Tras su pequeño ritual de relajación en la cafetería, salió de esta y su enorme moto negra azabache la estaba esperando, encadenada tal y cómo la había dejado. Era una Harley Davidson que pertenecía a su padre, no había sido un regalo si no más bien un préstamo. Se enfundó el casco también negro en la cabeza y puso rumbo a Queens, aquel día le tocaba pasear perros. Compraría un sanwich por el camino que le valdría como almuerzo y por la noche en su estudio se prepararía una buena sopa, hacía un frío considerable en Nueva York y le apetecía mucho cenar algo caliente.
Adoraba como el aire golpeaba su rostro mientras conducía la moto, la hacía sentir libre y poderosa, como si controlase todo lo que había a su alrededor.
No tardó demasiado en llegar a casa de la señora Cooper, que la esperaba tumbada en una hamaca en el césped del jardin con sus dos enormes caniches ladrando y saltando a su alrededor. La mujer, que rozaría vagamente los cincuenta se levantó a saludarla y ató a sus dos perros en una correa rosada, tendiéndole el extremo de esta a Lauren.-Han comido demasiado, así que quizá tengais que paraos varias veces. -dice la señora Cooper con una sonrisa.
Lauren intenta sonreir de vuelta, pero la idea de pararse varias veces a recoger excrementos de perro no le resultaba especialmente atractiva. A pesar de eso hace un esfuerzo por mostrar un atisbo de sonrisa y agarra la correa que Cooper le tendía.
-Volverán como nuevos, no se preocupe.
Y con esas palabras, se despide y comienza a andar por las aceras de Queens. Le parecía un barrio bonito, las casitas adosadas y el césped eran de ensueño, pero ella jamás podría permitirse vivir en un sitio como ese así que sacude la cabeza y se centra en los perros, que de vez en cuando la miraban con sus ojillos ingenuos.
-¿Cómo dejais que os pongan esto? -pregunta a los animales, acariciando el lomo de estos. Su dueña los vestía con unos inquietantes trajes del mismo rosa que la correa.
No tardó demasiado en consumir la hora y media que duraban aquellos paseos. En el fondo le agradaban, se distraía y los dos caniches en realidad le resultaban incluso adorables, aunque ella jamás admitiría eso en voz alta. Los devolvió a su hogar transcurrido el tiempo necesario y Cooper le dió los veinte dolares correspondientes que eran sin duda de agradecer para alguien que no estaba precisamente sobrada de recursos.
Se encaramó en su moto de nuevo, le quedaba un buen trecho hasta el parking donde la dejaba, ya que un ejemplar así no podía aparcarlo en las calles del Bronx, no duraría ni media noche.
Con las manos en los bolsillos, su bandolera al hombro y los cascos en los oídos, caminaba por una de las calles cercanas a su casa, pisando los charcos que la lluvia había formado para distraerse un poco cuando de repente, un fuerte tirón de su bandolera la obliga a frenarse.
Le ve de frente, el hombre no llegaría a los treinta y estaba absolutamente rapado. Su mirada fría no se apartaba de la bandolera de Lauren. Él tiró pero ella no iba a dejarle llevársela tan fácilmente por lo que intenta contrarrestar su esfuerzo, haciendo que la correa se rompa en el acto y él consiga con éxito su objetivo. Para evitar que Lauren atacase de nuevo, el ladrón le propicia un fuerte codazo en el costado que hace que la morena se retuerza y caiga al suelo al momento, ahogando un grito cuando su pómulo golpea el asfalto. Él corre como si se le fuese la vida en ello y Lauren sabe a ciencia cierta que no recuperará nada de lo que había allí.
Se lleva la mano al pómulo cuando consigue incorporarse, y no se sorprendió de ver la sangre que brotaba de este. A pesar de ello, sonríe soberbia al mirar a su atacante correr a lo lejos. Ella, como buena chica de barrio había sido más lista. El dinero y las llaves de su apartamento descansaban en los bolsillos de su pantalón. Por el contrario, el joven atracador solo encontraría el par de novelas que la chica había sacado de la biblioteca.
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En el corazón de Manhattan (Camren)
FanfictionCamila Cabello quiere vivir el sueño americano a toda costa. Trabaja en una cafetería situada en pleno centro de la Gran Manzana, tiene un novio de revista y un enorme talento. Lauren Jauregui, la chica de los ojos verdes, por el contrario, se refug...