Conversación nocturna

3 2 0
                                    

Un paranoico curioso y creativo, pero paranoico al fin y al cabo, coleccionaba relojes. Tenía una habitación enteramente dedicada a estos artefactos. Había de todo tipo y de todas las épocas. Y en un afán de impulsividad los configuró para que todos marcaran la hora al unísono.

Durante el día apenas se escuchaba el vago murmullo que producían, pero de noche, cuando los ruidos cotidianos se apagaban, los relojes parecían intensificar su tic-tac.

Al paranoico esto le parecía un arrullo a la hora de dormir. Sin embargo, al pasar los días, esa canción de cuna comenzó a obsesionarlo y se convenció de que sus relojes mutaban a horrendas criaturas que se burlaban de él, recordándole que el tiempo se le escapaba de las manos y no podría hacer nada cuando ellos marcaran su último segundo.

Finalmente resolvió organizar una hoguera y condenarlos a las cenizas. Y esa noche, al apagarse la ciudad, esperó alrededor de quince minutos, a la expectativa de oír algo. Al no escuchar nada, por fin se relajó.

En ese momento alguien le habló. El paranoico lo reconoció.

Era un reloj.

-Tic-tac.

"El tiempo no se detiene por nadie", le recordó.

La casa encierra ecosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora