Nash, me tiende una bolsa de papel en el momento que bajo de la moto y vómito. No sé de dónde la ha sacado, pero agradezco infinitamente que cargará una consigo.
Detesto los viajes en moto.
Luego de vaciar lo único que he comido en todo el día, mis pobres sandwiches, cierro la bolsa y la tiró en una papelera pública que está cerca. Nash solo me mira mientras está recostado de su moto con sus brazos y piernas cruzadas. Me pasa una botella de agua con la que enjuago mi boca y luego me tiende unos caramelos de menta.
— ¿Por qué eres tan sensible a los viajes en moto?
Escupo el agua con el que hago gárgaras en un estacionamiento lo bastante lleno. Me seco con la manga de mi chaqueta.
— No Soy sensible a los viajes en moto — afirmo — Soy sensible a la manera tan loca en la que manejas. Pareces un maniaco psicópata que está siendo perseguido por la policía ¿Cómo puedes manejar de esa manera?
Se encoge de hombros y responde:
— me gusta la adrenalina.
Niego con la cabeza mientras observo el lugar a donde me ha traído. El centro comercial.
Esperaba cualquier cosa menos esto. Incluso me veía a mi misma cayendo de un risco o siendo abandonada en algún lugar lejano por Nash.
— ¿Que hacemos aquí?
— Vamos a caminar un rato, necesito mirar algo.
— ¿No me harás comprar un diamante lo bastante exorbitante para dejar mi cuenta bancaria en cero, cierto?
— ¿Para que necesitaría un diamante?
Buena pregunta. No respondo, así que camino con Nash a mi lado. Meto las manos en los bolsillos de mi chaqueta y caminos en zigzags por entre los carros hasta llegar a la entrada principal. Adentro todo está lleno, los niños chillando y correteando de un lado a otro. Chicas jóvenes van de compras con sus manos llenas de bolsas, otros grupos están sentados en restaurantes mientras ríen y beben algo. Y algunas parejas, solo pasean tomados de la mano. Un señor tropieza conmigo mientras va a paso apresurado y hablando por teléfono hacia algún lugar. Nash me sostiene de mi chaqueta y evita que caiga al piso.
— Gracias — le digo y reacomodo mi chaqueta.
La mayoría de jóvenes de mi edad van vestidas en enormes tacones, faldas lo suficientemente cortas para pasar por ropa interior y una exagerada cantidad de maquillaje que yo nunca en la vida usaría.
Algunas miran en nuestra dirección, no por mi, sino por Nash, quien camina confiado entre la multitud con su corpulento cuerpo. Nash podría pasar fácilmente por un chico de veinte años, lo alto que es y el cuerpo fornido que tiene lo ayudan bastante.
— está muy bueno — escucho decir a una chica cuando paso a su lado.
— ¿Será su novia? — escucho que pregunta otra.
Una joven, no menos de veinte años camina enfrentando con nosotros y veo, de manera incrédula, cómo le guiña el ojo a Nash. Este la ignora y sigue su camino. Yo voy detrás de él, pero no es hasta que veo que alguien me señala que recuerdo la manera tan desastrosa que debo andar.
— Nash, necesito ir al baño — le digo mientras corro al sanitario sin esperar respuesta.
Cuando llegó al sanitario quiero golpearme contra el espejo. Por Dios, sé que no estoy a favor de la moda, pero eso no significa que ande por la vida como una vagabunda recién sacada de la basura.
Mi cabello esta revuelto en una maraña de lo que antes era un moño. Pelos sueltos por aquí y por allá. Mi franela está arrugada y mi rostro parece haber estado expuesto al sol.
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Polos Opuestos
RomantikNaira Stanford, una joven que desde niña ha cargado con una culpa que no la deja dormir, el ser huérfana de madre y sufrir de bullying por parte de los estudiantes de su instituto, no le facilitan las cosas. Se ve involucrada en distintas travesías...
