Capítulo 10: Invitado no deseado.

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Aún tenía miedo, miedo a morir y aunque temprano fuera preferido mil veces morirme, nunca la muerte me había pasado tan cerca. Luego de mi repentino ataque contra Nash, éste había decidido meterme de vuelta a los restos de mi coche. Y aquí nos encontramos, juntos en silencio, dentro de mi auto, procesando todo lo acontecido esta noche.

Voltee a ver a Nash y estaba en la misma situación que yo, nuestra respiraciones eran aceleradas, ambos estábamos cubiertos de tierra y sudados. Nash giro su cabezota y me sonroje por el mero hecho de haberme atrapado mirándolo, aunque en el fondo quería descuartizarlo.  Me mantuvo la mirada y luego la bajuo a mis labios, le saqué la lengua y él nego con la cabeza, siguió su recorrido hasta  mis manos y yo le mostré el dedo medio. Él hizo una mueca.

—Hay que curarte la mano— miré mis manos y efectivamente la venda que Anna me había colocado  estaba rasgada y cubierta de sangre.

Asentí con la cabeza y bajamos del auto, caminamos a la par hasta mi casa, cuando abrimos la puerta Anna se paró de frente y me miro, luego miro mi atuendo y mi sangre en mis manos ahogo un grito.

— ¿Qué te paso?—se acercó corriendo a mí y me comenzó a revisar— ¡Derek trae el botiquín de primeros auxilios ahora mismo!—gritó mi amiga.

Ese botiquín no había tenido tanto uso... Hasta esta infernal semana.

Minutos después llego Derek con el botiquín, que en cuanto me vio grito de horror pero fue transformado por ira cuando vio a Nash junto a mí.

—Tú — lo señalo — ¿le hiciste eso?

—Él no tiene nada que ver — hablé antes de que mi hermano arremetiera en contra de Nash. Aunque se lo merecía, pero no soy tan cruel —: de hecho me ayudo a escapar.

Realmente no quería que mi hermano hiciera una estupidez, ya habíamos pasado por mucho en una sola noche cómo para que ahora mi hermano quisiera golpear a Nash, por segunda vez en una semana.

Mi hermano volteó a verme y solté un suspiro, comencé a relatar la historia desde que salí de aquí de mi casa en busca de Nash, hasta los disparo. Mientras más contaba, las reacciones de Anna se exaltaban más y me causaban risa. Parecía más una mamá que una amiga.

Ella comenzó a curarme mientras yo seguía hablando, y aunque sus reacciones seguían causandome gracia, ahora también me causaban dolor. Cada vez que se exaltaba por mis historia no solo se impresionaba si no que presionaba más el alcohol en mis nudillos. Quería llorar.

Lágrimas empaparon el rostro de mi amiga y me abrazó llorando, me dijo que no lo volviera hacer nunca más. Que ella no quería perderme a mi también.

Mi hermano estaba pálido, se acercó hacia mí y me abrazó, me acunó como su bebé y le dio las gracias a Nash por acompañarme, pero también le reprochó que fue su culpa por no venir hacer el trabajo de historia.

Nash se mantenía impasible, su mirada estaba puesta en nosotros tres, Anna llorando, mi hermano diciéndome lo loca que estaba y que era igual de testaruda que mamá. Parecía la casa de los Locos Adams.

Me separé de ellos y le dije a Dereck que acompañara a Anna a tomar un té para que calmara sus nervios y así yo me podría ir a cambiar. Este aceptó sin rechistar. Le pedí ropa prestada a mi hermano para Nash, a lo que me dijo que agarrara lo que quisiera de su armario, le di un beso en la mejilla y me separe de él.

Derek rodeo los hombros de Anna y la llevó a la cocina, yo mire a Nash y le hice señas para que me siguiera. Subí las escaleras y con cada paso que daba me ponía más nerviosa, nunca había metido un hombre a mi cuarto además de Derek o mi padre, pero nunca otra persona, solo Anna había entrado a mi habitación. Iba a necesitar todo mi autocontrol para no matar a Nash en el camino.

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