Capítulo 8 : Impotencia

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Aceleré calle abajo, Anna iba lanzando todo tipo de insulto para que pudiera bajar la velocidad, algo que lógicamente no iba a ser posible, sentía mi sangre hervir, y mi cuerpo ardiendo en llamas. Llegué a mi casa y dejé el auto mal aparcado en la calle, me desaté el cinturón y baje hecha una furia a mi hogar, abrí la reja y pase corriendo por el jardín de mi casa, llegue a los escalones y los subí rápidamente, abrí la puerta principal y cuando entre subí directamente a mi cuarto. Ya en mi habitación comencé a tirar todo al piso, desde mi IPhone, hasta mis libros, agarré la lámpara que estaba en mi mesita de noche y la estampé en la pared, cogí la laptop e hice lo mismo, el colchón lo tiré hasta al suelo.

Comencé a gritar frustrada porque tenía toda la culpa, era mi culpa, y aunque trataran de convencerme de lo contrario, no era así. Yo fui la culpable de todo, yo fui quien la hizo desaparecer de nuestras vidas, yo fui quién la alejó de nosotros. Fui yo y me maldigo por eso, lágrimas se desbordaban por mi mejillas como cascadas, comencé a lanzar puños a la pared, haciéndome daño en mis nudillos, sentía mis huesos crujir, la sangre comenzó hacerse frente en mis manos; cada vez lanzaba más fuerte. Quería hacerme daño, quería lastimarme así como yo se lo hice a ella, quería sentir así sea una gota de dolor de lo que ella sintió en ese momento.

Quería morir.

Anna llego a mi lado pero la empujé lejos de mí, no quería la lástima de nadie, no quería la compasión de nadie, ella era la única que sabía mi pasado, ella era la única que sabía el motivo de mi refugio en una persona que todos iban a ignorar, ella era la única que me comprendía. Y aún así quería alejarla. Necesitaba estar sola, necesitaba alejar a todos de mi vida, era lo mínimo que merecía. No merecía ser felíz. Ya no.

Aquella felicidad que me caracterizaba, aquella niña que era feliz cada día de su vida ya no existía, dejó de ser feliz aquel fatal día. Ese día, Naira Stanford dejó de sonreír, de vivir... de amar.

Sentí unas manos agarrarme desde atrás y empujándome lejos de la pared.

- ¡Para!-Gritó Anna, quien se interpuso en mi camino - no puedes seguir así, Naira.

Subí mis piernas hasta la altura de mi pecho y los envolví con mis brazos, comencé a mecerme y las lágrimas seguían cayendo como una fuente por mi rostro.

-Es mi culpa. Es mi culpa. Es mi culpa - repetía varias veces.

-Naira mírame- no lo hice - ¡Que me mires!- vocifero mi amiga, quien comenzaba a perder la paciencia conmigo, eleve mi vista hacia ella. -No es tu culpa, fue un accidente.

-No, es mi culpa, yo lo hice -murmuré, creo que entré en un estado de shock.

- ¡Maldita sea Naira, que no es tu culpa! - Gritó ya al límite de la desesperación.

-Es mi culpa. Es mi culpa. Es mi culpa-volví a repetir y seguí meciéndome como una bebé.

Anna se inclinó hasta donde estaba yo y se quedó mirándome fijamente, yo tenía la vista perdida en algún punto de la habitación.

-Perdóname por esto - me dijo mi amiga, y antes de poder reaccionar porqué había dicho eso, impacto su puño en mi cara, caí de medio lado, y me puse en posición de feto, lloré desgarradamente. Anna llegó desde la parte de atrás y me abrazó durante un rato. Me ayudó a colocarme de pies, y volvió a lazar un puño en mi cara.

Reaccioné.

Parpadee varias veces y sentí el sabor metálico en mis labios, mire a Anna y estaba llorando. Ella odiaba pegarme, pero era la única manera de sacarme de mi trance en el cuál me había sumido.

-Gracias-susurre. Tire de su brazo y la envolví en un abrazo que tanto necesitaba, Anna lloró en mi pecho y lo aferre a mí, no dejaría que ella corriera con la misma suerte, yo la iba a proteger. Siempre.

-Lo siento, es que tú no reaccionabas, y tenía que hacerlo, perdóname...-hablaba entrecortado mi amiga.

-Shuu... tranquila, era lo que tenías que hacer-hablé en el cabello de mi amiga-aunque cada vez pegas mas fuerte ¡joder!

Ella rió y se separó de mí, se limpió las lágrimas y yo la imité, vi mi cuarto y estaba hecho un desastre, solté un suspiro.

Siempre era lo mismo.

-Vamos a curarte-susurro mi amiga.

Bajamos a la sala de estar y me senté en uno de los sillones mientras Anna iba por el botiquín de los auxilios, me quede mirando una foto. Salíamos mi padre cargándome a mí de pequeña y sonriendo frente a la cámara, mientras que mi mamá abrazaba a mi hermano y sonreían felizmente. Era una foto familia.

Extraño aquellos días, extraño ver a papá y sobre todo, extraño ver a mamá.

Sonreí ante el recuerdo, mi hermano y yo estábamos insoportable, mamá había decidió contratar un fotógrafo para tomarnos varias fotos, y mi hermano y yo nos habíamos ensuciado la ropa, mamá nos regañó mientras papá se burlaba de nosotros, a lo que mamá lo miro mal y le dijo que limpiara a Derek, así que ahí comenzó a regañarlo, mis padres subieron con nosotros a nuestro cuarto, mamá me quitó la ropa sucia y me ayudo a bañarme, me colocó un vestido rosa y una bailarinas, me dejó mi cabello tendido que caía como cascada por mi cintura; mi hermano estaba vestido con un esmoquin, estaba molesto por usar esa ropa, yo solo me burle, bajamos y comenzamos una guerra así que dijimos que yo iría con papá y mamá con mi hermano y empezamos hacer muecas delante de la cámara, recuerdo que mi hermano dijo que papá no lo quería y mi padre y yo reímos, papá le contesto que lo amaba y mamá abrazó a mi hermano y le hizo cosquillas haciéndolo sonreír y de ahí salió la magnífica foto.

La amé, La amo. Y la amaré.

- ¿Lo entrañas cierto?-salté en mi puesto, había olvidado que Anna estaba en mi casa, me giré para verla, estaba detrás de mí mirando con nostalgia la foto.

-Extraño esos tiempos, lo extraños a ellos - susurré - ¿sabes?, me gustaría retroceder el tiempo y durar así sea un minuto con ellos. Felices, como siempre.

Anna camino hasta situarse a mi lado y soltó un suspiro cargado de nostalgia.

-Yo también los extraños.

Se hico un silencio monumental, ninguna de las dos decíamos nada, y es que ambas estábamos sumadas en nuestros propios recuerdos, me puse de lado y le tendí mis manos a ella. Anna comenzó a limpiarme y yo emitía algún grito a lo que ella se burlaba, no queríamos hablar, así que preferimos hacerlo en silencio, o en parte, porque yo gritando no era un silencio absoluto; mi amiga limpio la sangre de mis manos y en los nudillos me aplicó alcohol y una crema para la inflamación, envolvió mis manos en una venda y estaba listo. Comenzó a pasar alcohol por mi labio y grité.

Dolía. Dolía mucho.

Luego de que terminó de hacer todo su trabajo, me dio una pastilla para el dolor, ya que en la mejilla tenía un buen golpe, el de Zoe y ahora el de mi amiga.

-No vuelvo a golpear la pared-afirmé-y para la próxima vez, golpéame en donde ya no me hayan golpeado.

Anna soltó una carcajada y yo la seguí, decidimos subir acomodar mi recamara, bueno a que Anna lo acomodara, ya que mis manos me dolían, mi cuerpo me dolía, y mi mejilla estaba ardiendo en el fuego, la sentía arder y me dolía como nunca.
Así que ayudaba a Anna muy poco; luego de que ella terminara de reacomodar mi habitación, me duche y me puse un pijama, Anna también lo hizo y se colocó un pijama de los míos, nos tiramos en mi cama y encendimos la televisión, comenzamos a ver películas y a comer. En mi estado tanto físico como emocional optamos por no volver al instituto el día de hoy, además ya era jueves se estaba acabando la semana, así que nos tomaríamos el día para nosotras.

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