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POV'S Amara.

"Un sueño eterno."

[...]

Un año antes.

Sus gritos agonizantes eran lo único que resonaba como un eco pesado en toda la habitación. Su agonía se reflejaba en su estado físico, se veía destrozado, pero pese a su notable cansancio, trataba de resistirse con todas sus fuerzas. No dejaba de suplicar, y rogar piedad.

Pero yo no iba a detenerme, eso lo tenía más que claro.

Era poco común que yo utilizara la violencia, nunca fue de mi agrado lastimar a las personas, siempre consideré que yo era diferente a mi familia en ese aspecto. Pero, de tan solo pensar que él podría estar en peligro despertaba lo peor de mi. Cambiaba toda la jugada, porque siempre estuve dispuesta a joderme una y mil veces si eso significaba que el estaría bien.

—¡Detente, por favor!—Las gotas de sudor caían de su frente, y el pánico se veía en sus ojos cada vez que me veía moverme.—¿Qué quieres? ¿Dinero? ¡Te lo daré, pero por favor detente! ¿¡Qué te hice!?

En ese momento me detuve, con el cuchillo en mis manos, afuera el cielo estaba oscuro, yo misma me encargaría de que muriera, aunque todo se descontrole. El era una mala persona y yo lo sabía, por eso mi corazón no sentía pena en inculparlo. Sus suplicas me eran indiferentes, estaba en el mundo de las pesadillas, aquí no se me permitía enseñar debilidad o piedad.

—A mi nada, por supuesto.—Me agaché hasta quedar a su altura, pasando el cuchillo por su garganta, aún sin lastimarlo, sonriendo de forma tranquila.—Este es un lugar para personas cómo tú.

Los gritos de las personas que eran de su grupo se escuchaban de fondo, morían devorados uno por uno, pero a el yo mismo me lo había llevado.

Era un sacrificio.

Solo si tú mueres, es la única forma en la que yo puedo salvarlo.

—Porfavor. Te daré todo mi dinero, pondré todo a tu nombre, te daré el mundo si me lo pides. Déjame vivir.

—Sí de dinero se tratase, esto ya habría terminado.

Estaba lista para dar el golpe final, el que le quitaría su vida. Sin piedad alguna, coloqué el cuchillo en su garganta y la corté, provocando que mi rostro se llenara de su sangre. Eso no lo había matado por completo, así que me puse sobre el, el piso de la mansión se pintó de rojo, al igual que las salpicaduras de la sangre en las paredes. Sabía que todo se devolvería, sabía que el castigo por romper sus reglas sería fuerte.

Pude ver cómo poco a poco la vida dejaba los ojos del hombres. No me arrepentía en absoluto, pero ver mis manos manchadas de sangre me hizo sentirme extraña. Los gritos en toda la casa cesaron, todos los del grupo de pecadores habían fallecido ya. No había mas nada, el mundo nuevamente se había quedado en silencio.

Tenía que salvarlo, tenía que salvar a Nathan.

Lo que hice fue horrible, pero lo haría una y mil veces si eso implicaba que podía salvarlo.

Sus pasos sonaron nuevamente cómo un eco detrás de mi, una lágrima salió de mis ojos, no dijo nada, pero cerré mis ojos sintiendo el miedo recorrer todas mis venas. Su presencia detrás de mí era aterradora. El era la única persona que lograba inquietarme, la única persona a la que realmente le había temido.

La Casa de Los Pecadores. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora