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Advertencia: Ninguna
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《Sin remordimientos》
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Hogwarts había llegado a su fin para el joven Regulus Black, lo que significaba que su boda con Arin se acercaba más rápido de lo que había imaginado. La última vez que la había visto fue durante las vacaciones de Navidad, cuando ambos habían recibido la marca tenebrosa. Uno lo hizo con dudas sobre sus creencias, y el otro, con pura decepción al ver hasta dónde había llegado por su familia.
No había hablado con Arin desde entonces. Kreacher le informaba que ella se había mudado de su mansión a una casa más pequeña por el momento, y que lloraba cada noche, con el pequeño elfo consolándola.
Lo que Kreacher no le había contado, por órdenes estrictas de Arin, era que una noche de febrero la encontró tirada en el suelo, con el brazo izquierdo cubierto de cortadas, algunas más profundas que otras.
Ahora, esas heridas eran solo cicatrices, recordatorios de lo que pudo haber sido y lo que no fue en su vida.
¿En serio había dejado que su vida se destruyera por un beso?
Sí.
Arin no negaba que Regulus había sido un gran apoyo, pero pensaba que casarse con él era cruel.
Lo quería, sí, pero no de la misma manera en que él la quería a ella.
Pero eso ya no importaba. Ya no importaba en ese momento en el que ella ya vestía su hermoso vestido blanco.
Todo parecía irreal. Solo pensaba en mantener la sonrisa, pues los periodistas de El Profeta estaban allí.
— ¿Señorita? —El ministro, quien estaba orquestando la boda, la miró—. ¿Acepta a Regulus Arcturus Black como su esposo?
Todos tenían los ojos puestos en ella. Regulus la tomó de la mano y le dio un apretón para calmarla.
— Acepto. —Y con esas palabras, se besaron.
La noche había caído y, ahora marido y mujer, se dirigían a la pequeña casa de Arin, mientras la mansión que se había mandado a construir para ambos aún terminaba sus reparaciones.
— Ari —dijo Regulus, sentándose en el pequeño sillón—, tenemos que hablar.
Arin asintió con la cabeza.
— Sabemos que lo que acaba de pasar hoy no está bien, pero quiero pedirte algo.
— ¿Regulus? —preguntó ella, mirando con curiosidad.
— Déjame ayudarte a olvidar, Arin. Déjame reconstruirte. No me importa si eso significa darte parte de mí para que estés completa.
— Reg... —murmuró ella, mirándolo con una mezcla de confusión y tristeza.