Parte 13

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La abuela va a buscar al bastardo en el auto. Niña bonita no sabe porqué la acompaña. Quizás un poco de intriga y morbo.

Graciela va, pero sus papás la llevan. Son dos señores que se parecen mucho entre ellos. Ambos largos y flacos. No se parecen en nada a la guacha. La quieren obvio. De hecho la aman.

El bastardo sale del hospital y le llama la atención la comitiva. No le da emoción ni nada, al revés le da un poco de vergüenza.

Niña bonita sabe que el bastardo es sincero en no querer recibir nada de lástima o atención. No lo entiende, pero es sincero.

Lo envidia. Lo odia.

Y lo abraza cuando sale. Es la primera que va y lo abraza. Él se detiene y no responde en nada. Sus brazos caen muertos.

Luego va la abuela y le dice "bienvenido" y le da un abrazo que él recibe igual de frío.

Él camina hasta su hermana y la saluda con un abrazo. Ella se cuelga a su cuello. La mocosa llora y aún así se ve fuerte.

La envidia. La odia.

Todos se juntan como en un círculo.

—Así que tú eres el famoso Kas —dice la mamá de la mocosa—. Gracie nos habla mucho de ti. Quiero que sepas que puedes contar con nosotros.

—Completamente —dice el hombre. Parece doctor analizando a un paciente—. Por favor ven a nuestra casa cuando quieras.

Kas se moja sus labios secos. Se rasca el codo como si tuviera sarna. Ya casi no tiene uñas.

—¿Pue-puedo ... —tartamudea. Niña bonita memoriza esa cara y tartamudeo. Nunca sabe cuándo le sirva—. ... hablar con Mona un rato a so-so-solas?

Y pese a esa amabilidad barata de los papás de Graciela, lo dudan. Sí lo dudan. Hay un silencio. La guacha los mira y decide tomar la mano de su hermano y llevárselo a otro lado. La mamá está a punto de decirles algo.

—Déjala —la detiene el esposo—. ¡No se alejen tanto! —les advierte.

——

Graciela está bien enojada por el silencio de sus padres adoptivos. Sabe que no confían en su hermano. Es inestable y se puede poner agresivo, piensan. La protegen demasiado. Han creado una serie de prejuicios contra Kas.

—Está bien —le dice Kas como adivinando lo que piensa—. Te quieren y yo salí de un psiquiátrico ¿qué esperas?

—Un poco de... no sé, no sé cómo se dice. Eso de ponerse en tus zapatos o algo así —resopla enojada.

—Calma —le toca los hombros. Mira de lejos a los papás de Graciela observando y deja de tocarla—. Tus papás se ven... muy parecidos.

—Lo sé, no son familia si eso crees —se ríe—. Se los pregunté.

—Eres terrible —le revuelve los pelos. Otra  vez ve que los papás de Mona observan muy atentos. La suelta y mete las manos a los bolsillos—. ¿Qué le hiciste a Ámbar?

—¿De qué hablas?

Kas se toca su propia nariz. Mona entiende. Ámbar sigue teniendo una cicatriz en la nariz que le rompió. Bien merecido. Se encoge de hombros, no va a discutir lo bien o mal que hizo. Ya está hecho.

—Tienes que cuidarte de ella —le dice Kas.

—No le tengo miedo —hace una pausa—. ¿Tú sí?

Kas sonríe y mira el suelo.

—Créeme Mona qué hay pocas cosas a las cuáles les tengo miedo. Una de ellas es perderte.

—Aaawww —se burla. Le da un codazo.

Kas vuelve a sentir la mirada de los papás de la niña. La mamá no deja de estudiar la situación. El papá está conversando con María.

—Eres relindo —y no lo dice en burla. De hecho se le llenan los ojos de lágrimas—. Yo también tengo miedo de lo mismo; perderte otra vez.

Kas le seca las lágrimas. Ella apoya su cabeza en su hombro. No dicen nada por unos segundos.

—María y Roberto te van a adoptar. Ámbar será algo así como tu hermana. Qué miedo.

—Tú eres mi única hermana y familia.

—Tú igual —y mira a sus papás atrás.

—Está bien que sientas que ellos son familia, Mona. Se ven buena gente.

—Lo son. Roberto y María tampoco están mal. Si no fuera por la psicópata de su nieta. Me dijo cosas súper raras. Súper híper raras. De esas cosas que uno cree que son de gente en la cárcel por balear a toda la escuela. Esas que aparecen en las noticias.

—Exageras.

—Que no. Que no siente nada. Que está completamente loca. Chalada, en serio.

La miran. Niña bonita es muy hermosa. Tiene a veces una mirada angelical y en otras de demonio. Del mismo infierno. Es brillante al sol, es una modelo de esas de los mejores concursos de belleza, pero tiene algo oscuro y maligno.

—No va a querer que seas parte de la familia.

—Ni quiero —responde desganado—. Pero  necesito a alguien que vea que no me mate o algo así. Y tú sabes que volver al orfanato es peor que aguantar a la malcriada ésa.

—¿Por cuánto tiempo necesitas que te cuiden así?

—¿Sinceramente? Quizás nunca tenga independencia total. Si mi cabeza está rota, no soy algo así como alguien que se pueda valer por sí solo o tomar decisiones.

—¿Y cuando María y Roberto se mueran? ¿Quién quedará a cargo de ti?

Se encoge de hombros.

—¿El estado? Ni idea Mona. Ni idea.

—Sé que tienes un plan. Te conozco. ¿Vas a escaparte, verdad? Dime la verdad.

—Sí... ya sabes, vivo escapando. Estaré ahí hasta que me den un poco de libertad y no volveré nunca más.

—Por favor no me dejes a mi sin noticias. No te lo perdonaría. Te odiaría para siempre, siempre, te lo juro. No te hablo más.

—No te preocupes —le sonríe—. Siempre sabrás de mí. Te lo juro. No me quiero poner cursi, pero es que eres lo único que me hace estar de pie hoy. No hay nada ya de mí mismo que me haga levantarme. Nada. Ni comer ni nada. Estoy en una depre horrorosa —se seca unas lágrimas—, me han diagnosticado de todo un poco, Mona. Como que tengo cinco trastornos diferentes y... depre, ansiedad, psicosis, y cuánta cosa caía en el papel. Tengo pastillas que son para poder tomar otras pastillas. Pastillas pa dormir y para despertar.  Es horrible. Yo creí que esto se había terminado de verdad —cierra los ojos— para variar me duele la cabeza horrible. La guata. Las piernas —se pone una mano en el pecho—. Ese desastre soy yo. ¿Qué me cuentas de ti? —le sonríe.

Niña BonitaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora