They said the end is coming

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El camino a casa no era tan largo, pero a la hora de la salida de su trabajo el tráfico no se hizo esperar. Era tedioso y no estaba acostumbrada del todo y tampoco podía hacer nada para cambiarlo.

A mitad del la ruta Mikasa logró encontrar un lugar. Tomó asiento junto a la ventana mientras miraba los edificios, las demás personas, los carros y la vida pasar.

Ya había aceptado que sus mejores años los pasaría trabajando, igual eso no la desanimaba del todo porque cuando llegaba a casa su persona favorita estaría ahí para ella.

No siempre están en disposición, el cansancio los vence a ambos, eso no significa que estén en una rutina.
Mikasa tamborileo sus dedos contra la ventana y pensó en el clima, no faltaría mucho para que las lluvias comiencen y eso haga peor el tráfico. Decidió concentrarse sólo en lo primero.

La lluvia y como un par de veces tuvieron la bendición de estar en casa, Eren y ella se arropaban en su sofá, con mantas y chocolate caliente mientras veían una película. Aquella vez, Mikasa preparó galletas de Red Velvet pero se terminaron antes de llegar a la sala. Eren suele ser un glotón a veces.
Eso la hizo sonreír, el recuerdo de las mejillas de su amado con boronitas rojas, ella las limpio con sus pulgares y después le dio varios besos en la cara y en los labios. Todo se sentía tan bien estando con él.

Esperaba desde lo más profundo de su corazón que jamás se separen.

Ellos encajaban tan bien.

Mikasa comenzó hacer un juego de rimas en su mente con los pensamientos anteriores y en seguida necesitaba un lápiz y papel. Aunque debido al movimiento del autobús no creyó que eso fuera posible, así que se conformó con sacar su celular y teclear sus ideas.

Era tan fácil hacerlo, la inspiración llegaba mucho con su relación.
Tenía un par de poemas que hablaban exclusivamente del color turquesa de los ojos de Eren, casi siempre describiéndolos como "joyas preciosas".

Cuando terminó, ya había llegado a su parada final, justo a tiempo. Camino una cuadra más y por fin entro a su edificio. Tuvo que subir un par de escalones, consideró la idea de gatear como una forma de ahorrarse el esfuerzo pero rápido cayó en cuenta que eso implicaba más cansancio. Y aparte, solo estaba bromeando (¿no es así?).

Al entrar a su departamento, el olor a comida no hizo esperarse. No sabía si Eren había cocinado o pidió algo por alguna aplicación, pensó más en esta última opción porque probablemente él también estaría cansado por su trabajo.

Pero no, Eren si había cocinado.

Fue algo sencillo, una receta express que vio en internet. Aunque para Mikasa fue una comida exquisita, tenían rato sin probar algo casero.

—¿Qué tal tu día? —le preguntó él después de ver que era su cuarto bocado en menos de un minuto.

Casi estaba devorando, ella solo comió un par de frituras antes de salir de su trabajo.

—Iba bien hasta que el jefe llegó enojado y comenzó a desquitarse con todos —metió más papa con queso y huevo a su boca—. Al menos los regaños fueron parejos.

Eren tenía un codo sobre la pequeña mesa, su barbilla recargada en la palma de su mano tratando de imaginar la escena que acababa de mencionar.

—De ahí en fuera todo normal —prosiguió Mikasa—. El regreso a casa estuvo bien.

—¿Escribiste otro poema?

La sonrisa en los labios de ella apareció en seguida. Había pensando en que podía fingir pero salió en automático.

—Ya se que debería parar, pero no puedo evitarlo.

—¿Por qué deberías? Es un lindo hábito y realmente creo tus escritos son buenos.

Red VelvetHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora