Capítulo 7

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Cogí una bocanada de aire desesperadamente, sentía que me faltaba el aliento. Cada vez que volvía de una visión así, el tirón era más fuerte y esta vez me había dejado sin aire prácticamente. Tosí un par de veces por el impacto del aire llenando por completo mis pulmones. Cuando conseguí respirar sin que pareciera que había corrido una maratón me di cuenta de que Keilan estaba a mi lado, de la misma manera en la que me había dormido. Me sujetaba por la espalda con su enorme brazo y su mano se cerraba en mi cadera. Me enderecé cuando vi la mano colocada en aquel lugar, para mí, tan delicado. Nunca un hombre me había tocado así. No lo hubiera permitido, ni si quiera cuando había tenido sexo con alguno. Era sexo sin más, ni caricias ni gestos cariñosos. Me enderecé de inmediato y él retiró la mano sutilmente hasta darme unos golpecitos en la espalda. Seguíamos en medio de la vegetación y Em seguía frente a mí tumbada en el suelo, me fijé en que su herida había adquirido un color negrizco alrededor.
Me giré de inmediato y planté un pie en el pecho de Keilan, no lo vio venir y eso me hizo sonreír de medio lado. Salió impulsado hacia atrás, pero se sujetó antes de caer, vi como en sus ojos relucía un color amarillento por la sorpresa y enseguida lo aproveché. Le lancé un puñetazo con todas mis fuerzas directo a la nariz, pero esta vez sí lo vio venir antes de que este impactara en su hermoso rostro, agarró mi muñeca y la sujetó en el lugar a penas a unos centímetros de su nariz. Intenté darle con la otra mano, pero el resultado fue el mismo.
- Imbécil. Como vuelvas a hacer algo así...
Seguía sujetándome por las muñecas, no ejercía fuerza, pero yo tampoco intentaba soltarme. Imagino que no se fiaba de que no volviera a intentarlo, chico listo, porque si me soltaba iba a volver a hacerlo.
- Era por tu bien... Además, solo han pasado quince minutos. Cálmate.
Me solté de su agarre.
- ¿Que me calme? Me sedas contra mi voluntad y me dices ¿qué me calme? - me giré a mirar a Emma otra vez mientras bajaba los brazos y le cogía la mano - cómo vuelvas a hacer algo así, te vas a arrepentir.
Keilan se levantó sin decir una palabra y miro alrededor.
- ¿Cómo es que aún no han llegado?
- Ya están aquí.
Dio unos pasos a la izquierda y entonces escuché el ruido sordo de un motor parando en la carretera. Me levanté instintivamente para mirar y a lo lejos pude distinguir un Jeep de color negro de dónde salían Brayan y una mujer anciana. Desde aquí solo podía ver su pelo largo y canoso, andaba despacio y cojeaba de una pierna. Deduje que era la tal Dyandra, la sanadora de la que me había hablado antes Keilan. Dios mío el paso que llevaba me estaba poniendo de los nervios, me entraron ganas de ir a buscarla y llevarla hasta aquí a hombros, seguramente llegaríamos antes. Mientras resoplaba Keilan pasó por mi lado cargando a Emma, parecía que habíamos tenido el mismo pensamiento. Lo seguí con paso firme mientras observaba la cara ensangrentada de mi amiga, me habría gustado tener algo con que poder limpiarla un poco.
Cuando nos acercamos lo suficiente como para poder verle el rostro a la mujer, levantó la cabeza y me miró fijamente. Instintivamente paré en seco, me estaba mirando de una forma extraña, joder lo que me faltaba. ¿Qué cojones...? La mujer retrocedió alarmada, como si algo la hubiera asustado, abrió los ojos como platos y ahogó un grito entre sus manos temblorosas. Mierda, Emma debía estar bastante peor de lo que me imaginaba, alcancé a Keilan por la derecha.
- ¿Qué pasa? ¿Tan grave es...? No me jodas Keilan ¡por favor...!
- No es por Emma. - Siguió caminando mientras hablaba. Y la mujer se metía en el coche de nuevo. - Es... Es por ti.
Me atraganté de inmediato con mi propia saliva.
- ¿De qué narices hablas?
Observé cómo Brayan se acercaba a nosotros y le tendía la mano a su hijo con la intención de relevarle del peso de mi amiga en los hombros. Keilan cedió y se la paso, y este la llevo en brazos hasta el coche. Lo seguimos en silencio cuando se giró:
- Deberíais hablar antes de subir al coche
Iba a replicar, pero no el dejó.
- Está bien, tengo lo que necesita dentro del coche y Dyandra está aquí. Os daré unos minutos.
Continuó caminando hacia el coche y subió a Emma dentro de la parte trasera, a través de los cristales pude ver cómo la anciana volteaba hacia ella no sin antes echarme una larga e intensa mirada.
Keilan me paró con la mano en el hombro.
- No pienso hablar de nada, Emma está mal y me importa una mierda lo que le pase a esa vieja conmigo. ¿No le gustan las negras? Bien, tendrá que joderse.
Chute una piedrecita que había en mi camino.
- Para Naz. Estás diciendo gilipolleces.
Me giré y lo miré de arriba abajo mientras mis cejas se arqueaban a modo de incredulidad.
- Uy, creo que acabas de decir una palabrota señor perfecto. Deberías lavarte la boca con agua y jabón.
Me crucé de brazos y apoyé el peso en mi otra pierna.
- ¿Puedes dejarlo ya? Estoy hablando en serio, y no me lo estás poniendo nada fácil.
Sus ojos centellearon en lo más profundo de su color azul. Una pizca de vergüenza me atravesó el cuerpo por completo. Quizás tuviera razón, y mi actitud desde que lo conocí no había sido la más adecuada... Sabía que esto era importante, pero estaba harta de que se tomarán decisiones por mí, de que me ordenarán qué hacer o cómo hacerlo, y desde luego no pensaba permitir que me dijeran cómo ser. Así era yo, tal cual. Y quizás mi actitud estaba siendo demasiado severa o insultante con él, pero no tenía solución... Si bajaba un poco la guardia, solo un poco... Podríamos acabar como aquella vez en su habitación. Había estado a punto de besarme cuando me sentí tan débil después del golpe del baño, y casi le permito entrar. No podía permitírmelo, y la única forma que tenía de intentar evitarlo era ser una completa idiota con él.
Tarde varios segundos en contestar, no relaje la posición ni bajé las cejas en ningún momento.
- Habla y rápido.
Chasqueó la lengua y juraba que le veía a punto de perder la paciencia conmigo. Tenía que admitir que en el fondo eso también me daba miedo, está actitud mía quizás lo alejaba de mí más de lo que deseaba.
- Está vieja como la llamas, es una de las brujas más antiguas que conozco. A pesar de su longevidad, no hay nadie mejor en este momento ni más adecuado para tratar a Emma. Deberías agradecérselo en vez de comportarte como una completa niña.
Me sorprendió mucho que me llamara así, realmente parecía un padre riñendo a su hija pequeña y eso me escoció en lo más hondo. Estaba a punto de replicar.
- No, déjame hablar. ¿Tenía que ser rápido no?
Se cruzó de brazos imitando mi posición anterior, note como los músculos de su mentón se apretaban.
- Dyandra cuidó de mí cuando nadie más lo hizo. Brayan y Lyanna vinieron años después. Así que tengo mucho que agradecerle, y no, no tiene ningún problema con el color de tu piel.
Sus músculos y su posición se relajaron, mi cara debía ser un poema, entre la reprimenda y lo que me había contado estaba bajando la guardia demasiado rápido, pero nunca me había contado nada del él, está era la primera vez y algo me decía que era bastante importante. Me mantuve callada para escucharlo y como forma de ceder a su petición.
- Te acaba de ver, ella no tiene magia como tal, la perdió como todas, pero conserva muchos instintos de aquel entonces. Te ha sentido, como lo hice yo en su día... Así que tiene motivos para asustarse o dudar.
- ¿Asustarse? ¿De mí? En serio, no entiendo una puta mierda de todo esto y me estoy poniendo frenética. Intento controlarme, pero joder, no me lo ponéis nada fácil.
- Sólo puedo decirte que hay algo antiguo en ti, algo primitivo. Lo que desprendes se siente muy fuerte. No sé explicarlo mejor, porque no sé qué es, pero estoy segura de que la reacción de Dyandra tiene que ver con eso. Seguramente te lo pueda explicar luego, y tenga algunas respuestas que yo no tengo. Sea lo que sea descubriremos qué es. Juntos.

Me sonrió tristemente o al menos eso me pareció. ¿Lástima? ¿Le daba lástima? Lo que me faltaba. Intenté contar hasta diez antes de contestar, estaba muy enfadada pero no pretendía que se marchara de mi lado... La verdad es que eso era lo último que necesitaba. A pesar de todo, él era importante para mí, no lo admitiría nunca en voz alta pero su compañía siempre me hacía bien y realmente tenía miedo de espantarlo con mi mala boca. Suspiré. Iba a hacerlo, no me lo podía creer.
- Lo siento.
Me encogí de hombros y puse los ojos en blanco en cuando le vi sonreír.
- Si te sigues riendo así lo retiraré inmediatamente...
Algo cálido rozó mis labios y algo parecido a una corriente eléctrica me atravesó por completo. Mi corazón se aceleró de tal forma que creí que iba a salirme por la boca.
Los labios de Keilan estaban posados encima de los míos sutilmente, era un beso suave, incluso me atrevería a clasificarlo como pequeño y cariñoso... Un susurro, una caricia. Mi cabeza iba a tres mil por hora, debatiéndose entre seguir o apartarse. No sabía cómo habíamos llegado aquí, no lo había visto venir, pero no pude evitarlo. Me dejé llevar por aquel suave contacto que hacía que todo mi cuerpo se estremeciera. Y ahí, justo en el momento que su mano callo en mi espalda baja, todos mis muros de derrumbaron. Todo lo que había estado meses construyendo, incluso años, para protegerme se vino abajo en una fracción de segundo.
Y me rompí. Me rompí en mil pedazos. Lo había dejado entrar incluso antes de este beso, mucho antes, y no me había dado cuenta hasta ahora.
Cuando nos separamos pude sentir el rubor en mis mejillas y las palmas de mis manos sudando. Saqué valor de donde no sabía que tenía y lo miré a los ojos, su mano seguía en mi espalda y me sonrió de lado. Aquellas malditas arrugas me hacían polvo.
- Te dije que íbamos a besarnos.
- Corrección, tú me has besado no yo.
Le sonreí también de medio lado y me metí un mechón suelto de cabello detrás de la oreja. Joder, parecía una cría pequeña de preescolar dándose su primer beso en los lavabos del colegio.
Keilan se rio con ganas y me miró de reojo.
- Está bien, tienes razón. Creo que esa disculpa tuya me ha puesto...
- Oh dios ¡Cállate! Ni se te ocurra decirlo.
Seguimos en silencio hasta el coche. Nunca imaginé que iba a quedarme sin palabras después de algo así, pero no era capaz de decir nada, él tampoco lo hizo así que fue más fácil mantenerse callada.
Brayan nos observaba desde el vehículo, así que genial, imaginaba que lo había visto todo. No es que tuviera intención de esconderlo, pero ya me parecía suficiente con tener que vivirlo yo como para que su padre estuviera viendo como nos besábamos. Intenté no sonrojarme mientras subía al coche. No supe si subirme en la parte de delante o la de atrás después de la reacción de la sanadora, pero Keilan me hizo un gesto con la mano indicando que me subiera delante, así que eso hice sin rechistar. Intenté no mirar a su padre a los ojos y me centré en la parte trasera donde Dyandra parecía estar rezando o algo así. Emma seguía con los ojos cerrados, pero juraría que podía ver como su rostro se había suavizado, parecía que estaba dormida y en paz. Un escalofrío me recorrió de arriba abajo cuando un pensamiento de muerte atravesó mi cabeza. Me sacudí y mientras el coche se ponía en marcha logré el coraje suficiente para hablar.
- ¿Cómo está? ¿Se pondrá bien?
La mujer no me miró ni paró su oración, simplemente se limitó a mover la mano en señal de protesta y habiéndome callar. Miré a Keilan de inmediato con una expresión de rabia en el rostro. ¿Pero que se había creído?
Se encogió de hombros y su padre me susurró.
- Estará bien, no puede interrumpir la oración hasta que lleguemos a su casa. No te preocupes.
- ¿Qué no me preocupe? - algo comenzaba a hervir en mi interior.
- No, te necesitamos serena y fuerte para lo que está por venir. Deberías descansar.
Me hundí más en el asiento.
- Si bueno... de eso ya se ha encargado alguien antes.
Brayan levantó las cejas, pero no volvió a hablar hasta que llegamos a la casa de la mujer. Se parecía mucho a la casa derruida que había encima de la orden dónde estaba el cuadro de entrada, pero había una gran diferencia en cuando al estado de esta. Era una casita pequeña hecha de madera oscura, en casa ventana podría observar macetas de dónde crecían diferentes tipos de hierbas y flores, todas repletas de colores y olores que me hicieron sentir nostalgia al momento. Estaba situada en un claro en medio de una arboleda muy frondosa, enseguida me recordó a la casa de la bruja del cuento "Hansel y Gretel" y eso me hizo estremecer un poco. Delante de la casa había un pequeño huerto con un espantapájaros horroroso, que bien podría espantar a cualquiera y no solo a las aves. Cuando nos bajamos del coche Keilan cargo a Emma suavemente y nos dirigimos a la entrada siguiendo a la mujer y sus oraciones. Pude distinguir algo blanco en la arena que rodeaba la casa, parecía sal.
Cuando nos bajamos del coche Keilan cargo a Emma suavemente y nos dirigimos a la entrada siguiendo a la mujer y sus oraciones. Pude distinguir algo blanco en la arena que rodeaba la casa, parecía sal. Había leído en algún sitio que la sal mantenía los espíritus o algo así a raya... Agradecí entonces el círculo, ya tenía suficiente con los demonios, como para pensar en espíritus malignos o cosas raras.
Me tropecé con una raíz y casi caigo de morros, pero como siempre Keilan me sujeto del brazo antes de que me partiera la crisma. Antes me hubiera avergonzado, pero ahora tenía claro que él sabía tanto como yo torpe que podía ser en múltiples ocasiones así que me limité a disculparme con un gesto de barbilla y entré en la cabaña detrás de él.
El interior estaba algo oscuro, en la estrada había un racimo de algún tipo de hija colgando del techo que me rozó el pelo, me lo desenredé torpemente ganándome una malas mirada de la anciana. Estupendo, cada cosa que hacía le molestaba. Intentaría respetar a Keilan, y mantenerme callada... Lo iba a hacer por él y porque era la única persona que podía ayudar a Emma, sino ya la habría mandado a la mierda en un par de ocasiones como mínimo.
La cocina y el salón solo estaban separados por una barra americana. A pesar de lo vieja que parecía la casa desde fuera por dentro tenía una distribución y unos muebles bastante actuales. Un par de taburetes altos rodeaban la barra y más plantas colgaban encima de esta. Al otro lado, el salón disponía de un sofá de tres plazas negro frente una librería que cubría la pared de una punta a la otra. Había cientos de libros de todos los tamaños, formas y colores. Me dejó perpleja, solo había visto algo así en la biblioteca, enseguida la envidie y pensé que, si algún día conseguía tener mi propia casa, yo también tendría una cómo esa. La mujer se metió en una puerta a la derecha de la estantería e instó a Keilan a entrar con Emma. No sabía si tenía que seguirle o no, y eché una mirada rápida a Brayan que acababa de entrar por la puerta. Me hizo un gesto de negación con la cabeza y me llamo con la mano para que saliera con él. Perfecto, esperaba que no quisiera hablar del beso de antes porque no tenía intención de hablar de eso con él, ni con nadie en este momento. Lo seguí, rodeamos la casa hasta llegar a lo que parecía un jardín trasero. Pasamos al lado de un par de manzanos que estaban perdiendo sus hojas por culpa del otoño inminente. En ellos relucían enormes manzanas verdes y rojas que brillaban e incitaban inmediatamente a coger una. Me resistí a la tentación, no necesita enemistarme más con aquella mujer.
Brayan se acomodó en un pequeño banco de madera frente a un pequeño lago de donde juraba haber visto peces saltar.
Realmente el lugar era maravilloso, como sacado de algún tipo de cuento de hadas. Se respiraba vida por todas partes, me senté a su lado observando como una pareja de pájaros bebían de una pequeña fuente al otro lado del jardín.
- ¿Cómo estás?
Brayan me preguntó mientras observaba también a la pareja de aves chapoteando en el agua de la fuente.
- ¿Realmente importa? - pateé una piedrecita mientras miraba mis Mustang ya algo peladas - estoy bien, sólo necesito que Emma también lo esté.
Este jugueteó con el reloj que tenía en la muñeca.
- Sé qué puede sonar algo tópico, pero quiero que sepas que ahora eres parte de la familia. Y no lo digo por lo que ha pasado antes contigo y con Keilan...
Mierda. Me sonrojé de inmediato. Ni de coña iba a tener esta conversación con su padre. Pero ni de coña.
- Brayan...
- Lo sé, no vamos a hablar del tema. Lo que quiero que sepas es que ahora tanto tú como Emma y Ethan sois parte de la orden. Y haremos lo que esté en nuestra mano para protegeros.
Su mirada se posó en mí y me sonrió amablemente, hasta ahora la mayoría de las veces me había parecido una persona muy seria y creía que no lo había visto sonreír nunca. Asentí con la cabeza.
El silencio nos rodeó por un largo rato, nos dedicamos a mirar la belleza del jardín que nos rodeaba o al menos eso hice yo. Por unos minutos conseguí que mi cabeza quedara en blanco, y me limité únicamente a observar la naturaleza que me envolvía. Dudaba que me hubiera hecho salir únicamente para decirme eso, así que esperé pacientemente a que estuviera listo para decirme lo que fuera que tenía que decirme.
Al cabo de unos minutos se levantó metiendo las manos en sus bolsillos. Pensé que iba a irse, pero volteó a mirarme.
- Conocí a tu abuela, hace un tiempo.
Vale, eso sí que no me lo esperaba. Lo miré fijamente.
- ¿En serio? Y ¿Lo dices ahora?
No sabía cómo sentirme al respecto.
- Bueno, hay cosas más importantes. De todas formas, hace muchos años de eso, quizás... ¿Veinticinco? Siento mucho su muerte Nazet. Era una buena mujer. Y mejor bruja, tengo entendido.
- Bueno, no puedo decirte mucho de eso al respecto. Ni si quiera sabía con seguridad que era una bruja hasta hace dos días. ¿Cómo la conociste?
- Bueno, por un tiempo estuve viviendo en GreenIsland antes de irme. Fuimos vecinos unos años, se le daban bien las hierbas y solía invitarnos a mí y a mi mujer muchos domingos a tomar el té. No supe lo que era hasta más tarde, aún que nunca me lo dijo ni lo confirmó. En aquel entonces aún no nos habíamos organizado y la orden no existía como tal, así que no indagué más y decidí dejarla vivir en paz como ella quería.
Miró hacia el cielo e instintivamente hice lo mismo que él. Una lágrima se derramó por mí cara al oír hablar de mi madre otra vez. No podía darle esa información, eso era algo que iba a guardar para mí... Pero aquella lágrima guardaba demasiados secretos y mentiras.
Brayan suspiró antes de volver camino a la casa.
- Ven, tomemos un té en su honor. Dyandra es muy buena con ellos también, quizás así... Puedas sentirte un poco más como en casa.
Me levanté para seguirme mientras asentía. Él se colocó a mi lado y me apretó el hombro. Sé que parecía una tontería, pero aquel gesto me enterneció de una forma que no sabía cómo describir. Nunca había echado de menos tener un padre, ya que nunca supe que era tener uno, pero por un momento imaginé que podría haber sido exactamente así si lo hubiera tenido.
- Espera Brayan. -Lo agarre del brazo. - Gracias.
Hizo un gesto de despreocupación y añadió:
- No se merecen. Para eso está la familia ¿No? - sonrió - y ahora parece que seremos más familia política...
Lo miré con los ojos como platos. Otra vez no por favor. Me negaba en rotundo. Antes de que pudiera contestar dijo:
- Lo sé, no hablaremos del tema. Pero añadiré algo, si no lo hago puede que explote. Me gusta, creo que os hace bien y creo que puede funcionar.
Me guiñó un ojo y continuamos caminando hasta volver a entrar en la cabaña.

Keilan estaba sentado en el sofá con la espalda recta y sujetaba una taza humeante. Nos miró con el gesto sorprendido al vernos entrar juntos. Tenía claro que luego me iba a preguntar por la pequeña escapada con su padre.
- Vaya, parece que llegamos tarde. Dyandra ya ha preparado el té sin nosotros.
- A decir verdad - Keilan se levantó y dio unos pasos hacia nosotros - Lo he preparado yo. Dyandra estará un rato con Emma en la habitación. Tardará un rato, está poniéndole un ungüento en la herida y manteniéndola limpia.
- ¿Te ha dicho algo? ¿Sabemos qué le va a pasar?
Realmente estaba acojonada... Y no tenía ninguna información acerca de la mordida de un demonio. Una vocecilla sonó en mi oído derecho y me asusté ahogando un pequeño grito.
- ¿Me oís?
Mierda. Se me había olvidado por completo el pequeño aparato que tenía en la oreja y la voz de Graciela de había hecho saltar del susto.
¿Había estado ahí todo el rato? Esperaba que solo pudiera oírla yo, pero si fuera así... No habría hecho esa pregunta ¿no? Eché una mirada rápida a Keilan y la pregunta se formuló sola a través de mis ojos. Él se limitó a encogerse de hombros y le contestó.
- Todo bien Graciela. Estamos con Dyandra. ¿Los demás?
Lo vi alejándose como si no quisiera que le oyera, y le señalé con el dedo el oído en el que tenía el pequeño aparato. Lo iba a escuchar todo, así que no conseguiría nada alejándose. Paró en seco y me miró fijamente.
- Lo sé, puedo rastrearos aparte de escucharos... ¿Recuerdas? - sonó realmente resentida - Los hemos perdido. No tenemos contacto hace ya por lo menos un par de horas... Perdimos la señal justo cuando pasaban la frontera con Dorom.
Me quité de inmediato el dichoso aparato y lo estampé contra el suelo con toda la fuerza de la que fuí capaz. No podía creer lo que acababa de escuchar y no estaba dispuesta a escuchar ni una palabra más. Brayan se puso rápidamente a mi lado y me sujeto del brazo antes de pudiera encontrar cualquier otra cosa para romper y me arrepintiera después. Escuché a Keilan contestar a lo que sea que decía Graciela.
- No te preocupes, yo me encargo. Estamos en contacto.
Se giró buscando mi mirada y vino a zancadas en mi búsqueda. Estaba a punto de chillarle tan fuerte que me sorprendí al no hacerlo. Me rodeó con los brazos y mi cuerpo se quedó rígido en el sitio. Estas muestras de cariño tan repentinas me tenían gratamente sorprendida. En seguida me di cuenta de que mi corazón comenzaba a relajarse y bombear al mismo ritmo que el suyo. Mis brazos le rodearon también a él y apreté con fuerza. Sabía lo que estaba haciendo, lo que estaba intentando, no quería que cometiera algún tipo de estupidez como el gran agujero en el comedor de la orden o que saliera corriendo en busca de ellos. Pensé que realmente estaba jugando con eso y esto era simplemente una estrategia para mantener mi ira a raya, me escoció un poco pensar eso pero tenía que reconocer que estaba funcionando. Mi cuerpo se relajó y mi respiración comenzaba a ser más lenta. Aquella calidez y aquel olor a café mentolado me abrumaba por completo. El peso de sus manos en mi cintura y su aliento rozándome el cuello me hicieron estremecer, no me importó quién estuviera mirando, si nos veía Brayan o quien fuera. Por un momento, para mí, solo existimos nosotros y este abrazo.
Cuando conseguí despegarme de él mi cabeza era un caos. Me guió hasta el sofá y me dejé caer en él. Estaba harta de todo esto, no quería tener nada que ver con esto y me había visto involucrada sin comerlo ni beberlo. Estaba completamente furiosa con mi madre, porque si no me hubiera escondido todo esto, quizas las cosas ahora serían muy distintas. Iba a ciegas, y no habían más que problemas en el camino, y eso que aún no habíamos dado con los demonios que tenían a nuestros amigos y que ahora intuía que habían capturado a los demás. Estaba prácticamente segura porque la idea de que estuvieran muertos no me entraba en la cabeza.
Keilan caminaba de un lado para el otro a lo largo del comedor, podía ver su nerviosismo y me hubiera gustado saber en qué estaba pensando. Teníamos que hacer algo al respecto pero no podíamos dejar a Emma aquí. Tenía la esperanza de que la sanadora pudiera ayudarla, y entonces esta salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí.
Me levanté de un salto y la miré a los ojos, ella se limitó a pasar la mirada de largo y fijarlos en Keilan y su padre. Bufé. Me estaba cansando de tener buenos modales con alguien que me estaba juzgando sin conocerme de nada. Me crucé de brazos.
- Necesita descanso - la mujer hablaba mientras caminaba hacia la cocina- aún que no sé si podré ayudarla.
Un nudo se me formó en la garganta.
Dyandra se sirvió un poco de te y lo removió con una cucharilla.
- Es una mordedura bastante fea, llegamos a tiempo... Pero no puedo aseguraros nada.
- ¿Qué más podemos hacer? - me ergui de inmediato, le gustara o no iba a hacer acto de presencia, estaba hablando de mi mejor amiga y porsupuesto iba a intervenir lo que fuera necesario.
La mujer contestó de nuevo sin mirarme.
- No podéis hacer nada. No existe en este mundo nada capaz de reparar semejante daño, puedo aliviarlo, ralentizarlo... Pero ya he hecho todo cuanto estaba en mi mano. Si sobrevive o no, dependerá de las moiras.
¿Quienes puñetas eran las moiras y que mierda tenían que ver con la supervivencia de mi amiga? No. Emma saldría de esto. Estaba segura de que había alguna forma de ayudarla lo que aún no sabíamos cual, pero la encontraría. Mientras mi mente divagaba sobre las diferentes soluciones que podríamos tener, vi a Keilan mirarme de una forma un poco desconcertante. Levanté una ceja. Hizo un gesto con la cabeza y entendí de inmediato que quería salir de ahí, así que me levanté y me fuí por la puerta sin dar explicación alguna. Él me siguió y cerró esta tras de sí.
Recorrí el caminito de tierra que llevaba de la puerta de entrada hasta la verja de fuera, Keilan me siguió en silencio. Divisé un banco de piedra al lado del portón y decidí que sería un buen sitio para hablar, así que me senté esperando que él hiciera lo mismo. Efectivamente enseguida se sentó a mi lado y me miró seriamente.
- Tengo una idea.
Lo miré sorprendida.
- Quizás te parezca una estupidez o no funcione para nada pero creo que valdría la pena intentarlo.
Se frotó la nuca con la mano, parecía preocupado.
- Porsupuesto. Haré y probaré lo que sea con tal de que Emma vuelva a ser la de siempre.
Las últimas palabras casi se me atascan en la garganta, tenía ganas de llorar de nuevo. Jamás en mi vida había llorado tanto, y últimamente era lo único que hacía. Aguante como pude y parpadeé varias veces con la esperanza de que las lágrimas se quedarán guardadas en mis ojos. Keilan apoyo una de sus manos en mi rodilla y una corriente eléctrica me atravesó de inmediato. Su contacto siempre tenía algún efecto en mí. Lo miré a los ojos.
- Venga dime, ¿que se te ha ocurrido?
- La piedra.
Me miró fijamente y entonces entendí de inmediato lo que quería decir. Se supone que el collar que me dio mi abuela es poderoso, la piedra del destino la había llamado Brayan si no recordaba mal. Mi cabeza comenzó a pensar a mil por hora. Si la llamaban así tenía que ser por algo.
Me levanté del banco y casi me caigo de cabeza de la emoción. Teníamos una oportunidad de hacer algo por ella y no iba a desaprovecharla por nada del mundo.
- ¡Creo que podría funcionar! - lo grité más de lo que me hubiera gustado pero me dió igual. Ahora mismo estaba feliz, si no funcionaba iba a ser como si cayera de morros desde un quinto piso, pero no iba a tirar la toalla, por lo menos ahora parecía que teníamos una oportunidad. Me miró sorprendido cuando me lancé hacia él. No supe lo que estaba haciendo cuando ya lo había estrechado entre mis brazos, me había avalanzado sobre él como si nada. Sin pensarlo, simplemente lo hice.
Me senté encima de sus piernas y lo envolví con energía por el cuello mientras daba algún que otro saltito. Parecía una estúpida cría. Cuando me di cuenta de la situación ya era demasiado tarde.
Cuando estaba dispuesta a levantarme e irme como si nada para no tener que verle la cara, él me respondió al abrazo, entonces fuí incapaz de soltarlo. Me agarré más fuerte a él, tanto que creía que le iba a partir el cuello con mi euforia desmesurada. No se movió, se limitó a abrazarme también y me susurró al oído.
- Creo que estás sentada en un lugar delicado Naz...
Me separé de inmediato y me levanté sonrojada como un tomate. ¿En serio?
- Eres un rompe momentos señor. Últimamente estás ganando puntos como imbécil... Y eso que parecía que te estabas curando.
Se sonreí con sarcasmo mientras me giraba de espaldas a él. Le oí reír con ganas y no pude evitar reírme con él. Ambos lo necesitábamos, estábamos hasta el cuello de mierda y estaban siendo unos días horribles. Nuestros amigos estaban en peligro y prácticamente sólo quedábamos nosotros en pie, demasiada responsabilidad y mucho qué perder. Por un momento pensé en la suerte que había tenido al encontrarmelo en el camino. Si bien es cierto que con él comenzó todo, también lo era que desde entonces siempre había estado a mi lado... Y ahora, nos habíamos besado. Y sí, aunque no lo admitiera en voz alta... Era muy importante para mí, realmente más de lo que había imaginado. Ambos continuamos con nuestros ataque histérico de risa hasta que se nos saltaron las lágrimas. Volví a sentarme en el banco sujetandome el estómago dolorido por las agujetas. Cuando la risa fue menguando lo miré. Era hermoso... Y juraría que jamás lo había visto reír así. Tenía que admitir que me gustaba y mucho. Las arrugas de sus mejillas se profundizaron y sus ojos se tornaron de un azul añil intenso con algo de amarillo en su centro. No sabía qué significado tenía aquel color, pero aquel azul me dió una pista importante, estaba feliz. En este momento parecía feliz y divertido, me enterneció. A mí, la cosa menos cariñosa y amorosa del mundo, ese grandullón me enterneció. Nos quedamos mirándonos el uno al otro por unos minutos cuando la risa cesó. No sabía que estaba pensando él, pero yo no podía apartar la vista de esos labios tan llenos y rosados. Y porsupuesto tampoco de esas malditas arrugas. Tenía el pelo revuelto y le caía en ondas por la frente, reprimí el impulso de apartarlo de su cara para poder observarlo mejor. Pero él no. Alzó su mano y apartó un mechón de mi trenza maltrecha para pasármelo por detrás de la oreja. En cualquier otra situación o con cualquier otra persona me habría parecido la situación más pastosa del mundo, pero con él todo era tan distinto... No quise reprimirme más, ya estábamos metidos en esto hasta arriba, no tenía sentido tener que guardar más las formas, ni las ganas, así que me lancé sin pensarlo y besé aquellos labios que tanto me llamaban.
Parece que aquello le pilló de sorpresa, tuvo unos instantes de titubeo donde casi me muero pensando que iba a apartarse, pero enseguida me devolvio el beso. Esta vez no era un beso suave o sutil, nada que ver, esta vez era un beso en toda regla. Lo saboree con ganas como si fuera la última vez que iba a hacerlo, descubrí la calidez de su lengua en la mía y juré que me temblaban las manos por el contacto. Me estremecí. Esto era muchísimo mejor de lo que jamás habría imaginado, y tenía que reconocer que me lo había imaginado ya unas cuantas veces...
El beso fue largo e intenso, tanto que cuando nos separamos sentía mis labios hinchados y palpitando. Me ruboricé cuando su mirada se posó en ellos y le vi morderse el labio inferior. El calor subió por mi estómago, sentí un revoloteo que me hizo sonreír y ponerme tan nerviosa al mismo tiempo. Mi cuerpo siempre reaccionaba a él, y la sensación que dejaba en mi interior era realmente maravillosa. Calidez.
Me acarició la mejilla. Esto se estaba poniendo demasiado intenso, no quería hacerlo, no quería cortarlo ahora, pero teníamos que ponernos en marcha con el plan rápido. Si funcionaba debíamos pensar en el siguiente paso y como rescatar a los demás. Me dolió hacerlo pero lo hice.
- Tenemos que ir a por el collar, está en el coche... ¡Mierda! Estaba en el coche en el que salimos, en el del accidente.
Me tiré de los pelos literalmente, no podía creermelo. Con todo el follón me había olvidado completamente de la mochila. Las manos me comenzaron a sudar y estaba a punto de salir corriendo cuando Keilan me agarró del brazo.
- Para el carro, ¿Crees que a mí se me olvidará algo así?
Oh Dios. Oh Dios. Estaba a punto de darme un puto infarto al corazón.
- Me cago en la puta... ¡Casi se me para el corazón!
- ¡Epa! Señora, esa boca... - me sonrió de medio lado. - ¿Qué harías sin mí? Y porfavor, deja a tu corazón tranquilo. Me gusta oírlo latir.
¿En serio? Casi me da un infarto ¿se iba a poner a decirme estás cosas ahora mismo? No sabía si eso me hacía odiarlo o amarlo más. ¿Amarlo? Aparté ese pensamiento de mi cabeza lo más rápido que pude.
- Ya bueno, el pobre está sufriendo lo suyo últimamente...
- Bueno, supongo que ahora podemos decir que tú, me has besado.
Lo miré y vi esa sonrisa burlona suya que llegaba hasta sus ojos. El gesto me ponía igual de nerviosa para bien como para mal. Me daban las mismas ganas de apuñalarlo que de comérmelo cuando hacía eso.
- No te acostumbres. - le guiñé un ojo poniéndome a su altura. - Vamos a por ese collar, a ver si funciona. Aún tenemos mucho por hacer.
- Podría acostumbrarme...
Fue un susurró, pero lo escuché. Me hice la loca, pero lo había oído nítidamente. Mi corazón galopó de alegría y nerviosismo a la vez. Entre tanta mierda, había conseguido lo que nadie había conseguido jamás a lo largo de mi vida, que mi corazón reaccionara a él, tanto como lo hacía mi cuerpo.
Nos dirigimos hacia el coche que estaba estacionado a un lado del camino, Keilan sacó la mochila y me la entregó. La sostuve con dos dedos, juraría que era de color veis y ahora solo podría verla negra, la posé en el suelo y la abrí con la esperanza de encontrar el colgante. Rebusqué entre la maraña de ropa y ahí estaba, el pañuelo que me dió Keilan para envolverla. Lo sostuve entre mis manos con cuidado de no tocarlo y se lo tendí a él. Pareció dudar por unos segundos pero accedió a cogerla.
- Ya sabes que no puedo, o almenos no debo tocarlo.
- Sí, recuerdo el pañuelo.
Le sonreí y me devolvió la sonrisa aún que esta no llegó a sus ojos. No sabía si era por si lo que estábamos apunto de hacer no funcionaba o por alguna otra cosa, de todas formas no podía culparlo, teníamos a mucha gente en jaque y la tensión y la preocupación eran sentimientos de los más normales. Fué ahí cuando me di cuenta que este momento no sentía ninguna de esas cosas, me sorprendí, no había podido relajarme prácticamente nada en estas últimas 24h y ahora, sentía que flotaba. Era una Imbécil de categoría... Sólo había sido un puto beso, no quería sentirme como una niña pequeña con un peluche nuevo. Tenía que centrarme, esto era importante y necesitaba tener todos mis sentidos en lo que estaba por venir. Si todo iba bien, luego quizás tendría tiempo para dejar a mi corazón calogar al viento entre sus ojos.
No sin asco me eché la mochila al hombro y caminamos hasta la cabaña. Brayan discutía con alguien que no estaba allí, así que deducí que debía ser Graciela. Se calló inmediatamente cuando entramos y eso me puso los pelos de punta, no iban a ser buenas moticias. Solté la mochila a un lado de la puerta cuando Brayan vino a nuestro encuentro.
- Tenemos qué hablar.
- ¿Emma?
- Emma está bien, almenos todo lo que puede estarlo, Dyandra está ahora con ella. - carraspeó antes de continuar y me crucé de brazos una vez más, últimamente este era mi mod diario. - Han llegado refuerzos a la Orden, hace a penas unos minutos. Graciela me estaba informando, sufrieron un ataque por el camino - miró a Keilan de reojo - hemos perdido a un par de personas.
Vi de reojo como Keilan apretaba los puños y juraba que escuchaba sus dientes chirriar.
- Hay demasiada actividad, no es lo normal.
Keilan avanzó hasta la barra de la cocina mientras continuaba hablando.
- Hace años que no se ven demonios así, ha simple vista y menos a la luz del día. Esto es una movida importante.
Se sentó en el taburete y se peino el pelo con las manos nerviosamente. Me dieron ganas de ir hacia él y consolarlo, pero me contuve.
- ¿Es por el collar? ¿Por mí?
Brayan dejó de mirar a su hijo para observarme a mí.
- Puede ser, no estamos seguros. Pero es la primera vez en años que secuestran a alguien de los nuestros y no ha sido a uno, han sido varios. No es lo normal, no sé cómo ha podido pasar, pero son más y más fuertes. - Volvió a dirigir su mirada hacia Keilan que seguía sentado en el taburete repiqueteando los dedos en la barra nerviosamente - Necesitamos todos los activos posibles. No sabemos a qué o quién nos enfrentamos, pero huele mal. Bastante mal.
Se aclaró la garganta.
- Es Samael. Estoy seguro.
El padre de este se enderezó en sitio y me pareció ver miedo en su mirada. Jamás creí que este hombre podía sentir algo así, pero juraba que se había estremecido al escuchar aquel nombre. Debido a su parecido al nombre de Bael, el otro demonio, deducí que debía ser otro de ellos, pero el tono de Keilan y su expresión corporal al nombrarlo me hizo pensar en que había algo más ahí.
Me adelante hacia él.
- ¿Quién es Samael? ¿Qué pasa?
Brayan contestó detrás de mí, pero no deje de observar la posición de tensa de Keilan.
- Un demonio, nada más. Un dolor de huevos si te soy sincero. Pero si mi hijo tiene razón, necesitamos algo más que unos cuantos activos.
Dyandra salió de las habitación donde se encontraba Emma, su cara parecía más pálida de lo que ya era y chorreaba de sudor. Me giré para observarla sabiendo de ante mano que no me iba a mirar, pero me equivoqué. Esta vez estaba mirándome fijamente y sus ojos iban de Keilan a mí rápidamente. Me quedé extrañada, supongo que sabía lo que había pasado pero... ¿No lo había visto ya antes en el coche? Su semblante se ensombreció por lo que me pareció ver una fracción de segundo y seguidamen sonrió. No la había visto sonreír en todo este tiempo, y sinceramente, esa sonrisa me puso los pelos de punta.
- ¿Puedo verla? - me adelanté hacia la puerta donde descansaba mi amiga.
La mujer se limitó a asentir y camino hacia la puerta trasera que daba al jardín donde antes había estado con Brayan. Le hice un gesto a Keilan para que me acompañara y cedió inmediatamente. Así que nos dirigimos a la habitación los dos juntos.
El cuarto era más grande de lo que esperaba. Habían un par de bancos de trabajo de madera oscura, ambos repletos de recipientes de diferentes colores y formas. Algunos de ellos humeaban aún. Distinguí lo que parecían ser restos de raíces machacadas en su superficie y algunas flores o plantas que no conocía.
A mano izquierda un pequeño balancín de madera con forma de caballo descansaba en el suelo, cubierto de polvo. Parecía uno de esos que usaban los niños pequeños antiguamente, me sorprendió ver aquello allí, no encajaba para nada, pero no hice preguntas. Emma yacía en una pequeña cama al lado de la puerta, estaba cubierta por una manta verdosa hasta la barbilla. El color aún no había vuelto a sus mejillas, y si no fuera por el subir y bajar de su pecho habría jurado que estaba... Muerta. El miedo me recorrió la espina dorsal y me senté de inmediato a su lado sacando su mano de la manta y agarrándola con fuerza.
Aún qué su color era más bien pálido, parecía tranquila y serena. Hice el amago de quitar las mantas para ver su herida pero Keilan me sujeto del brazo y me negó con la cabeza.
Levanté las cejas, si me conocía lo suficientemente bien sabría que al haber hecho eso, las iba a levantar sí o sí. Pareció darse cuenta, porque me soltó inmediatamente y se colocó detrás mío. Levanté la gruesa manta para dejar al descubierto su pierna y ahogué un grito. Su pierna estaba casi completamente negra, tenía lo que parecía ser una especie de hunguento blanquecino encima de la herida pero esta se había extendido casi por la mitad de su pierna hacia abajo. Tenía mala pinta, muy mala pinta. Retiré la mano para taparme la boca, estaba a punto de chillar tan fuerte que iban a escucharme hasta en Solea.
Keilan me abrazó por detrás en el instante en que me levanté. Sus palabras susurraron en mi oído.
- Impresiona. Te dije que no lo hicieras...
Cerré los ojos para evitar que un mar de lágrimas se derramara una vez más por mis mejillas.
- Funcionará. Estoy seguro.
Su abrazo se hizo más fuerte y me calmó un poco. Pero el miedo estaba arraigando tan fuerte en mi estómago que me dolía.
El carraspeó de una voz en la puerta nos sobresaltó, Keilan se separó de mí tan rápidamente que daba la sensación de habermelo imaginado todo. Dyandra nos observaba desde la puerta con una mirada suave, parecía mentira el cambio de actitud de la anciana en un abrir y cerrar de ojos.
- Es grabe. - la mujer se acercó a nosotros y volvió a destapar la pierna de Em - se está expandiendo más rápido de lo que pensaba...
No la dejé acabar, empujé a Keilan hacia ella.
- Tenemos algo. - le golpeé en el brazo - díselo, ella sabrá qué hacer.
Keilan me miró sorprendido, creo que no estaba en sus planes comentárselo a la mujer, pero si alguien sabía cómo utilizar ese dichoso collar sería ella. No es que me emocionara mucho hacerla participe de nuestra posesión más preciada, pero era la única que podría ayudarnos.
Keilan titubeó un momento, y sacó el pañuelo del bolsido derecho de sus tejanos negros y encuerados. Seguían impecables. Sorprendente.
Creí ver la sorpresa en los ojos de la mujer cuando este destapó la piedra y su color verde comenzó a brillar en las paredes blancas de la habitación. Esa emoción de sorpresa dejó paso a un rostro más relajado, casi impasible. Me pareció que disimulaba la expresión de sorpresa para esconderla pero estuvo ahí por unos segundos, y para mí no pasó desapercibida. Creo que Keilan se dió cuenta también, porque la posición de su cuerpo se interpuso entre el colgante y la mujer de modo defensivo.
La anciana debió percibirlo, dió un paso hacia atrás antes de hablar.
- Disculpad mi sorpresa, hace casi medio siglo que no veo una piedra como esa... Keilan... ¿De dónde la has sacado? ¿Sabes si quiera lo que llevas encima?
La mujer volvió a dar un paso hacia atrás, ahora parecía asustada, frágil y más anciana de lo que ya era.
Me adelanté y cogí la piedra envuelta en la mano. Se la tendí a la mujer. No había otra solución, tenía que hacerlo, haria lo que fuera.
- Era de mi abuela.
La mujer parpadeó rápidamente mientras me observaba.
- Sabemos que es muy poderosa, creemos que quizás pueda ayudar a Emma con eso... - señalé la pierna de esta sin girarme a mirarla, no soportaba ver como aquel mordisco ennegrecia su muslo.
- No la he usado nunca - la mujer se acercó tímidamente. - pero creo que tengo varios libros que podrían ayudarnos. Si no te importa...
Me tendió la mano y dejé caer la piedra en ella. La mujer la sostuvo con sumo cuidado, se acercó a la mesa de trabajo y la colocó dentro de un pequeño bote de cristal con un tapón de aluminio dorado desgastado. Parecia un pote de conservas reutilizado. Keilan y yo no le quitamos el ojo de encima, no sabía bien si era por desconfianza o porqué, pero aún sabiendo que él confiaba en ella, yo no estaba segura del todo.
- Intentaré lo que sea. Pero primero debo proteger aún más esta casa, está claro porque os buscan. Quieren la piedra.
Nos miró seriamente a los dos.
- No podéis permitir que caiga en sus manos.
- No lo haremos. Protégela y salva a nuestra amiga, es todo lo que te pedimos.
La sanadaro asintió y salió de la habitación a toda prisa, después de tapar a Em y besarle la frente Keilan y yo salimos detrás de ella.
Brayan me agarró de la mano y tiró de mí hacía fuera de la estancia, por la puerta principal, trastabillé y estuve a punto de caer antes de salir. Por el rabillo del ojo vi como Keilan nos seguía con cara de sorpresa.
- ¿Qué cojones...?
Keilan se abalanzó sobre su padre y corto el contacto de su mano en mi brazo, se puso delante de mí a modo defensivo. El corazón me latía con fuerza por la sorpresa.
- ¿Qué narices te pasa?
Pude ver el reflejo rojizo de sus ojos y enseguida supe que estaba sumamente cabreado.
Brayan levantó las manos en señal de defensa.
- ¿Crees que le haría daño?
- No importa lo que crea, no vuelvas a cogerla así.
Brayan hizo caso omiso del comentario de su hijo y continuó mientras caminaba de un lado para el otro nerviosamente.
- No podéis dejar la piedra aquí, la encontrarán. ¿Cómo se os ocurre dársela? Creí que había dejado claro la importancia de esa piedra...
Keilan lo interrumpió antes de que acabara el sermón y su padre paró en seco.
- No teníamos más remedio, puede ayudar a Emma y estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio para que eso suceda.
Me sentí sumamente orgullosa de esas palabras, sabía lo importante que era ella para mí, y estaba aquí enfrentándose a su padre por ella... Por mí. Un sentimiento cálido me recorrió el estómago seguido de un cosquilleo.
Brayan abrió mucho los ojos y su semblante se ensombreció, estaba realmente enfadado.
- ¿A sí? ¿Dispuestos a arriesgar todas nuestras vidas por un invento que ni si quiera sabemos si puede funcionar? ¿No podríais almenos habérmelo consultado? ¿Comentado? - el hombre pateó una piedra nerviosamente - Si no funciona, habréis atraído hasta aquí a cientos de demonios. Habréis puesto en jaque a toda nuestra familia, y entonces, hasta Emma morirá.
Keilan estaba a punto de replicar cuando yo me adelanté.
- Lo siento. Puede que tengas razón y debimos comentarlo contigo primero, fué cosa mía... Pero no tienes porqué preocuparte, algo me dice que funcionará.
Ambos me miraros y pude distinguir un color rosado en el fondo de aquellos ojos azules, jamás había visto aquél color en él, y no sabía cómo interpretarlo solo esperaba que aquella emoción fuera buena. Su padre agachó la mirada y bajó los brazos que previamente había subido hasta su cabeza. Su posición corporal me dijo que se había resignado. Realmente ya no había nada que pudiéramos hacer, lo hecho, hecho estaba. Los tres nos dispusimos a entrar en la casa de nuevo, Brayan pasó por delante de nosotros.
- Espero que tengas razón, sino, nos habeis condenado a todos.

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