¿Cómo alguien tan hermoso podría ser tan horrible? Preguntemos a Zeus.
El solo quería sexo y placer sin ningún tipo de compromiso, no estaba dispuesto a arriesgarse de nuevo por alguien.
Su vida era tan normal, tan metido en su rutina de pasar la no...
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La bruja.
Zeus.
Su olor a lavanda quedó impregnada en mi piel y en mi camisa, esta tenía manchas de su lápiz labial, tenía una que otra marca en el cuello; mordiscos, algunos chupetones que me había dejado hacer, mi cabello estaba despeinado a pesar de que está mañana intenté arreglarlo. No me veía mal para ser sincero.
Entro a la sala de juntas de buen humor, saludando a todos con una sonrisa radiante, le doy los buenos días a Bahir que me da la tableta con las novedades. La sala luce pulcra, perfectamente organizada, no había un solo ruido tal y como me gustaba que se mantuviera este lugar de locos.
Tomo asiento frente a todos y comienzo a escuchar atento a todo lo que tenga que decir Ronnie, algunas miradas curiosas no despegan sus ojos de mí y yo no dejo de pensar en Annya. Me duele la cabeza, pero eso no era para nada importante, sé que será un dolor pasajero, ni siquiera era tan insoportable como otras veces.
Hoy me sentía feliz, me sentía relajado y con ganas de trabajar para después ir a verla bailar. Me doy cuenta de que llevo tanto tiempo siendo un amargado y todos están acostumbrados a eso, les resulta extraño verme alegré. No los podía culpar de nada porque es verdad que con todos mantengo una actitud bastante reservada.
Sus besos, sus caricias, sus gimoteos, todo joder.
Presto atención al frente, observó los balances y las ventas que se han hecho en los últimos días, escucho las propuestas que me tienen, sin embargo, ninguna me convence del todo. Algunas son buenas ideas, ahora tienen un inconveniente, la investigación no ha avanzado nada.
Mientras eso pasé, yo no puedo arriesgarme a perder dinero, debía multiplicar mis ventas, por suerte las exportaciones dejaban algo bueno.
Concentro mi atención al nuevo anuncio publicitario que tiene en mente Ronnie, me gustan algunas cosas mientras que otras no me cautivan como debería hacerlo, estiró la mano agarrando una botella de agua para calmar la sed y el calor.
Nuestro socio parecía estar encantado con todo el intercambio de palabras con mi equipo de trabajo, teníamos un proyecto en mente y solo faltaba que él estuviera de acuerdo a todo por eso se hizo esta junta, para qué firmará mañana mismo el contrato.
Era muy bueno para ser verdad, la paz del lugar fue interrumpida por los gritos que provenían del pasillo, esa maldita voz yo la conocía, sabía quien era.
Maggie.
La puerta se abrió de un portazo que me hizo pararme de inmediato, todos permanecían en su lugar mirando a la responsable del escándalo, no sé qué carajos le pasaba.
— ¡Mírate como vienes!— mira mi camisa — oliendo a alcohol, lleno de marcas de esas zorras con las que te metes...
— ¡Ninguna zorra, Maggie!— golpeo la mesa alzándole la voz. Está loca si cree que ahora va a meterse en las decisiones que tome de mi puta vida — lo que yo haga fuera de aquí, a nadie le debe incumbir y menos a ti.