8.

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"Un silencio agradable."

[...]

POV'S Amara.


Nathan abrió los ojos y me observó unos segundos, esos segundos se sintieron cómo una eternidad, hasta que me hizo una seña para que lo siguiera en el pasillo, le hice caso y terminamos en su habitación. Él se acomodó sobre su escritorio y me miró con seriedad, cómo si esperara que le respondiera una pregunta que nunca me hizo.

—¿Y bien?—Pregunté, el hecho de que me viera así me provocaba ansiedad.—Dime lo que sea que tengas que decir.

—Se que escondes algo.—Soltó como una bomba, sin filtro.—Se que no nos haz dicho toda la verdad.

—¿Otra vez con lo mismo?

—No es lo mismo, Amara. Es serio. He omitido mucho hablar sobre el mundo de las pesadillas, es más serio de lo que crees. Vi a alguien morir en ese lugar. Para ti tal vez es un juego pero para mi, es mi vida. Y temo perderla. Por eso te traje a este lugar.

—¿Para qué? ¿Crees que puedo salvarte?

—Sí.

Su tono sonó más vulnerable, menos serio que antes. Me hizo tensar mis hombros. Ojalá pudiera, de una forma, contarte todo y hacer que confíes en mi. Ojalá, pudiera hacerte saber que realmente quiero salvarte.

—Nathan...

—Quiero conocerte.—Me interrumpió, parándose de la mesa.—Quiero conocerte y quiero confiar en ti, es la única forma en la que puedo evitar sentir miedo.

—¿Por qué?

—Ese día. El día en el que te conocí, no sé cómo, pero lograste que yo no me sintiera asustado cuando vi esa cosa correr hacia mi. Eso no es algo insignificante, Amara. Tienes algo...no sé que, pero tienes un efecto en mi. Y se, que sabes más de lo que me dices, por eso te traje. No soy un loco que le abre las puertas de su casa así a cualquiera, estoy desesperado.

—No vas a conseguir saber nada, Nathan. Estás perdiendo tu tiempo conmigo. No tengo nada que decirte.

El rubio se levantó de su escritorio y en menos de dos segundos se acercó a mi. No me moví, pero puedo admitirlo, me sentí intimidada. Sentí su respiración sobre mi, pero traté de no bajar la mirada, no se lo quería demostrar. Pensé que estaba enojado, pensé que me diría que me largue de su casa, pero en lugar de eso, una sonrisa cínica apareció en sus labios, y luego de intimidarme, se alejó.

—No tienes que decirlo, pronto lo sabré de todas formas.

—No hay nada que saber.

—Oh, claro que lo hay, Amara.

Su interés en querer descubrir lo que sucedía, me hacía sentir desesperada. Lo miré mal, antes de salir rápidamente de la habitación, claro, el me siguió.

—¡Deja de seguirme!—Me giré y alcé la voz frustrada.—¿Qué es lo que quieres, eh?

—Nada, solo no quiero perderte de vista, a demás sigues siendo una desconocida recorriendo mi casa.

La Casa de Los Pecadores. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora