El aire era fresco, lleno de este reconocible aroma salado por las aguas del mar, la brisa era reconfortante, las gaviotas volaban con ligereza y las personas se encontraban disfrutando del cálido sol en la playa, ya sea jugando con las aguas o tomando el sol, o en este caso, haciendo castillos de arena junto a una adorable niña de dos años, y, por su puesto, tratando de que no saliera corriendo en dirección del inmenso mar.Per y Clarice habían llevado por primera vez a la playa a su hija de dos años, Annika. Era una preciosa creaturita de mejillas regordetas, cabello almendrado y preciosos ojos negros. Era una pequeña curiosa, cualquier cosa que se cruzara en su camino era un descubrimiento totalmente nuevo y peculiar para su nuevo cerebro, fascinada por saber cómo era que eso ocurrió, y, claro, no olvidemos una frase que Annika solía decir con frecuencia a mami y papi: "¿por qué?"
Había sido una semana pesada para los padres primerizos, Annika no paraba de un lado al otro, asombrandose y fascinandose con el mar cada vez que veía su inmensidad, queriéndose lanzar por su propia cuenta a la inmensidad azul, pero nunca lo logro, pues el sobre protector Sodo no le quitaba ni un ojo de encima a su preciosa princesa de hermosos ojos negros. La pequeña Annika no dejaba que sus padres descansaran ni un segundo, quería jugar en la arena todo el día, a veces haciendo berrinches porque se tenían que ir de la arena para ir a comer, cosa que mami arreglaba con una simple mirada.
Tener a una niña de dos años que constantemente se metía en la cama en la noche por pesadillas, era un asunto un tanto complicado y difícil, los cuidados que llevaba cuidarla durante el día y mantenerla vigilada era difícil; ser padres era un trabajo de tiempo completo. Clarice y Sodo tuvieron que despedirse de tener intimidad durante mucho tiempo, sus encuentros íntimos se fueron reduciendo cada vez más hasta llegar al punto de no haber tenido contacto físico por al menos tres meses seguidos, y cuando sus cuerpos subían de temperatura y deseaban hacer el amor, la pequeña niña tocaba a la puerta pidiéndole a su papi que revisara debajo de su cama y sacará al monstruo, o simplemente pedía permiso para dormir con ellos, cosa que nunca podían rechazarle a su hija.
Ahora, en su última noche en la playa, habían disfrutado de la arena y la fría agua del mar, mientras Sodo mantenía en brazos a Annika y le decía con voz melosa que se despidiera del señor mar. Clarice le había dado algo de leche tibia —pues la pequeña aún pedía un biberón antes de ir a dormir— cayó completamente rendida en la enorme cama, ni un terremoto podía despertarla.
—¿ya está dormida?—preguntó Per mientras se quitaba su playera.
—Sip—respondió Clarice mirando a su esposo.
Aquellos segundos de silencio entre ambos parecieron eternos. Sus miradas se afilaron, y por un momento creyeron oler toda su pasión guardada por varios largos meses. Clarice se alejó con rapidez de la cama, dando un pequeño salto y tomando de los hombros a su esposo y a la vez colocando sus piernas en la cintura del guitarrista. Eriksson apretó el trasero de su esposa, disfrutando el beso salvaje que Clarice le daba con tanta pasión.
—vamos al baño—susurro Clarice entre besos.
Per inició su camino al baño con pasos lentos, pero seguros. Al estar en el interior del lujoso baño de la pequeña casa en que se estaban quedando, pusieron el seguro y se deshicieron de su indumentaria. Se tomaron su tiempo, querían disfrutar el momento, mantenerlo fresco y dulzón como el jugo de una naranja al cortarla por primera vez, pues sabían con certeza qué momentos como ese se terminarían en cuanto estuvieran de vuelta en casa. Eriksson encendió el jacuzzi, el agua era cálida y burbujeaba, perfecta para relajar los cuerpos llenos de cansancio de los padres. El de ojos azules fue el primero en entrar, cerrando los ojos con disfrute cuando sintió la calidez en sus cansados músculos. Para cuando Per volvió a abrir sus hermosos orbes azules, se topó con una imagen mucho más hermosa que la de la playa asomándose por la ventana a su espalda, pues enfrente de él su hermosa esposa de estatura pequeña se encontraba expuesta a él, con su cabello negro cubriendo ligeramente sus senos y sus manos con uñas rojas cubriendo su feminidad, pues después de estar varios años junto a Eriksson, cuando su cuerpo se encontraba expuesto de tal manera ante los ojos azules, se sentía como si fuera la primera vez.
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ONE-SHOTS (Per 'Sodo' Eriksson)
FanfictionLectura erotica, +18 o smut con el guitarrista principal de la banda Ghost: Sodo Eriksson. Espero y sea de su agrado, si no les agrada éste tipo de lectura, les recomiendo no leer. Cada capitulo será distinto al anterior y no tendrán un seguimiento...