Alisa Johnson: III

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« - Envidia. - »

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El festival de rosas siempre había sido una de las cosas que más odiaba en el mundo, me parecía tan ridículo como todos le daban rosas a sus parejas de forma "anonima." y pensaba que solo era una forma estúpida de subir el ego de las Zorras.

Nunca le ponía atención a ese tipo de cosas, porque estaba enfocada en mi venganza; desde hace un tiempo había decidido que vengaria a Leo, cueste lo que me cueste. Los mataría a todos, uno por uno, les haría lo mismo que le hicieron a mi hermano.

Ese día, 14 de febrero, caminaba por los pasillos algo apresurada, necesitaba llegar al salón de música. Ese salón era mi lugar seguro en esa patética escuela, ahí podía ser yo, sin miradas juzgonas y sin santurrones de fondo. En ese lugar podía hacer lo que realmente me gustaba; bailar. Antes de que Leo quedará en coma, no sabía de esta afición. La fui descubriendo poco a poco, mientras estaba hundida en mi soledad, el baile fue mi única compañía.

Así que comencé a moverme lentamente, sin música. Podía bailar sin necesidad de público, o de melodías de fondo, lo único que necesitaba era mi cuerpo y alma, eso era todo.

En el momento en el que mi cuerpo se movía podía olvidarme de todos mis problemas, podía deslizarme en una nube de engaños para ser feliz, podía hacer todo sin necesidad de que la gente observará.

Porque vivía con miedo de ser feliz, odiaba a la gente porque por su culpa le tenía miedo a ser feliz.

La música para mí era como el fin del mundo, estaba segura de que sería la causa de mi muerte, porque la música tenía ese efecto de vacío dentro de mi ser, Yo era la nada misma cuando la melodía silenciosa entraba a mi vida.

Cuando deje de bailar tenía un extraño sentimiento, salí del salón y pude ver a Andrew Jacobs afuera. Entonces me di cuenta que el había observado mientras yo bailaba, lo cual me había causado mucha curiosidad, quise preguntarle algo, pero me arrepentí. Solo desvíe mi mirada y comencé a caminar lejos de él.

Ese chico era extraño, pero por primera vez en un tiempo me sentí con ganas de ser buena persona.

***

Esa misma noche...

¿Debería ir a ese maldito baile?

No.

¿Entonces qué carajos hago aquí?

Estoy entre la multitud, y la verdad no entiendo que carajos hago aquí, es como si esperara algo, pero no sé que es.

Dije que quería ser buena persona, pero esas ganas se esfumaron en cuanto ví la Felicidad de todos en aquel lugar, entonces la envidia me consumió de nuevo. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo ser como ellos?

Todo empeoró cuando ví a Andrew llegar por la entrada con su típica sonrisa, me sentía mal...así que no dude en tomar su brazo y arrastrarlo conmigo, era una locura, pero necesitaba un consejo suyo.

- ¿Quien es?

- ¿Quien más va a ser? Idiota. - le respondí con obviedad.

- ¿Alisa? ¿A dónde me llevas?

La Casa de Los Pecadores. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora