Insensibilidad

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La desesperación de no sentir dolor lo llevó a un estado de locura irreversible. El filo de un sacapuntas oxidado llamó su atención desde un rincón empolvado y lo tomó entre los dedos. Teniendo la mirada de un loco, lo usó para mutilarse sin piedad.

Lo sacudió una risa escalofriante ante el resultado: sus heridas no sangraban.

La casa encierra ecosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora