El inicio de una lucha

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Fueron dos horas de viaje hasta el pueblo en el que nos alojamos. Eran aproximadamente las cuatro de la mañana cuando por fin llegué. Fui a la habitación— que compartía con Miya—en silencio. Me puse un pijama holgado y me tiré a la cama.

Todos los esfuerzos no han valido de nada.

—Yo te creía estúpido— alguien habla detrás mío—. Pero realmente superas todas mis expectativas.

Ese es Miya.

—¿Qué haces despierto tan tarde?

—Te dije que te esperaría— él se sienta y cruza los brazos—. Más te vale tener una buena excusa para mandar todo el plan a la mierda.

No. La verdad es que no la tengo.

—Fueron los nervios.

—Ya. Por lo menos nos quedan los bollos de carne.

Él se levanta, y tambaleándose por el sueño, abre la mochila—que está en una esquina de la habitación— y se acerca.

—¿Quieres uno? A pesar de haberlos descongelado hace tiempo están bien, fríos, pero bien.

—No, gracias.

Él se encoge de hombros.

—¿Qué tal fue la cita?— Yo arqueo una ceja.

¿De verdad lo está preguntando?

—Fatal.

—Me lo imaginaba.

¡¿Entonces por qué pregunta?!

Será mejor que vaya a dormir, necesito descansar.

—Me voy a dormir— él asiente y también se tumba en su cama—. Buenas noches.

—Buenas noches.

Mañana será un nuevo día. Rezo porque sea mejor que este.

 Rezo porque sea mejor que este

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Shoyo

—Ya vi el mensaje que dejaste.

—Gracias por traerme a casa. Y siento si te causé muchas molestias, cuándo duermo soy un desastre.

No es nada—

—¿Vas a ir hoy a la clase?

¿Voy a ir hoy a su clase? La verdad es que me daría mucha vergüenza mirarle a la cara después de lo de ayer.

No sé si llegaremos para la tarde—

De momento eso es una buena excusa.

Porque si, seguimos de turismo.

Se supone que debo estar prestando atención a una estatua de no sé quién, creo que fue el fundador del pueblo en el que estamos, pero la verdad me preocupa más esto.

Bailando con el amor.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora