La cita no empezó con buen pie. Yo estaba muy nervioso cómo para hablar de algo y Kageyama...es Kageyama, no es muy hablador.
Por eso sentí que esto había sido una mala idea cuando el silencio en el que estábamos pasó de uno normal a uno raro, quizás tirando a incómodo.
—¿Crees que llegaremos?— arqueé una ceja.
—¿Adónde?
—Al restaurante, llegaremos a tiempo, ¿No?
—Si, si, claro, vamos con tiempo, hasta creo que nos va a sobrar— él suspiró.
—Bien.
Nos volvimos a quedar en silencio unos segundos hasta que me cansé y decidí comenzar una conversación.
—Y dime, Kageyama, ¿Te gusta la comida de aquí? Es muy diferente a la de Japón.
Esa es una de mis principales preocupaciones ahora mismo, que no le guste la comida de aquí y cagarla de primeras.
En realidad no sé porque le dije de ir a un restaurante, tampoco sé si le parece bien, creo que solo dijo que si a todo porque estaba nervioso.
Además de que yo no supe reaccionar a tiempo e hice a lo que estoy acostumbrado, invitar a comida que a la mayoría le suele gustar, pero la mayoría de gente con la que me relaciono está acostumbrado a la gastronomía brasileña, no a la japonesa, creo que lo único que tenemos en común es que se usa mucho el arroz, pero nada más, por lo demás es totalmente diferente.
—Bueno, probé muy poco cuando fui de excursión, pero lo que comí estaba rico.
Suspiré aliviado.
—Menos mal, tenía miedo de que no gustara.
—No te preocupes por eso, estoy seguro de que si me va a gustar.
—Cuanta seguridad— reí y poco a poco nos fuimos soltando. Se me olvidó que con quién estoy hablando ahora es el mismo idiota con el que hablo siempre, no hace falta estar tan nervioso.
Cómo ya preveía al salir de casa, nos sobraba tiempo, entonces lo desvié un poco del camino para hablar más tranquilos, después de todo solo tenemos que ir por una de las avenidas principales de la ciudad para llegar a una zona más tranquila.
Tuvimos que esquivar a mucha gente, lo bueno es que Kageyama es tan alto que me es imposible perderlo, es cómo un poste de referencia.
—Cuida la cartera— le grité al ver cómo una ola de personas se acercaba, seguramente habría carteristas, lógicamente no quiero que le roben la cartera, no quiero pagar la cena yo sólo, sería injusto.
Es broma, es broma, si se la roban dudo que la recupere, y sería un follón buscarla.
—¿La cartera?
—Si, hazme caso— asintió y lógicamente yo estuve atenta de la mía, entonces nos metimos entre todas las personas.
Pero a los segundos lo comencé a perder. Una de las peores cosas de las olas de multitudes es que cada uno va por su lado, y si no estás acostumbrado te arrastran, y aunque tengo algo de experiencia con estas cosas la mayoría de personas venían en dirección contraria y eso me dificultaba seguir.
—¡Kageyama, espérame!— No pensé que él me había escuchado, o no al menos hasta que retrocedió y me agarró la mano para ayudarme, yo solo alcancé a reforzar el agarre.
—¡No te pierdas, tonto! ¿Hacía donde tenemos que ir?— me quedé unos segundos pensado una solución alternativa. La idea principal era cruzar la avenida entera, pero así es imposible.
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Bailando con el amor.
FanfictionKageyama está de viaje con la selección japonesa en Brasil y-por perder una apuesta tonta-tiene que acudir a una academia de baile para intentar aprender el baile tipico de este país si no quiere tener un castigo peor por parte de sus compañeros de...
