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Advertencia: Ninguna
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《Celo en medio del Quidditch》
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Desde el otro lado del campo, Claire observaba la escena con el ceño fruncido, mientras su mejor amiga, Katie, intentaba calmarla. Estaba tan molesta que sus manos temblaban y la mandíbula le dolía de tanto apretarla. Katie dio un paso al frente, poniéndose entre ella y la escena.
—Te estás equivocando —le dijo con firmeza.
—Ni siquiera he dicho nada, Katie.
—No hace falta. Sé perfectamente que estás pensando que Oliver te está engañando con esa chica.
Claire rodó los ojos y volvió a mirar por encima del hombro de Katie a la pareja en cuestión.
—Esa chica es tan tonta que no sé ni por qué se presentó a las pruebas de Quidditch —dijo señalándola—. Mírala, no tiene idea de cómo sostener una escoba.
Katie siguió la mirada de su amiga y, con algo de resignación, admitió para sí misma que Claire tenía razón. La chica no sabía lo que hacía. Cada vez que la escoba se le caía, soltaba una risita nerviosa, y Oliver, paciente, se la devolvía, acomodándosela en las manos. Claire bufó con impaciencia.
—Es obvio que está aquí por Oliver, y él parece estar encantado.
—Claire, no. —Katie suspiró, agotada—. Sabes que Oliver jamás haría algo así. Él te ama, ¡por Merlín!
—Pues no lo parece. Está demasiado entretenido con ella.
Katie se pasó una mano por el cabello, claramente frustrada, y miró a su amiga con decisión.
—Está bien, no te muevas de aquí.
—¿Por qué?
—Hazme caso, Claire. Quédate.
Antes de que pudiera responder, Katie salió corriendo hacia Oliver y la chica. Desde lejos, Claire pudo ver cómo hablaba rápidamente, gesticulando con las manos. Fue entonces cuando Oliver levantó la vista hacia ella, justo cuando Claire intentaba girarse para marcharse.
Unos brazos rodearon sus caderas, deteniéndola.
—¿A dónde crees que vas, guapa? —preguntó Oliver, girándola suavemente hacia él.
—A ningún lado —respondió con frialdad.
—Katie dice que estás un poco molesta. ¿Qué pasa?
—No lo sé, ¿por qué no se lo preguntas a la chica con la que estabas coqueteando?
Oliver frunció el ceño, aunque poco después esbozó una sonrisa amplia.
—Mucho, la verdad —dijo, riendo mientras acercaba sus manos a las mejillas de Claire, que se ruborizaron al instante bajo su toque—. Te ves adorable así.
—Oliver...
—Te amo, preciosa. No tienes por qué estar celosa.
—Pero estabas divirtiéndote con ella...
Oliver alzó una ceja, con expresión incrédula.
—Querrás decir que me estaba divirtiendo de lo pésima que es en el Quidditch. Es un desastre.
Claire no pudo evitar soltar una risita ante el comentario.
—Esa es una de las razones por las que me vuelves loco: tu habilidad en la escoba. Sabes a qué me refiero.
Le guiñó un ojo, provocando que el rubor de Claire se intensificara.
—¡Oliver! —protestó, entre avergonzada y divertida.
Él aprovechó el momento para darle un beso corto en los labios y acariciar su cintura.
—Vamos, ven conmigo a las prácticas. Así dejarás de imaginar cosas tan tontas.
Claire sonrió, dejando que Oliver la guiara hacia el centro del campo, mientras la otra chica los observaba con clara frustración.
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