En este espacio sin renglones podría inventarme seis posibles mundos si quisiera.
Un mundo con dos lunas.
Otro donde los humanos estén ya extintos.
Un cuarto mundo con gente pequeñita habitando casitas pequeñitas.
El quinto podría incluir criaturas sobrenaturales, tal vez dragones, quizás quimeras.
Para el sexto reservo un universo entero que contenga el resto de mis dimensiones en sistemas complejos pero vacíos de sensatez.
Y yo me caigo, como si de capas se tratara, dentro de todos mis mundos. Uno tras otro los devoro, rincón por rincón. Veo, suspendida en el aire, relucir mis dos lunas, le hablo a las hormigas, retrato bestias; me siento gigante entre gente diminuta y observo la paz que reina en cada uno de estos planos.
Entonces me doy cuenta de que, quizás, algo falle. Es ahí cuando decido mostrarte mi extraño agrupamiento de planetas, aquellas partes de un todo. Mi todo.
Y espero, paciente, a que dentro de tanta calma, puedas desatar algo de caos.
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La casa encierra ecos
Short StoryEl encierro que trajo el 2020 fue la oportunidad perfecta para escuchar mejor a las historias que, tales como el eco, rebotaban en las paredes de mi casa, escapándose de mi mente. Historias que ahora están reunidas en este ¿libro? No son todas, clar...