No quería arreglarse en extremo para el partido, quería estar guapa, si, pero tampoco pasarse con la ropa. Un vestido blanco suelto le pareció la mejor opción, sencillo pero bonito. El color resaltaba bastante con el tono de su piel y de sus ojos, y a pesar de no proponérselo, estaba espectacular. Stark pensó justo lo mismo al llegar a su casa a recogerla. Vivía en una modesta casita de Brooklyn, era un lugar tranquilo y asequible. Cuando el chico llamó a la puerta ella bajó las escaleritas, radiante, con muchas ganas de ir a ese partido. Él la agarró por la cintura y la besó, sin prisas. Había cambiado su camiseta de los Lakers por una de los Bulls y llevaba una beisbolera azúl y blanca sobre esta.
-Estás preciosa -dijo, mirándola absorto.
Ella paseó su mirada por el joven y le apartó un mechón de pelo rubio de la cara.
-Tú tampoco estás nada mal. -respondió ella en tono burlón.
Ambos se dirigieron después al Madison Square Garden en el pequeño escarabajo de Stark, al que no tardaron más de media hora en llegar. Tuvieron que esperar una buena cola, aunque no se les hizo pesado en absoluto. Él hablaba sobre quién ganaría y ella ni paraba de intentar adivinar a qué famosos vería, así que antes de darse cuenta ya estaban dentro del estadio, sentados en las gradas y con un cubo enorme de palomitas que el chico había comprado.
Los Bulls no tardaron demasiado en aventajarse, lo que hacía a Stark vitorear y gritar constantemente animando a los jugadores. Camila, por su parte no apartaba los ojos del palco, buscando entre las personas allí sentadas alguien de su interés. Iba a darse por vencida, pero entonces le vió.
Agarró el brazo de Stark con fuerza debido a la emoción y chilló:-¡Dios mio, es él! ¡Es Ed!
El chico la miró, confundido, pero no tardó en darse cuenta de lo que estaba pasando. Era Ed Sheeran, uno de los cantantes favoritos de Camila. Ella empezó a repetir cien veces que no podía ser cierto, que estaba viendo a Ed. Stark la rodeó con el brazo, le encantaba verla así de emocionada, y por unos momentos dejó de concentrarse en el partido solo para concentrarse en cómo sonreia Camila. Parecía una niña pequeña y él estaba terriblemente enamorado de ella.
Cuando acabó el partido la felicidad fue algo mutuo. Los Bulls ganaron por soberana diferencia y Camila había visto a su idolo. El tema de conversación en el coche giró en torno a eso casi todo el trayecto, los dos jóvenes comentaban emocionados lo que había pasado como si fueran un par de críos, y cuando Stark la dejó en casa y por fin se tumbó en su cama sonrió ampliamente, cerrando los ojos.
Había sido una noche maravillosa.
Después esa sonrisa desapareció por un momento al recordar que no le quería como él se merecía y eso la hacía sentir demasiado culpable.
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En el corazón de Manhattan (Camren)
FanfictionCamila Cabello quiere vivir el sueño americano a toda costa. Trabaja en una cafetería situada en pleno centro de la Gran Manzana, tiene un novio de revista y un enorme talento. Lauren Jauregui, la chica de los ojos verdes, por el contrario, se refug...