansioso por escuchar esas palabras que mi mente temía. Habíamos compartido mucho, décadas de complicidad, pero en ese momento, el silencio pesaba más que cualquier conversación que hubiéramos podido tener. La habitación aún olía a ella, a nosotros, a una noche que había construido con esperanza desesperada, pero que ahora se desmoronaba.
Las palabras que pronunció resonaron en mi mente como un eco desgarrador.
—Me siento sucia —dijo, con una expresión que no intentaba lastimarme, pero mis oídos solo captaron el eco de las palabras. Sucia. ¿Sucia por hacerme el amor? ¿Sucia por disfrutar conmigo?
En ese instante, sentí un nudo en el estómago y mi pecho se apretó, como si alguien hubiera apretado con fuerza mis emociones. El aire se volvió pesado. Traté de mantener una expresión serena, una máscara de indiferencia profesional que he perfeccionado durante años, pero mi mirada traicionó mi verdadero sentir. Quizás, durante todo este tiempo, había alimentado la esperanza de que sus sentimientos coincidieran con los míos. Quizás la tía Tanuja tenía razón y yo era un estúpido por esperar. Pero ahora, frente a la realidad, crudamente inesquivable, esa esperanza se desvanecía como una ilusión efímera.
Intenté asentir como si todo estuviera bien, pero por dentro, la decepción comenzaba a filtrarse, fría y amarga. ¿Cómo podía reprimir esa sensación de pérdida cuando, en realidad, ella nunca había sido mía? Era como si se hubiera desvanecido una posibilidad que nunca llegó a ser, pero que había sido tan vívida en mi mente desde que decidí esperarla tras su matrimonio con Ajay.
Mientras trataba de digerir sus palabras, me esforzaba por encontrar las mías, sintiendo la necesidad absurda de justificar lo que habíamos hecho, de pedir perdón por amarla tanto.
—Lo siento —respondí, luchando por enmascarar la incomodidad, por no gritarle que no era un error, que era lo único correcto que habíamos hecho en años.
Sin embargo, sabía que las cosas entre nosotros ya no serían las mismas. La línea que separaba la amistad de algo más se volvía más definida en ese instante, y yo me quedaba en el lado equivocado. La decepción de la tía Tanuja al saber que no me casaría con Kajol, el miedo de perder a Gauri por esta locura, y la frialdad con la que Kajol intentaba borrar la noche anterior se mezclaban en un cóctel insoportable.
Me miró suplicante, pidiéndome que me vistiera, que me fuera, que olvidara que había sido la mejor noche de mi vida. Me pasó su camisa —mi camisa— y la tomé, sintiendo su aroma una vez más. Me retiré al baño sintiéndome el hombre más patético del planeta.
Al salir, ya vestido, me senté en la cama, mirando hacia la ventana, sin poder sostenerle la mirada. Sentía una mezcla de rabia y una tristeza profunda que amenazaba con quebrarme.
—Esto es mi culpa, perdóname, no debí hacerlo —dijo ella con sinceridad, y esa frase dolió más que cualquier insulto.
—Estábamos ebrios, es culpa de ambos —dije sin mirarla, con la voz plana, desprovista de la calidez habitual. La decepción se filtró en mi tono, decepción de que ella necesitara escudarse en el alcohol para negar lo que sentía.
Asentí, dejando que ella se pusiera la camisa, y me fui. Me fui con la sensación de que, al intentar ganar su amor, había terminado de perder su amistad. Ahora solo quedaba enfrentar a Gauri y tratar de remendar los pedazos de mi vida, mientras Kajol probablemente se reía de todo esto con sus amigas en ese grupo de WhatsApp que tanto detesto. Yo estaba en el lado equivocado, y no sabía cómo cruzar de vuelta.
...
El apartamento se sentía inmenso y vacío, un reflejo exacto de cómo me sentía por dentro. Había pasado las últimas horas mirando por la ventana, con el sabor de Kajol aún en mis labios y la culpa devorándome el alma. El sonido del timbre me sobresaltó. Eran Preity y Salman. Sabía que venían a buscar respuestas, pero no estaba seguro de tener la fuerza para darlas.
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El peso del silencio
Fiksi PenggemarEn la vibrante ciudad de Mumbai, Kajol y Shahrukhcomparten un lazo que ha resistido las pruebas del tiempo y las complicaciones de la vida. Mejores amigos desde la adolescencia, su amistad evolucionó silenciosamente hacia un amor secreto que se ha m...
