¡La secuela de "Se cuenta que siempre dicen la verdad" que tanto pidieron! Que la disfruten.
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Simón supo, desde el preciso momento en que empezó a recuperar la consciencia, que se sentía como la mierda.
El puro acto de despertar ya era como tener que arrastrarse por el fango para volver al mundo de los vivos. La cama parecía estarse moviendo, pero de seguro solo era él. Su boca se sentía completamente seca, y el sabor que tenía, un resto rancio de lo que fuera que había consumido la noche anterior, casi le dio nauseas.
No quería abrir los ojos. Ya estaba full despierto, lo que significaba que se daba cuenta de que estaba enfrentando una resaca malísima, y el instante en que la luz del sol hiciera contacto con sus ojos, el dolor de cabeza que apenas estaba consiguiendo mantener a raya lo iba a golpear como un camión.
Lamentablemente, tenía responsabilidades, léase su trabajo, y después de encontrarse abruptamente sin techo, no tenía ganas de que Gary lo echara de su fuente de ingresos también.
Así que, lentamente, y muy a su pesar, Simón abrió los ojos.
Y se quedó en pausa.
...¿Qué?
Ahora, dado lo recientemente que se había quedado sin casa, no había tenido tiempo para familiarizarse mucho con su cuarto de invitados, pero podría haber jurado que las paredes no eran rosas. Las cortinas eran de un color crema, no este negro oscuro, estaba segurísimo. ¿Y qué clase de persona pondría grafitis y panfletos en la pared de un cuarto de invitados?
Miró a su alrededor y—
No.
Simón se sentó sobre la cama, lo cual lo llevó a un gesto de dolor por cómo le martilló la cabeza al moverse, pero no tenía tiempo de concentrarse en eso porque él conocía este cuarto. Aun si estaba algo cambiado, lo conocía, sabía de quién era, y—
Nononono, no mames...
Tenía que estar dormido, tenía que ser un sueño. No podía ser que de verdad se acababa de despertar después de una noche de borrachera en una cama que no era la suya— ¡Él no era así!
Simón Álvarez, ¿qué vergas hiciste?
Se checó rápidamente. Estaba vestido— Gracias a dios. No había forma de que hubiera hecho algo y se hubiera vestido después, ¿no? No tendría sentido. Si fuera solo una playera y sus boxers quizás, ¿pero por qué rayos se pondría de nuevo los pantalones?
Dios, no podía creer que siquiera tuviera que pensar estas cosas.
Un sonido a su derecha llamó su atención y su corazón dio un salto cuando vio a Ámbar aparecer desde su baño privado. Ella se detuvo en el arco de su closet cuando lo vio despierto. Sus miradas quedaron prendadas desde lados opuestos de la habitación.
Ella estaba en un camisón negro, descalza, sin maquillaje. Su cabello seguía un poco desordenado por la almohada y a Simón se le apretó el corazón. Cualquier otro pensamiento desapareció momentáneamente de su cabeza. Se veía tan... suave. Tan simple y natural como una persona podía llegar a verse. Él nunca la había visto así. Era un nivel de domesticidad que no se había atrevido a imaginarse nunca.
Bueno, ¿y qué esperabas? Estás en su cuarto. EN SU CAMA.
"Buen día", Ámbar dijo en una voz pequeñita. Había algo inseguro en su expresión, en la forma en que lo miraba.
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Historias Cortas Simbar
FanfictionColección de todos mis oneshots y drabbles, ¡ahora en ESPAÑOL! La mayoría son family friendly, pero hay algunos que no, por eso el 'contenido adulto'. Mejor avisar.