Para Lauren, vivir en Nueva York no era precisamente un sueño. La ciudad era preciosa, si, pero quizá demasiado grande para la chica, que sin duda prefería los núcleos pequeños y manejables. Ya hacía algunos meses que se había mudado a la Gran Manzana, en la que había alquilado un pequeño estudio situado en una estrecha callejuela del Bronx. No era el mejor de los barrios, pero ella siempre había sido una chica de calle por lo que no le sorprendía nada de lo que podría encontrarse allí.
Sus padres no apoyaban del todo su idea de vivir la vida así, sin más, de lanzarse a lo que surja sin que importasen el resto de cosas pero decidieron ayudarla un poco para empezar. Los estudios no habían sido su fuerte, era inteligente a rabiar pero pensaba que la vida era demasiado corta como para malgastarla en eso.
Su vida era cualquier cosa menos tranquila, entre semana sus tardes alternaban pasear a los perros de raza de una señora de Queens y ordenar libros en una modesta biblioteca del mismo barrio. A veces, los fines de semana su tía la llamaba para cuidar de sus hijos pequeños y entre todas estas actividades, Lauren conseguía reunir el dinero suficiente para pagarse el alquiler.Así, el único momento que tenía libre era la mañana, y le gustaba ir a una pequeña cafetería del centro y sentarse junto a la ventana a leer libros que sacaba de la biblioteca. Le gustaba mirar a través del cristal y ver a la gente pasar, ajetreados, de arriba a abajo. Se planteaba qué pasaría por la mente de todos y cada uno de aquellos individuos y después se sumergía de nuevo en sus libros. Solía leer a Jane Austen, Charlote Brönte y a veces hasta Lord Byron, pero no se limitaba a autores concretos, ella nunca rechazaría una buena novela viniese de quién viniese.
Aquel día, en vez de mirar por la ventana, lanzó una mirada de reojo hacia la camarera. Era una chica amable, siempre le sonreía a pesar de que ella no mostraba simpatía y tenia ciertos rasgos aniñados que le resultaban interesantes. Camila, -de la cual conocía el nombre gracias a la placa- solía llevar enormes lazos en la cabeza y jamás respondía a ningún cliente de mala gana. Parecía que nunca tenía días malos y a Lauren le resultaba digno de admirar.
Sacudió rápidamente la cabeza, ya había observado a aquella chica más de lo debido así que vuelve los ojos a las páginas amarillentas del ejemplar de "Jane Eyre" que tenía entre manos.
Finalmente, termina el capítulo que estaba leyendo, da un último sorbo a su café, dejando el vaso completamente vacío y cierra el libro, guardándolo en su bandolera lista para empezar el día.
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En el corazón de Manhattan (Camren)
FanfictionCamila Cabello quiere vivir el sueño americano a toda costa. Trabaja en una cafetería situada en pleno centro de la Gran Manzana, tiene un novio de revista y un enorme talento. Lauren Jauregui, la chica de los ojos verdes, por el contrario, se refug...