La dulce balada

351 32 7
                                        

Mikasa tarareó al ritmo que sus pies se movían.

No dejó de dar pequeñas vueltas alrededor de la cocina. Quizás no debería estar tan feliz, ella y Eren hicieron algo malo y trajo consecuencias terribles. Ellos deberían estar tristes, deprimidos, incluso enojados pero mentiría si lo dijera porque los últimos tres años han sido lo contrario.

Lo único que ella sabe, es que ahora debe enfocarse en su familia. La familia que siempre anhelo formar junto a su más amado.

La prueba de ello era el bebé que sostenía en sus manos, apenas con sus escasos cinco meses Mikasa podía decir que era lo más hermoso que conoció alguna vez. No era por su cabello azabache como el de ella, ni la tez morena de su piel, era por el simple hecho de que era producto del amor que tiene con Eren.

Después de todo, todo parecía estar bien. Tenían una casita en el medio del bosque, la caza y la siembra los mantenían con comida en la mesa, casi nunca se enfermaban, contaban con muy buena salud.

¿Por qué deberían estar desolados después de tantas bendiciones?

Y en un momento de demencia, Mikasa se hizo una pregunta, ¿qué fue lo que hicieron mal?

Podía jurar que no hace mucho lo había pensando.

Fue una tontería, ya lo recordarás.

Dejó a su bebé en el cunero y se apresuró hacer la cena. Prepararía un pato con verduras, a Eren le gusta mucho pero incluso mientras cocinaba, un pinchazo en su cabeza le dijo que esto era efímero. Mikasa frunció el ceño, sacudió levemente su cabeza con el fin de eliminar ese pensamiento. Colocó uno de sus mechones negros tras su oreja y procedió a cortar los vegetales.

Volvió a tararear una canción moviéndose al ritmo de esta. Buscó en su alacena uno de los condimentos para la cena. Fue en vano, no había nada.

¿Por qué no había? Ella recuerda que el fin de semana compró más ya que se le había terminado. Resignada, continuó preparando el pato. Miró a través de la ventana de la cocina, las hojas de los árboles estaban cayendo debido al fuerte aire de afuera.

Se quedó viendo un árbol en específico, le parecía familiar.

¿Qué es lo que hacían antes de llegar a la cabaña?

El ruido de la puerta abierta la trajo de regreso a lo que estaba haciendo. Se limpio las manos con un trapo que tenía trabado sobre su falda rosa y corrió descalza a través de la sala para recibir a Eren.

—Hey tú —saludo el de ojos turquesa.

Mikasa lo recibió con un beso en los labios mientras pegaba su cuerpo contra el suyo. Eren la tomó por la cintura.

—¿Cómo estas? —preguntó él— ¿Donde está el pequeño de la casa? —buscó en la habitación.

—Está durmiendo, tiene el sueño pesado como tú —Mikasa sonrió.

Eren continuó su paso por su hogar con las cosas que había pescado y recolectado en el día. Ya tenían comida para mañana.
Mikasa se quedó de pie observándolo, una punzada en su hombro se hizo presente. Ella se rascó ahí y miró hacia atrás, la puerta aún no estaba cerrada, sintió que alguien los observaba. No perdió el tiempo en cerrarla.

Respiro profundamente, quizás le haga falta dormir más.

—Huele muy bien —dijo Eren mientras salía de la cocina, probablemente ya había saludado a su hijo.

—Gracias, toma asiento, en un momento sirvo.

—Pondré los platos.

Ella asintió.

Red VelvetDonde viven las historias. Descúbrelo ahora