Capítulo 11: Lazos

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Cuando Fhias despertó, vio que se hallaba en una celda oscura y asquerosa con paja en el suelo. Se fijó en que llevaba puestos una especie de grilletes negros que le resultaban asfixiantes, aunque no sabía por qué.

Buscó su varita, pero no la encontró. También le habían requisado todas sus pociones y demás artilugios mágicos.

La joven resopló. El recuerdo de por qué estaba allí la había hecho resoplar: Juy había dejado caer la varita, los hechizos se habían roto y un guardia la había dejado inconsciente. Desastre tras desastre, vaya.

De repente, Fhias oyó pasos procedentes del pasillo. Cuando el dueño de los pasos entró en su campo de visión, Fhias se sorprendió al ver que era el mismo muchacho que les había ayudado a entrar a la fortaleza a escondidas. Llevaba un gran manojo de llaves negras en una mano.

Se paró delante de su celda y abrió los diez candados con las llaves que llevaba. Luego abrió la puerta de la celda y entró, mientras Fhias lo observaba con desconfianza. Ya no sabía si se podía fiar de él.

-Escucha, yo...Bueno, ahora ya no tengo más remedio que traicionar de forma pública a Nurcuam. Te voy a liberar, aunque eso signifique que Nurcuam querrá ejecutarme- le susurró Lorcan a Fhias.

- ¿Seguro de que quieres eso?- le preguntó Fhias- Podría arruinarte la vida.

- Bah, me da igual. Mi vida está arruinada si sigo trabajando para Nurcuam, así que pensándolo bien estoy intentando enderezar mi camino.

- Bueno, pues libérame ya, no lo alargues más- musitó Fhias, ansiosa por salir de la celda.

Lorcan agarró el manojo de llaves y escogió una que era diminuta y gris. Se acercó a la joven y le cogió la mano derecha, que estaba atada a la pared con una cadena. Metió la llave en el candado, la giró y ¡clic!, Fhias era libre.

- ¿Y los grilletes?- preguntó la joven enseñando los antebrazos.

- Ah, es verdad.

Una vez Fhias estuvo liberada, Lorcan y ella salieron con máximo sigilo de la fortaleza. Les costó lo suyo eludir a los guardias, pues Lorcan no quería enfrentarse a nadie, pero finalmente lograron llegar a la linde del bosque y ocultarse en la espesura, sintiéndose a salvo.

Y entonces apareció Harchye, solo que borroso y como en un tono amarillento. Le dirigió a Fhias una mirada, y para la muchacha fue como si una garra de hielo oprimiese su corazón. No podía ser...No debía ser.

- ¿Harchye?- preguntó con voz temblorosa.

- Sí, Fhias- dijo el aludido, con voz como muy lejana- He completado mi misión, pero no puedo quedarme con vosotros más tiempo...

- ¡Sí que puedes!- sollozó Fhias- Eres lo único que tenemos Juy y yo. No puedes abandonarnos ahora.

- No os abandono. Ya os he enseñado lo que teníais que saber, y he cumplido mi misión, y ya es mi hora. Nada es eterno, Fhias, y yo no soy una excepción.

- Pero...- intentó replicar.

- Pero ahora es vuestro turno de enseñar al mundo a usar el don de la magia. Ahora es vuestro turno de salvar Norüem, Fhias...

Y, diciendo esto, la imagen de Harchye empezó a ascender, a ascender...Hasta perderse en el cielo resplandeciente por la energía élfica liberada.

⚜⚜⚜

- ¡No me digáis que han logrado escapar!- gritó Nurcuam a dos de sus guardias.

-Señor, eran unos hechiceros poderosos...- se excusó un soldado, bajando la vista.

La Llamada del BosqueHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora