Todos saben lo que pasó después de esa rosa blanca.
Solo era cosa de ponerlo por escrito.
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"Quiero..."
"...Yo quiero lo mismo."
Los dos se rieron ante la falta de palabras, pero ya no hacían falta, los dos sabían lo que significaba ese silencio— Simplemente querían todo. Querían vivir todo tipo de cosas juntos, por todo el tiempo que pudieran.
Después de todo lo que habían pasado, solo estar así, al fin juntos, se sentía tan maravilloso que no podían dejar de sonreír.
"Ven pa acá, tú", le dijo Simón y la envolvió en un abrazo.
Ámbar le rodeó el cuello y apoyó su mejilla en su hombro. Cerró los ojos y absorbió este momento, esta sensación de su calor rodeándola. Había un dejo del aroma de las flores en todo su alrededor, pero era el olor de él el que quería respirar para siempre.
Simón no podía creer lo bien que se sentía tenerla en sus brazos. Al fin, lo que se había imaginado un millón de veces, se había vuelto realidad.
Antes de que pudiera acostumbrarse demasiado y rehusarse a dejarla ir, Simón se separó y se paró al lado de ella.
"¿Me permite acompañarla a su habitación, señorita?" Dijo ofreciéndole su brazo.
"Ay, por supuesto, caballero, muchas gracias", respondió Ámbar en el mismo tono elegante, tomando su brazo.
Los dos se rieron otra vez, tan felices que era como si flotaran. Mientras subían las escaleras, Ámbar de repente se detuvo.
"Pará, hay que recoger estos pétalos", dijo mirando los rastros de rosas blancas que estaban esparcidos por los escalones hasta su habitación.
"Yo al rato lo hago, no te preocupes", él la tranquilizó, y continuaron su camino hacia arriba.
Ámbar agarró la rosa que había dejado sobre la mesita del pasillo. Se la quería quedar. Cuando llegaron a la puerta de su cuarto, ella desenganchó su brazo del de Simón y tiró la manilla. Adentro estaba oscuro excepto por la luz dorada de su lámpara de noche.
Dejó la puerta abierta detrás de ella. Los dos se quedaron mirándose, sabiendo que esta era la parte en que se tenían que separar.
Simón suspiró.
"Bueno... Buenas noches, Ámbar."
"Buenas noches", ella murmuró de vuelta. Pero ninguno se movió.
Sus cabezas se inclinaron, atraídas por la órbita del otro. Fue un beso suave y lento, corto, pues las manos de Simón apenas alcanzaron a rozar su cara antes de que hubiera terminado.
Los dos se separaron y abrieron los ojos. Una risita escapó de sus bocas.
"Okay, ahora sí deberíamos ir a dormir", dijo Simón.
"Sí, ¿no?" Respondió Ámbar, igual de divertida.
Los dos se miraron. Sus sonrisas cayeron, laxas. Sus ojos bajaron a sus labios.
Sucumbieron a su llamado de nuevo, esta vez por unos segundos más. Simón tomó su rostro en sus manos. Ámbar colocó las suyas en su pecho. La rosa quedó entre sus corazones.
Sus bocas se separaron despacio, con renuencia. Ojos cafés miraron azul mar.
"Okay, ahora", dijo Simón.
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Historias Cortas Simbar
Hayran KurguColección de todos mis oneshots y drabbles, ¡ahora en ESPAÑOL! La mayoría son family friendly, pero hay algunos que no, por eso el 'contenido adulto'. Mejor avisar.