Las mañanas de los Uchiha.

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Sasuke giro en la cama y lo primero que vio al abrir los ojos, fue el cabello rosado de su esposa desparramado por la cama y almohadas. Sus labios estaban entreabiertos, sus ojos cerrados dejándole ver lo largas de sus pestañas, Kami-sama, era tan hermosa.

Dejo que se escapara en sus labios una pequeña sonrisa, solo con estar a su lado, era feliz.

Unos segundos después, esa mueca dulce, cambio a una de travesura. Sakura dormía de lado, con un ligero vestido como pijama, propio de los climas de verano; por la pose en la que dormía, y no traer puesto un corpiño, sus senos sobresalían, viéndose extremadamente provocativos.

Con cuidado de no despertarla, la giro, dejándola boca arriba, y se coloco encima de ella. Esa mujer provocadora, bufo en su mente cuando, aun dormida, ella lograba excitarlo tanto.

Bajo su boca y comenzó a besar, morder y chupar su cuello. Aun dormida, la mujer reaccionaba a sus caricias, comenzando a gemir en sueños. Suavemente deslizo el bretel derecho, dejando su seno al aire. Benditos sus tres hijos, que luego de haberle robado a su mujer por casi dos años, por fin la tenia devuelta, y ahora con unos pechos tan libidinosos.

-Sasuke-kun- gimió en sueños mientras su esposo jugaba con su boca en sus pechos.

Sonrió con soberbia, que ella aun dormida quisiera su nombre lo lleno de orgullo. Descendió sus caderas también, comenzando a apretar su erección contra el centro de ella. Kami, aun en sueños podía hacer esas muecas tan existentes.

En algún punto, sus ojos se abrieron, y una sonrisa creció en sus labios, amaba cuando Sasuke la despertaba así, pero poco le duro la felicidad, rápidamente fue remplazaba por una mueca de pasión. El travieso morocho había colado dos dedos en su interior, que por lo mojada que se encontraba, se deslizaron dentro de ella de forma muy placentera.

-Sasuke-kun- gimió en voz alta.

-Shh, despertaras a los niños- sonrió con maldad, porque a propósito, comenzó a masajear su clítoris también.

-Por favor... Dentro... Te quiero dentro- excitada, rogaba.

-Quiero disfrutar esto dulzura, desde que tengo que compartirte, es difícil tenerte toda para mi- volvió a besar tu cuello, disfrutando los sonidos que salían de los labios de ella.

Así la tuvo varios minutos, saboreándola, cuando gimió alto, llegando a su primer orgasmo de la mañana. Sasuke entonces decidió que era suficiente tortura, lentamente, entro en ella. Joder, estaba tan caliente y apretado.

-Amo estar dentro de ti- le susurro en el oído, para luego morder el lóbulo de la oreja.

Sasuke estaba en una bruma de lujuria y placer, amaba como él la tocaba, era brusco pero cuidadoso a la vez, lo que la volvía loca. No podía parar de suspirar y gemir, tener sexo siempre era placentero y exaltante, eso sin mencionar que su esposo nunca fallaba en hacerla llegar a su orgasmo.

El bombeo de él los llevo a culminar, ambos gimiendo y terminando en un beso caliente.

.

Sentado en el comedor, tenia a sus tres hijos en sus respectivas sillitas para bebes. Los tres niños, tenían sus cabellos negros despeinados, propios de acabar de despertarse. A sus dos años eran absolutamente adorables, como pequeños muñecos.

Raito estaba quieto, como siempre era muy tranquilo y serio, miraba con atención al plato que su padre tenia en manos, él sabia que eran panqueques, amaba los panqueques de su madre, por lo que estaba atento a que hacia el mayor.

Itachi, por el contrario, tenia sus ojitos negros en la pelirosa, que cocinaba dándole la espalda a ellos, para luego enfocarlos por un breve momento en su padre y la comida en sus manos, y luego volver a su madre.

Finalmente, Mikoto tenia un gran puchero, sus ojitos negros miraban a su progenitor, expectante.

-Raito, las reglas del clan- ordeno Sasuke.

-Proteged Oka-chan, Proteged el clan, proteged Konoha- el niño respondió rápidamente, era fácil, un orden que su padre les repetía a diario. Su respuesta correcta conllevo a obtener su precio, un bocado de panqueques.

-Itachi- ahora se dirigió al segundo.

-Oka-chan, clan, Konoha- mas resumido, pero igual de correcto. También recibió su porción de panqueques.

Ahora venia la parte mas difícil.

-Mikoto- la llamo, pero ella negó con la cabeza, para luego correr la mirada. Kami-sama, bien sabido era que la vida te daba dos, pero te quitaba uno. Mientras los niños eran tranquilos y obedientes, la niña era retadora e imponente, le gustaba provocar a su padre. - Mikoto, las reglas del clan Uchiha- exigió. Pero cuando las cosas no salían como ella quería...

-Oka-chan- grito, y comenzó a llorar.

Él había embarazado rápidamente a Sakura luego de haber tenido a Itachi, porque realmente quería a una niña como ella, pero poco se parecían madre e hija. La beba tenia todos los rasgos Uchiha, en personalidad y físico. Era caprichosa, celosa y territorial, cuando quería algo, en este caso, obtener panqueques sin tener que responder a las preguntas de su padre.

El único momento en el que la niña dejaba de ser igualita a la madre de Sasuke, era cuando lloraba, porque en ese momento, sus facciones se fruncían exactamente de la misma forma en la que las de la pelirosa lo hacían, y todos en la casa sabían, que solo bastaba eso, para que la pequeña morocha se saliera con la suya.

Sasuke volvió a suspirar, y la levanto de la silla, manteniéndola en sus brazos y mimándola. Le dio su porción de panqueques. Nuevamente, ella ganaba.

Sakura entonces apareció en su campo de visión. Primero, le dio una mamadera a Rito, para luego apoyar su nariz contra la de él, era un mimo que ella había desarrollado para con sus hijos, y se veía malditamente adorable cuando lo hacía.

Procedió a darle la siguiente a Itachi, realizando el mismo acto cariñoso, y finalmente, a la niña que tenia en brazos. Le dio un pequeño beso de pico a él, y se volteo para terminar de poner el desayuno de ellos en la mesa.

El Uchiha mayor la miraba, ella, que en un comienzo había estado tan tímida en la mansión del clan, ahora se deslizaba por la cocina con confianza y maestría, incluso sus comidas habían mejorado exponencialmente.

Traía una pollera tuvo y una camisa blanca, sus ropas solo lograban volverla más llamativa, sus pechos se veían turgentes, su cintura pequeña y sus caderas provocativas luego de agrandarse producto de sus dos embarazos. Su cabello rosado estaba suelto, y dejaba entrever el emblema Uchiha en su espalda.

Ella tarareaba una canción que no reconocía, pero se escuchaba tan dulce con su voz.

Aquella imagen estaba grabada en su cerebro, todas las mañanas eran iguales, y él no podía estar más feliz, porque había anhelado tanto eso, a ella, a la familia que habían creado juntos. 

Anhelos. SasuSaku.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora